“Amado Bonpland, generador de reescrituras transgenéricas”, Eric Courthès, Uninorte, Asunción del Paraguay, 4 de noviembre de 2009

El miércoles que viene, Eric Courthès dará otra vez con el tema de Bonpland, en Uninorte, a invitación de Irina Ráfols, docente de esta universidad y autora del inolvidable ‘Abulio el inútil", FONDEC, Asunción, 2005

Pues les convida a todos los asuncenos interesados en las peregrinas trayectorias del ilustre botánico francés del XIX, a que acudan numerosos a Uninorte, a desentrañar con él, las complejas redes de las múltiples vidas de Amado Bonpland, así como los numerosos estratos textuales y la multiplicidad genérica de su primera novela:

"MEMORIAS DE UN MUERTO, ELVIAJE SIN RETORNO DE AMADO BONPLAND", Corregidor o Planeta???, Buenos Aires, en prensa.

"Mémoires d’un mort; le voyage sans retour d’Aimé Bonpland, explorateur rochelais", L’Harmattan, París, en prensa.

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“Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland”, por Eric Courthès, postfacio de Julio Rafael Contreras Roqué

POSTFACIO

 

¡Vaya tarea difícil
la que puede tocar a quien se proponga escribir un postfacio que
seguramente y en razón de esa calificación ni siquiera aparece en el Diccionario
de la Lengua
! Terminada una lectura, saciados ya en nuestras expectativas o
anhelantes de que no acabara por el placer que de ella deriva, solemos
permanecer en silencio reflexivo, interiorizando vivencias, pensamientos,
incorporando caudales de vida extrabiológica de las que no dispuso como
potencialidad, primate alguno que no fuera el ser humano letrado, en ese
pequeño espacio inmenso de tres milenios o poco más, en la historia
megamillonaria en años de la vida terrestre. Un buen libro es un suplemento
vital  inesperado y –a veces– hasta inmerecido que nos depara el destino
al tomar contacto –a un contacto íntimo y real nos referimos– con su texto. Y a
ese buen libro nos lo puso en las manos Eric, a quien bien podemos definir como
él lo hace con el inolvidable Howard P. Lovecraft: “Maître s’il en est
des prosopopées
”. Es así, pues sus Memoires d’un mort”,
abarcan muchos campos: biográfico, historiográfico, novelístico, pero se
consolidan definitivamente en el de la prosopopeya, en una convocatoria de
sombras y realidades, de espectros y fantasmas de los que fueron y no fueron,
en el ámbito de un ayer al que el talento de Eric transforma en un ahora
apasionante.

Por una especie de
ley de atracción de los opuestos que contribuye a desencadenar
aquellas  afinidades electivas de Goethe, ni bien nos conocimos con
Eric trabamos un intenso nexo amistoso. No sólo amistad: participación en un
mismo mundo de intereses. Él es especialista en literatura, creador de
ficciones, virtuoso manejador de la palabra; nosotros venimos del campo de la
biología y de la historia de la ciencia, encerrados por el rigor metodológico
de las ciencias de la vida y por la fidelidad documental que exige la
historiografía. El primer nexo compartido fue el interés por Aimé Bonpland,
cada uno parado en su campo y con su óptica, pero ambos volcados sobre un mismo
objeto epistémico: el rochelés que devino sudamericano –más precisamente–
habitante ideal de la gran patria guaranítica rioplatense, desde el Uruguay
hasta el Pantanal, ese tema del que no se habla porque revuelve hondas
frustraciones y antagoniza con nacionalismos y hegemonías peligrosos, de la que
Bonpland fue agente activo en los intentos de construirla desde el centro
libertador de Corrientes, luchando contra la más cruel tiranía que azotara al
Río de la Plata.

Recorrimos con
emocionado afecto y curiosidad cada página de la obra de Eric y, poco a poco,
nos despojamos del realismo para entrar en esa densa trama de su estilo de
narrador-compilador-apuntador de notas de rica precisión o con novedoso
detalle. Además es un hábil introductor en el escenario de personajes con
contornos de ficción, los cuales, aunque no fueran portadores de realidad
histórica, eso sí, están dotados de la entidad necesaria para el relato de ese
Bonpland resucitado, que se expresa a veces como narrador preciso, otras con
sentencias breves, creando pausas casi oníricas en el texto.

Un postfacio debe ser
necesariamente breve, más todavía cuando sigue a un buen libro, por eso sólo
queremos dar paso a una nueva convocatoria de sombras como la que hace Eric en
su obra. Pero ésta ya es doblemente póstuma. ¿Dónde? ¿En el Père La Chaise de
París? ¿En el Cementerio de la Rochelle, a la que nunca retornó?¿En las
Recoletas de Asunción y de Buenos Aires? Es decir, en las patrias que tanto
amó, o mejor aún, en el humilde y olvidado túmulo-monumento cercano a Paso de
Los Libres, al que restauraron el empeño de la gran botánica tucumana Alicia
Lourteig y la vocación del joven artista libreño, Jorge Sánchez, otros
enamorados bonplandianos.

