”GUIDO BOGGIANI: EL AMANTE ANTI RACIALISTA DEL OTRO INDÍGENA”’, ÉRIC COURTHES

UilliliUN TUMANAHOASESINATO DE DON GUIDOGuido Boggiani

Il quadro che vogliamo prendere in considerazione  una tela ad olio di 98 x 200 cm., dipinta  nel 1884, intitolata Bosco di castagni sopra Stresa.;  custodito presso il Museo del Paesaggio di Pallanza, ed  un dono del comm. Marco De Marchi.Il tema  lo stesso del pi celebre La raccolta delle castagne, che abbiamo giˆ ricordato sopra e che si trova presso la Galleria d'Arte moderna di Roma. Si direbbe che Boggiani fosse affascinato da quel particolare specie arborea e quella particolare stagione  dell'anno, tra la fine dell'estate e l'autunno, quando i possenti tronchi sono ombreggiati da un densissimo manto di fogliame e gli effetti di luce, nelle radure o sui margini del bosco, permettono di sviluppare al massimo i contrasti di colore.La luce, infatti, e i contrasti cromatici di verde, giallo e arancio, sono i veri protagonisti di quest'opera che ha la leggerezza e la felicitˆ di tocco di una poesia di Teocrito o di una musica di Vivaldi; e che riesce a creare un'atmosfera intensa e partecipe, pur escludendo totalmente la presenza della figura umana e anche quella degli animali domestici, cos“ caratteristica, invece, di altri paesaggisti italiani dell'Ottocento, a cominciare da Fontanesi.Ombra e luce giocano e si rincorrono sotto le chiome dei grandi alberi di castagno, le cui dense chiome si fondono le une nelle altre e pare si abbraccino, avvolgendo quest'angolo incantato in una atmosfera raccolta, di pace  e di quiete, ma anche pervasa dal vivo e gioioso respiro della natura. Pi che Fontanesi, questo paesaggio ricorda certe atmosfere di Carducci, ad esempio il bosco di faggi e abeti della Carnia descritto ne Il comune rustico. Vogliamo dire che vi ,  in esso, certamente, un elemento tardo-romantico; ma, pi ancora, vi  un elemento classicistico; e un altro che saremmo quasi tentati di definire impressionistico. Ha qualcosa della freschezza dei campi di papaveri di Renoir; evoca il profumo dell'erba, delle foglie, della terra, come solo riescono a fare i p

Il quadro che vogliamo prendere in considerazione  una tela ad olio di 98 x 200 cm., dipinta nel 1884, intitolata Bosco di castagni sopra Stresa.;  custodito presso il Museo del Paesaggio di Pallanza, ed  un dono del comm. Marco De Marchi.Il tema  lo stesso del pi celebre La raccolta delle castagne, che abbiamo giˆ ricordato sopra e che si trova presso la Galleria d’Arte moderna di Roma. Si direbbe che Boggiani fosse affascinato da quel particolare specie arborea e quella particolare stagione dell’anno, tra la fine dell’estate e l’autunno, quando i possenti tronchi sono ombreggiati da un densissimo manto di fogliame e gli effetti di luce, nelle radure o sui margini del bosco, permettono di sviluppare al massimo i contrasti di colore.La luce, infatti, e i contrasti cromatici di verde, giallo e arancio, sono i veri protagonisti di quest’opera che ha la leggerezza e la felicitˆ di tocco di una poesia di Teocrito o di una musica di Vivaldi; e che riesce a creare un’atmosfera intensa e partecipe, pur escludendo totalmente la presenza della figura umana e anche quella degli animali domestici, cos“ caratteristica, invece, di altri paesaggisti italiani dell’Ottocento, a cominciare da Fontanesi.Ombra e luce giocano e si rincorrono sotto le chiome dei grandi alberi di castagno, le cui dense chiome si fondono le une nelle altre e pare si abbraccino, avvolgendo quest’angolo incantato in una atmosfera raccolta, di pace e di quiete, ma anche pervasa dal vivo e gioioso respiro della natura. Pi che Fontanesi, questo paesaggio ricorda certe atmosfere di Carducci, ad esempio il bosco di faggi e abeti della Carnia descritto ne Il comune rustico. Vogliamo dire che vi , in esso, certamente, un elemento tardo-romantico; ma, pi ancora, vi  un elemento classicistico; e un altro che saremmo quasi tentati di definire impressionistico. Ha qualcosa della freschezza dei campi di papaveri di Renoir; evoca il profumo dell’erba, delle foglie, della terra, come solo riescono a fare i p

mujer Boggiani

Resumen: Guido Boggiani demostró ser un firme opositor de las teorías racialistas de su época, conviviendo y transculturando con varias etnias del Chaco, mostrándoles una gran Amistad e incluso Amor, y anticipando a la vez la etnología moderna.

Abstract: Guido Boggiani demonstrated to be a steadfast opponent to racialist teories of its time, cohabiting and transculturating with several