Responden a nuestra
convocatoria multitud de sombras, las de seres reales y las hijas de la
ficción. Hay muchas mujeres, asociadas a ese hombre solitario, reconcentrado en
sí mismo, dromomaníaco y sumido siempre en cautelosos manejos conspirativos.
Están también todas las demás sombras: las hogareñas, las juveniles, las presas
del imborrable espanto del Terror, está el joven Bichat –su condiscípulo– caído
en el más allá tan temprana como tardíamente lo hizo Bonpland. Todos en
estratos, apareciendo sucesivamente como en la imagen de los palimpsestos de De
Quincey: los personajes de la América equinoccial del primer viaje y los del
hirviente y conspirativo Londres de 1815-1817, con la pausa de la Malmaison de
por medio, y después las de la radicación definitiva en las tierras
solsticiales del sur americano. Primero avanzan las mujeres, tantas en la vida
de ese hombre de intenso trato con todos los estratos de la sociedad, pleno su
sendero de amours éphémères. Están las imperiales –Josefina y su
hija y las del séquito cortesano– Amelia que fue su esposa, la de Emma su
hijastra, luego las reales y las legendarias: Mariana Perichón, Rafaela Enciso,
María Chiviré –la india guaraní, al igual que Regina Payá, perdidas en el
Paraguay, si es que fueron reales– Victoriana Cristaldo, Carmencita Bonpland,
Elisa Lynch; más todas las anónimas, amantes, amigas, pacientes, parturientas
por las que hacía, siendo ya septuagenario seis o siete leguas a caballo para
atenderlas como médico. Tras ellas multitud de hombres, indios, aristócratas,
funcionarios, soldados, marineros, Rivadavia, Pazos Kanki, Blanco White, Andrés
Bello, De Angelis, Sarratea, el general Paz, Carlos Antonio López, Rivera, Avé
Lallement (su último visitante), el padre Gay, Arsène Isabelle… y tras ellos
Alejandro de Humboldt, casi su mitad vital y espiritual… Todos ellos se asoman
o pretenden hacerlo por la ventana inesperada que abrió Eric, son demasiado y
la negrura emana ráfagas que los arrastran, dispersan, los aventan y los
devoran hasta que un nuevo conquistador de espacios se atreva y sea capaz de
convocarlos nuevamente desde el misterio insondable. ¿Pasarán años o siglos
para ello? No podemos responder. Pero, en tanto nos quedan en las manos y ante
los ojos estas Memorias inolvidables que debemos agradecer a
Eric.

Julio Rafael
Contreras Roqué


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“”Por culpa de los muertos”, hay un autor ausente, entrevista de Alejandro Maciel por Aliana Muratori

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Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

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Por ”Culpa de los muertos” hay un autor ausente.

"Culpa de los muertos" (Editorial Rubeo,Barcelona, 2008) describe la
vida de cinco estudiantes de medicina de Corrientes en la década de la
dictadura militar de la violenta Argentina de los ’70.

Por Aliana Muratori

Alejandro Maciel es un
médico psiquiatra argentino que no cree en el psicoanálisis. Es también
un escritor que no cree en sí mismo como autor.

En la historia hay un sacerdote que se suicida, una hermana del
protagonista que agoniza lentamente, policías, familiares, estudiantes,
patrulleros, morgues y todo este complejo siniestro no determina sin
embargo una trama siniestra.

R: ¿Por qué Corrientes, que tuvo escasa participación en la represión durante la dictadura?

A.M.: Primero, porque yo vivía en Corrientes en los ’70. Segundo,
porque la paz romana era una apariencia en Corrientes. No faltó
violencia ni represión: faltó información. La dictadura del ’70
funcionó en base a una distorsión de la conciencia colectiva; el
silencio era saludable y cualquier expresión pública se convertía en
delito. Nadie debía saber nada en ese extraño código de comunicación
que establecieron los medios y las omnipotentes FFAA de la Nación.

R: La novela parece tener cuatro niveles, la actualidad argentina,
la vida de los cuatro estudiantes durante la dictadura, la fábula que
cuenta el protagonista a la sobrina y las intervenciones del personaje
discutiendo al autor (en la obra se llaman "sabotajes al autor") que
funciona como una crítica desde afuera.

A.M: ¿No podemos reducir todo a un único nivel? Si se piensa todo como
una memoria que en el proceso de recordar, crea la historia, todo
vuelve al mismo nivel. Si pensamos que alguien recuerda el turbulento
pasado en cualquier presente; hoy mismo, acá, entre nosotros creo que
se ve fácilmente que estamos siempre en un solo nivel.

R: En la novela Corrientes aparece como el feudo de caudillos, se menciona a dirigentes políticos, ¿son reales?

A.M.: Tan reales como usted y yo.

R: ¿Es tan determinante el caudillismo?

A.M.: Es una de las enfermedades sociales endémicas desde el siglo XIX.
Desde los viejos tiempos de Juan Ramón Vidal (líder del senil Partido
Autonomista) la dirigencia manejó a la Provincia como Pedro Páramo en
la novela de Rulfo. Las cosas no cambiaron demasiado desde entonces:
analfabetismo, miseria, marginación social, fetichismo y resignación
pesimista; todo eso necesita de un redentor, que es el caudillo.

R: Latinoamérica parece oscilar entre caudillismo y populismo.

A.M.: Aunque defectuoso, el populismo está mucho más cerca de la
democracia ya que integra masas de gente que de otro modo estarían
marginadas, lejos de la vida política. El populismo que tanto asusta
hoy por hoy, es un fenómeno que habría que estudiar más a fondo, sin
tanto prejuicio. El caudillismo no era populista.

R: ¿Puede considerarse un símbolo de algo más esa hermana agonizante de la historia?

A.M.: En una obra supuestamente literaria todo es símbolo. Está hecha
de símbolos. En una novela de Dino Buzzati que seguramente usted leyó y
se llama "El desierto de los tártaros" el tema es la espera. Se espera
el asalto de tropas enemigas que nunca llegan en una fortaleza situada
en el confín del desierto. Algunos críticos interpretaron que esa
espera es una metáfora de nuestras vidas esperando la muerte. Otros
vieron en esa larga espera el declive de la civilización. Ambas formas
de lectura son igualmente valiosas; en realidad es el lector, no el
autor quien otorga el sentido final al relato. Yo como autor preferiría
estar ausente en ese proceso, cuanto menos interfiera, mejor.

R: ¿Tan poca confianza se tiene como autor?

A.M.: Menos que eso.

R: En la historia un sacerdote se suicida, ¿es un símbolo nuevamente? ¿Ocurrió?

A.M.: Ambas cosas, ocurrió para ser un símbolo. El cura von Wernich
está detenido luego de ser procesado y juzgado. ¿Sucedió? ¿Es otro
símbolo de una Iglesia cómplice de la Dictadura?

R: ¿En qué está trabajando ahora? ¿Continuará la historia?

A.M.: No. Ahora estoy inventándole un capítulo a la Odisea de Homero, veintitrés me parecen pocos.

R: ¿Quiere reemplazar a otro autor?

A.M.: No creo en el autor ni los autores. Todo es ficción y la ficción
es lo único real en la lectura. Lo demás, es superfluo. Muchas gracias
por su amabilidad al solicitarme esta nota.

Publicada en la revista literaria Triena

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19/07/09 | 18:07: Donato dice:
Alejandro: lo que se llama "la época de la dictadura", no
es más que la continuación del gobierno peronista civil que claudicaba
ante el avance de la izquierda marxista en su movimiento y se valieron
del instrumento militar para dirimir sus diferencias
ideológicas.Massera era ultraperonista y en el Ejército t la
Gendarmería Nacional, todos los jefes de unidades eran peronistas y
llevaron a cabo el pacto militar/clerical/sindical para limnpiar el
"movimiento" de la infiltración marxista. Ya se está desmoronando la
subrepción instalada como "Nunca más", es decir historia que han
querido montar a posteriori. El verdadero "Nunca más", es el que se
refiere a que realmente nunca más las jóvenes generaciones tengan que
pagar los desaguisados de sus mayores. Es una suerte que no hayan
tenido mucha información, no se perdieron nada. Además, esos temas
…ya no venden.
donato_pecorelli@hotmail.com
 
14/07/09 | 08:59: Sara dice:
Quisiera agregar un dato con respecto a esos años de
dictadura. En Tucumán durante el Operativo Independencia y posteriores
un alto porcentaje de las tropas estaban formadas por correntinos, que
en la memoria colectiva de los que sufrieron la represión están
presentes con un grado notable de violencia ligada a un nivel cultural
bajo que trae a la memoria nuestros enfrentamientos del siglo XIX.
tafisano@hotmail.com
 
27/06/09 | 18:08: Lita Pérez Cáceres dice:
Hola Alejandro: me encantaría leer tu novela ¿Llegará a
Paraguay? Te felicito y no creo mucho lo que decís que no te tenés
confianza como autor.
Un abrazo, Lita.
liperka@yahoo.es
 

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Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.
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"Culpa
de los muertos" (Editorial Rubeo,Barcelona, 2008) describe la vida de
cinco estudiantes de medicina de Corrientes en la década de la
dictadura militar de la violenta Argentina de los ’70.

Antonio Barnés Vázquez.
Antonio Barnés Vázquez.

"Yo he leído en Virgilio". La tradición clásica en el Quijote.

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"La
poesía es estado afiebrado, de necesidad, algo que no podés evitar, es
un vómito, una centella, un rayo que te pega y lo tenés que largar, no
hay otra forma".

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Hasta el 30-08-2009
Benito Quinquela Martín
Argentino 1890-1977
Neiguan
Una obra de Julio María Medeiros Muñoz
Premio Estímulo Dr Bonifacio del Carril
Cierra el 18-09
XVI Salón Primavera de la Municipalidad de San Fernando
Cierra el 15-09
Museo de la fotografía
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“La isla de Roa Bastos”, Eric Courthès

En el Centro Cultural de España, Juan de Salazar de Asunción, el viernes 06 de noviembre, de las 19 a las 21, Eric Courthès presentará su próximo libro sobre la obra de Augusto Roa Bastos.

http://www.juandesalazar.org.py/

                Este último ensayo de
Eric Courthès no es una producción nueva sino una recopilación de sus tres
ensayos anteriores sobre el Paraguay y su Genio Nacional, Augusto Roa Bastos.
Primero viene una monografía crítica del 2003, Lo dual en Roa Bastos, un análisis completo de la dualidad en su
obra. Luego, el plato fuerte de esta compilación, La ínsula paraguaya, un ensayo suyo del 2005, en el cual el autor procura demostrar que el
Paraguay es “una isla rodeada de tierras sin mar”, tal como lo rezaba,
inspirado por la isleña Josefina Plá, el propio Augusto Roa Bastos. Por último,
el autor navega de vuelta, de la Isla a la Obra de Roa,  y arriba a su Texto, a su extraña
textualidad, endotextual y exotextual, una ínsula textual de cierto modo, con su ensayo Lo trasntextual en Roa Bastos.

            Luego
sólo se trata de una historia de amistad[1],
Vidalia Sánchez idea el libro, Carlos Meyer le pone una tapa digna de sus
preciosos cómics de ABC Color, y lo festejan los tres en el Saint Tropez…” Do
you do you do Saint Tropez?”

            Ahora
bien, el título. A ver quién me lo explica…

¿En
qué Isla vivía Roa Bastos? ¿En qué esfera textual escribía? ¿En qué planeta
estaba? “En un lugar que se había llevado su lugar a otro lugar” nos habría
contestado el Viejo Sabio de Iturbe, al mismo tiempo antropólogo, semiólogo
natural, maravilloso escritor de ficciones cuyos textos tan bien se prestaban a
las diferentes re-escrituras y adaptaciones.

Al
fin Roa fue un adelantado textual, un Robinsón Crusoe de la Escritura, cuyo
mensaje de autor casi se podría resumir en una sola frase: no fui yo sino el
Autor, el Compilador, quien la escribió esta historia que no ha sido narrada…

Para  matarlo a cualquier lector y darle ganas
súbitas de abordar a esta Isla Textual, Isla del Texto, Isla de la Escritura
que se está haciendo, Isla del Libro que está escribiendo el personaje, un
Viaje por la lectoescritura de nunca retornar…

Pues
yo le aviso a cualquier lector de este libro, a cualquier viajero que pare
en  La
Isla de Roa Bastos,
que la lectura y el análisis semiótico de su obra, no
lo va a dejar paralizado sino todo lo contrario, va a agarrar también el
portaplumas-recuerdos de Raymond Roussel y escribir sus propias historias,
remando hacia la aporía de Ínsula Transfinita…

[1] En este proceso de
amistad infaltable, conviene no olvidar a la escritora más roabastosiana que
conozca, la linda y brillante lujanera Carolina Orlando, cuyas memorias
apócrifas de Roa Bastos, Memorias de un
escritor, cuentos basados en relatos de Augusto Roa Bastos,
(Servilibro,
Asunción, en prensa), son una muestra viva de lo que puede ser un
exotexto.  De ahí,  (por nuestras coincidencias y ocurrencias tan
raras de Roa Maniáticos),  salió mi
voluntad inquebrantable de que sea ella y ninguna otra, la autora del prefacio.

.

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“Amado Bonpland en Asunción”, Eric Courthès, 17 de julio de 2009



"”MEMORIAS DE UN MUERTO”, EL LIBRO DE BONPLAND*: ESCRITURA Y MUERTE"

Club Français, Asunción,

Viernes 17 de julio de 2009

25 de mayo 972 
 http://www.leclubfrancais.org/

Tel. 595 21 447009

info@leclubfrancais.org

Por Eric Courthès

19h-21h

           

Para su primera novela, (acabada al cumplir Eric casi medio siglo, igual
que su Bonpland, en la época en que decidió volver a hacerse la vida en
Corrientes), el Sr Courthès no se asume como autor sino más bien como
“usurp-autor”, de tan habitadas como lo están las páginas de su libro por el
personaje en el cual decidió reencarnarse…

Pues se trata de memorias apócrifas, las que Amado Goujaud-Bonpland no tuvo
tiempo de escribir él mismo, de tantos trastornos, trastocamientos y
acontecimientos imprevisibles que el
Karaí Arandú
conoció en su vida y a los cuales el autor de ficción no tuvo
mucho que añadir…

            Autor ausente, personaje híper
presente, acá tienen los ingredientes de Yo
el Supremo,
hipotexto de Augusto Roa Bastos, el autor ídolo del franchute, escritor
insoslayable en la gestión de esta obra, (así como lo son los autores de las
mejores novelas sobre Bonpland, pero por razones distintas), el argentino Luis
Gasulla y el francés Philippe Foucault.

Ejercicio peligroso de re-escrituras permanentes, subyacentes, que van
amontonándose en febriles palimpsestos, al borde del plagio y al fondo de la
escritura…

            De todas formas, nunca se inventa
nada y al autor actual le urge terminar con la exposición malsana de su ego; el
hombre se hace autor al proclamar su ausencia, y en ese caso especial, lo hace
a través de la muerte de su personaje: momento mágico de eternidad, por el cual
toda una vida va desenrollándose durante los pocos segundos de la agonía…

            En aquel punto, imposible de
aprehender, en el fondo de un Aleph atormentado, “text-isla” si la hay, se van arremolinando,
íntimamente vinculadas, la Muerte y la Escritura…

Eric Courthès, (nacido el 24 de
noviembre de 1959 y  oriundo de la Isla
de Olerón, al sur de La Rochela), por más que sea agregado y doctor en
castellano, se hizo como hombre y autor muy tarde. En efecto, después de
recorrer América Latina de mochilero en los años 80 a principios de los 90,  decidió fijar su atención de etno-lingüista  en el Noroeste Argentino y publicó en 1998 una
tesis de doctorado, que versaba en las influencias del quichua en el español de
Santiago del Estero.

            Luego, a
comienzos de nuestro milenio, dejó las maletas en Paraguay, y publicó una serie
de artículos sobre aquel país tan secreto y fascinante y su escritor
emblemático, Augusto Roa Bastos.

            Mediante
prismas tan variados como enriquecedores, tales como el bilingüismo, la
insularidad, la frontera o la transtextualidad, de a poco se fue
metamorfoseando en autor de ficción, y al pasearse por una
« nota-texto » o un « texto-nota »  de « Yo el Supremo », se topó con
aquel extraordinario explorador rochelés, que le trastornó la vida, y le dio a
conocer, (otra vez en varias etapas a veces muy dolorosas), sucesivas muertes
simbólicas…

*La Rochela, 28 de
agosto de 1773, Corrientes, 11 de mayo de 1858

 

 

Bibliografía de Eric Courthès:

 

A)     Ensayos :

 

LO DUAL EN ROA BASTOS, Asunción, Servilibro,
julio de 2003, 74 p.,
http://www.musicaparaguaya.org.py )

http://www.servilibro.com.py

LA ÍNSULA PARAGUAYA, Asunción, Universidad
Católica, CEADUC, Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol.49, marzo de 2005,
88 p.
http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx

L’INSULE PARAGUAYENNE, París, Editions Le Manuscrit, marzo de 2006, 142
p., (traducción y ampliación de La ínsula
paraguaya
),
http://www.manuscrit.com/catalogue/textes/fiche_texte.asp?idOuvrage=6773

http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx

LO TRANSTEXTUAL EN ROA BASTOS, Asunción,
Universidad Católica, CEADUC, Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 67,
noviembre de 2006, 66p.
http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx

LA
ISLA DE ROA BASTOS ,
Asunción, Servilibro,
Estudios, Fundación Roa Bastos, noviembre de 2008, (compilación de mis tres
ensayos sobre Roa y el Paraguay).

 

B)      Ficciones
y poesías :

LE LIVRE ET AUTRES DELIVRES, París, La Société des Écrivains, 153p., marzo de
2006.

http://www.societedesecrivains.com/pc/viewPrd.asp?idcategory=7&idproduct=756

http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx

 

C)     
Traducciones :

 

METAFORISMOS/MÉTAPHORISMES, Augusto Roa Bastos, Barcelona, Edhasa,
1996, traducción, notas y prefacio, Ediciones L’Harmattan,
Collection l’Autre Amérique, París, abril de 2008, 136 p.., http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=25897

MEMORIAS
DE UN ESCRITOR/MEMOIRES D’UN ECRIVAIN,
Carolina
Orlando, mémoires apocryphes de Roa Bastos, Asunción, Servilibro, marzo de
2009, París, L’Harmattan, L’Autre Amérique, marzo de 2009, traducción, notas y
prefacio, http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=auteurs&obj=admin&admin=article_form&no=8485

 

 

 

 

 

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Sixto Palavecino

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Existen desacuerdos sobre la neutralidad en el punto de vista de la versión actual de este artículo o sección.
En la página de discusión puedes consultar el debate al respecto.

Este artículo o sección se refiere o está relacionado a una persona fallecida recientemente.
Esta información es susceptible a cambios. Por favor, no agregues información especulativa y recuerda colocar referencias a fuentes publicadas para dar más detalles.

Sixto Palavecino

Información general

Personal

Nombre

Sixto Doroteo Palavecino

Nacimiento

31 de marzo de 1915

Origen

Bandera de Argentina Santiago del Estero, Argentina

Muerte

24 de abril de 2009 (94 años)

Artística

Género

Folclore argentino

Instrumento(s)

Violín

Web

Sixto Doroteo Palavecino (Barrancas, Santiago del Estero, Argentina, 31 de marzo de 1915Santiago del Estero, Argentina, 24 de abril de 2009) fue un poeta, músico y cantante del folclore argentino, que interpretaba el violín desde los 10 años. En su momento colaboró con músicos como León Gieco.

Contenido

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Biografía [editar]

Este artículo o sección sobre biografías necesita ser wikificado con un formato adecuado a las convenciones de estilo.
Por favor, edítalo para cumplir con ellas. No elimines este aviso hasta que lo hayas hecho. ¡Colabora wikificando!

El 31 de marzo del año 1915,
el monte santiagueño de la localidad de Barrancas, inserta en el
departamento Salavina de la provincia madre de la República Argentina,
escuchó el grito de un gauchito que nacía en un rancho de sus entrañas,
con el que la familia Palavecino sumaba al fogón el tercer hijo varón,
había nacido Sixto Palavecino, el "qari" que dedicaría su vida a la
defensa del idioma quichua de sus ancestros, el que la difundiría a
través de la poesía y la música y en toda la dimensión cultural. En la
distribución familiar de las tareas campestres, a Sixto le hubo de
tocar el cuidado de las majadas, que a horas tempranas de cada día
partían desde los corrales hacia los lejanos pastizales, lugar donde
permanecían hasta la caída del sol, horas en que retomaban la senda de
regreso, no sin antes pasar por los pozos donde se baldeaba el brebaje.

En aquellos pastizales, el tiempo parecía viajar en una pesada
carreta. El niño miraba a ratos el sol para orientarse del horario de
regreso, mientras rondaba a su majada para evitar el dispersamiento y
los posibles ataques del "daño", ellos son los carnívoros como el puma
o el zorro que acechaban al tierno cordero desde la espesura del monte.

Cada ronda era así como la ubre que amamantaba al niño en su
sapiencia campesina, que sin saberlo se preparaba para la gran misión
difusora de todas esas cosas nuestras ante el gran público que lo
admiraría.

El bosque encontró en él al investigador de sus esencias ocultas y
la fauna se vio descubierta y estudiada en sus costumbres, vivencias
éstas que en su justo momento valieron para cazarla con total
prescindencia de armas, terreno en que se debaten la astucia del bicho
con la inteligencia del hombre, y más tarde para elevarla en graciosa
comparación con las conductas del hombre, tarea que solo pueden
concretarla aquellos que observan con profundidad y que cuentan con la
suficiente imaginación para ensamblarlas armónicamente en el escaso
espacio de una estrofa.

De allí es que la conversación de Don Sixto es rica y subyugante
cuando narra las picardías del zorro o del "champi", las estrategias de
la iguana para hacerse del panal, las del gavilán para vulnerar el
caparazón del "pichi", los hábitos de las "ñanarcaj" ataja caminos, de
la lechuza o el gato montés, para dar algunos ejemplos. Fue en esas
largas horas en que la sangre-música de los Palavecino, comenzó a hacer
sentir en el niño que había llegado el momento de recurrir al
instrumento. Estas ansias no se concretaban por la férrea oposición de
su madre que no veía en los músicos la mejor ocupación y por ello lo
privaba de acudir a los instrumentos de la casa. Esta actitud no hizo
claudicar las inquietudes del "karisitu" –pastor- que flanquearía el
obstáculo recurriendo a su habilidad artesanal.

Comenzó con aquellas viejas maderas de una mesa en desuso a moldear,
con su inseparable facón, el violín que lo iniciaría en la música.

Aquel rústico violín que durante el día sorprendiera a los
habitantes nativos del monte, quienes de pronto "escucharon"
modificarse a su paisaje, y en el transcurso de la noche, formaba parte
de los misterios, escondido en el hueco de un quebracho blanco que le
serviría de estuche.

En esos escenarios montaraces, donde el rebaño pastaba bajo su
cuidado, hubo de nacer el actual "violinisto-sachero", tal como se
bautizara el protagonista para diferenciarse respetuosamente del músico
académico. Una noche el violín y su dueño visitaron la casa materna. La
cena concluyó y faltó coraje en el niño para presentar en familia su
talento desconocido y su violín no aceptado. Sobreponiéndose a sus
temores y apaciguando sus angustias, decidió enfrentar el momento,
sorprendiendo a sus mayores con el acorde de una chacarera.

El talento pudo mas que la oposición, y es así como se impuso a las
adversidades que, como por arte de magia, se rindieron al alumno del
monte, quien traía en sus encantos la herencia otorgada a las
generaciones posteriores por San Francisco Solano en su paso por
Santiago. Es así como tuvo aceptación el músico y fue admirado el
artesano.

A partir de allí, las veladas lugareñas danzaban al ritmo del violín del artista de 10 años.

El tiempo lo fue perfeccionando y la pluma comenzó a graficar sus
sentimientos con la ayuda de numerosos músicos , como ser el
autodidacta y compositor santiagueño Oscar Segundo Carrizo como llajtaymanta lloserani, y medio retobao, entre otros tantos , don Sixto que a la fecha suman más de trescientos temas.

El monte santiagueño encontró el descriptor y los animales se vieron
desnudados en su astucia. Las obreras de la miel de palo parece que le
regalaron un panal a su espíritu, a juzgar por la dulzura de sus temas
e interpretaciones.

La precisión del afinado hizo pensar a muchos en pactos
salamanqueros, a punto que Fabio Zerpa en la revista "Cuarta Dimensión"
lo reporteó sobre estas presunciones. Otros, como el escritor Emilio
Breda, lo consideran egresado de la "Universidad del Monte"; pero lo
cierto es que Don Sixto es un autodidacta de la música, un enamorado de
los instrumentos; y es ese gran amor el que lo dota de la suficiente
voluntad para perfeccionarse diariamente, innovando conocimientos y
repertorios.

Además del violín, ejecuta bandoneón, guitarra y bombo. Es oportuno
mencionar que Don Sixto es exclusivo en cantar en dúo con su violín,
virtud que ha sido ponderada por grandes ejecutantes de estos
instrumentos. El año 1941 lo encuentra viviendo en Villa Salavina,
distante 25 kilómetros de la localidad que lo vio nacer, constituido en
matrimonio con Doña Argelia del Carmen Monte, quien le brindó un varón
y dos niñas que desde temprana edad lo acompañaron en la conformación
del conjunto "Sixto Palavecino y sus hijos", el conjunto más duradero
de los formados por el mismo, con el cual ha de recorrer el país,
representando a nuestra provincia y en los principales escenarios y
medios de difusión como: el Estadio del Luna Park, el programa de
televisión de Mancera, "Sábados Circulares", el programa radial de la
otrora Chela Jordán de la recordada Radio Libertad y otros tantos de
idéntica jerarquía que iban cimentando su personalidad en el folclore y
haciendo cada vez más sólido su norte, la defensa de la lengua y la
cultura quichua.

Con este conjunto, Don Sixto grabaría, en el sello RCA-Víctor, su
primer doble duración para orgullo de los santiagueños, ya que para esa
época no eran muchos los representantes que alcanzaban esta distinción,
lo cual lo lanzaba al mercado nacional. Sixto ingresa aquí al campo
profesional de la música y hasta 1969 ha de grabar tres dobles,
reeditados por el éxito de la venta, convertidos ese año en un larga
duración. Hoy se sigue escuchando ese picaresco gatito "Agrede soy
rizongón", tema que lo popularizó en esa época.

Las naturales obligaciones de sus hijos desvanecen la actividad del
conjunto. Don Sixto se aferra a su violín -hasta este momento dirigía
él mismo y ejecutaba el bandoneón- lanzándose como solista.

La mayoría de sus temas serían una mixtura de "castilla y quichua",
"overitos" como el los llama, método tendiente a facilitar al público
la interpretación de las letras y sin duda, para ir acostumbrando a los
oídos a escuchar la lengua desterrada y oficialmente prohibida, en
estos momentos de la historia. Al pregonero del quichua y su cultura no
le basta la actividad que desarrollaba hasta el momento. Su espíritu
inquieto le indicaba que debía procurar un espectro de difusión más
amplio, pero la razón le advertía el duro camino a recorrer.

Es que la realidad puntualmente le demostraba en hechos los grandes
escollos a superar. Para entonces el Quichua se encontraba en vías de
extinción; el hablante sufría, ocultaba su lengua a consecuencia de la
nefasta prohibición gubernamental, que se extendía a la totalidad de
las escuelas provinciales como también a las dependientes de la Nación.
El puntero bajaba autoritario sobre el niño-quichua obligándolo a
sustituir su idioma de origen por el castellano y el sermón diario del
maestro le iba haciendo sepultar su lengua al punto de crearle la
sensación de vergüenza y de subdesarrollo. El mismo Sixto dirá, en una
chacarera doble, en valiente testimonio de la censura "Avergonzado
vivía" para declarar, ya en el éxito de reivindicación, quizás
documentando la concientización popular, "Que cante en Quichua, me
dicen".

Así las cosas planteadas escuetamente, corría el año 1969 cuando Don
Sixto se apersona en la vieja emisora Radio del Norte de Santiago del
Estero –L.V. 11- ante el Director interino Don Alberto Pérez (Huesito),
a quien le expresara el alcance de sus deseos: pedía una audición
quichua para la difusión del idioma y de la cultura quichua; quería
llegar a sus hermanos quichuahablantes e indicarles el camino de la
reivindicación; deseaba fervientemente transmitir su propio orgullo a
través de la onda radial y propagar desde la cuna al país este
verdadero sentimiento de identidad nacional.

Don Alberto Pérez entendió el propósito y en valerosa y patriótica
decisión autorizó la iniciación de la misma que a la fecha ha cumplido
sus 26 años de audiciones ininterrumpidas. Y es por esto, que en pleno
reconocimiento de Don Sixto Palavecino, el ciclo 1991 llevó el nombre
del ex-director a quien además se le hizo entrega de un pergamino de
reconocimiento en claro testimonio a aquella histórica decisión asumida.

Hoy el quichua ocupa el nivel que soñaron sus defensores tales como
Don Sixto; el Profesor Domingo Bravo; los poetas Vicente Salto y Felipe
Corpos y todos aquellos identificados con estas raíces. Tras una breve
dolencia falleció en su Santiago del Estero natal un 24 de abril de
2009 a los 94 años.

Últimos días [editar]

El estado de salud del poeta, músico y cantor no era el mejor. Hacía
varias semanas que estaba internado en un instituto privado, en el cual
se lo atendía por sus problemas cardíacos.

El artista estaba con asistencia respiratoria mecánica, internado en
el área de Terapia Intensiva del Instituto Cardiológico en estado
delicado y con pronóstico reservado. Hace pocos días había sido
sometido a una cirugía en la que se le colocó un stent debido a
dificultades cardiológicas que afectaban su salud. Tras ello, una
dolencia pulmonar complicó nuevamente su estado, el cual se había
tornado irreversible en las primeras horas de esta jornada.

En el que fue el último parte médico de la salud de Don Sixto, el
Dr. Luis Orellana había explicado el desmejoramiento progresivo que la
salud del quichuista evidenció en las últimas 24 horas. A pesar de la
asistencia respiratoria, los órganos del artista dejaron de funcionar y
habían tornado irreversible el estado de salud.

La inesperada noticia se conoció el viernes 24 de Abril de 2009 al
mediodía. Sixto no pudo reponerse y falleció cerca de las 18 horas.

Discografía [editar]

Mensaje quichua [editar]

01

Mensaje quichua

01:57

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02

Ampisunaas Amorani¨[música de oscar segundo carrizo]

02:25

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03

Zamba para el tiempo si amor

03:17

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04

Sumitag Fani (Lindita Fani)

01:56

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05

Shaticu (Meterete)

01:55

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06

Pájaro Caparilu (Pájaro Gritón)

02:28

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07

Corazones hermanados

02:23

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Letra (Quichua y Español)

08

Violín de Barranca

02:06

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09

Voz de un sentimiento

02:05

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10

Causay (Vida)

02:44

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11

Waqcha noqa (Pobre de mí)

03:35

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12

Leoncito

01:41

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13

Madre tierra

02:08

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14

Domina el pensamiento

02:15

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RCA Club [editar]

01

Pá que bailen

02:23

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02

Así es mi Gato

01:37

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03

Mañanitas loretanas

03:13

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04

A los cantores de Salavina

02:09

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05

La amorosa

03:15

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06

Carbonerito santiagueño

01:44

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07

Historia de un sufrido

01:51

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08

Cuando muere el sol

03:20

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09

Agrede soy rezongón

02:00

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10

El andariego

02:20

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11

Para mi bombo legüero

01:54

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12

Evocación santiagueña

03:18

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13

Chacarera del cacareo

01:52

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14

El astro en Santiago

01:54

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Cuidando su identidad, 1998 [editar]

01

Hondas raíces

02:08

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02

Para que me habrán mirado

03:15

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03

Duendecito

02:08

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04

Cuidando su identidad

01:58

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05

Kuska (Juntos)

02:28

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06

Dulce criolla de mi tierra

02:18

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07

Pa`tata Martín

02:19

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08

Mishquicitú (dulcecito)

02:33

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09

Iluminada

01:48

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10

Añapita

01:58

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11

Canción con todos

04:03

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12

Raíces guardadas

02:39

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13

Para vos viviré

01:40

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14

Mi parrita

02:01

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15

Fiesta churrita

03:03

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16

Apariciones sacheras

02:06

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17

Buscando el Ayer

01:56

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18

Dos pobrezas

02:18

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Colección aniversario [editar]

01

Changuitos de mi tierra

02:04

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02

Del norte vengo

02:08

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03

Portando coplas

02:00

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04

La Pedro Cáceres

01:55

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05

El canto del tero

01:40

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06

Entre mieles y mieles

01:59

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07

La callejera

03:28

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08

Raíz sachera

02:00

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09

Lágrimas atamishqueñas

02:08

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10

La santiagueña

01:56

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11

Salamanca y amor

01:56

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12

Para curarte he venido

02:22

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13

Dimensión de amistad

02:03

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14

Sólo le pido a Dios

02:34

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Dulzura quichua, 2001 [editar]

01

Una tradición

02:14

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02

Tiu Simi

02:37

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03

Señor de Mailinpaq

03:04

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04

Munasusqaymanta

02:28

Escuchar

05

Dulzura quichua

02:20

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06

Sufro sin vos

02:20

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07

Llegando a los cincuenta

03:23

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08

La herencia del Inkanato

03:05

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09

Pa´l Tantanakuy voy

02:05

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10

La madre del río

02:14

Escuchar

11

Quichuizar al mundo

02:47

Escuchar

12

Changuitos de mi tierra

02:11

Escuchar

13

Corazón universal

02:32

Escuchar

14

Dos culturas al nacer la patria

02:08

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15

Dichi Día de la Raza

02:59

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16

El loro de Doña Juana Paula

05:07

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¡Pa’que bailen! [editar]

  1. Pa’que bailen (02:24)
  2. Nostalgia salavinera (02:03)
  3. La amorosa (03:14)
  4. La atamishqueña (02:10)
  5. La huajchita (02:02)
  6. Coplitas amanecidas (02:17)
  7. Coplitas para mi llanto (01:50)
  8. Como el sacha mischi (02:01)
  9. Vidala del adiós (02:15)
  10. El escondido (02:22)
  11. El piguncha (02:04)
  12. El huarmilo (02:14)
  13. Buscando olvido (03:08)
  14. Hacia tu adiós (03:08)
  15. Ayayitay (02:03)
  16. A mi madre (02:03)

Bibliografía [editar]

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

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Publicado en Article sur le quichua de Santiago del Estero, Eric Courthès, Crisol n° 3, Paris X,19999 | Deja un comentario

“Se murió mi amigo don Sixto Palavecino”, El Liberal, 26 de abril de 2009

Encontré a don Sixto Palavecino en su casa
de La Banda en agosto de 1995, lo entrevistamos sobre el tema del quichua y del
bilingüismo, le saquamos fotos, lo filmamos y nos atendió con mucha naturalidad
y sencillez, como si siempre nos hubiéramos conocido…

 

Años más tarde, me enteré de lo importante
de aquel encuentro, en efecto, don Sixto y su " Violín de Dios*"  amparado por La Salamanca, no sólo fue un
músico y cantante de chacarera impecable sino que también era lingüista,
tradujo al quichua el "Martín Fierro" y "Don Segundo
Sombra"…

 

Fue el Figaro más ilustrado de la
Argentina, un modelo de talento, pasión y humanidad para las nuevas
generaciones….

 

Nunca te olvidaré don Sixto…

 

Eric Courthès

 

* novela de Lisandro Amarilla

 

 

 

 

Domingo 26 Abril/2009

 

T: 19.7ºC Hr: 91%

 

 
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Edición Impresa

 

LA DESPEDIDA – Fue homenajeado por todos

Don Sixto se fue cantando

Adiós. Miles de santiagueños acompañaron,
ayer, el cortejo que condujo los restos de don Sixto Palavecino hacia el Parque
de la Paz. En el trayecto hubo demostraciones de afecto: los pañuelos danzaban
en el aire, mientras las flores caían a su paso. Sus hijos Rosa, Rubén, Aidée y
Carmencita recibieron el calor de la gente.

               

 

La despedida en imágenes

[ Ver fotos ]

               

 

Sixto de la gente

Cálido acompañamiento a “El Violín de
Dios”. La gente vivó a Palavecino durante todo el periplo desde el teatro 25 de
Mayo hasta el cementerio Parque de la Paz.

               

Ver noticia completa “Mi Voluntad”

 

El gobernador Gerardo Zamora acompañó con
palmas el ritmo de chacareras que se tocaban en honor a Sixto. EL LIBERAL /
Francisco Gallo

               

Zamora destacó la humanidad de don Sixto

“Nos sentimos muy dolidos por su partida
física…”

Ver noticia completa Don Sixto había
finalizado su autobiografía

 

Carmen despide los restos de su padre en el
cementerio parque. EL LIBERAL / José Luis Pérez

               

“Yo quiero volverme tierra si de ella he
nacido yo”

Los restos de Sixto palavecino fueron
inhumados ayer a las 18

 

opiniones de músicos, actores e
investigadores

Todos lloran al maestro del monte

Son muchísimas las personas que entregaron
un último mensaje a Sixto Palavecino. En los escenarios adonde actuaron El
Chaqueño Palavecino, León Gieco y Jorge Rojas, además de otros artistas, se
hizo un minuto de silencio en homenaje al Sacherito.

 

Del Departamento de Arte de EL LIBERAL

Un hombre, tres visiones

Alejandro Roldán, Virginio Cacciolatti y
Pablo Álvarez sacaron del fondo de sus tinteros aquella imagen que atesoraban
del gran defensor del quichua santiagueño para plasmarlas en estas obras.

               

 

               

© Editorial EL LIBERAL S.A. 2003

Santiago del Estero / República Argentina

 

 

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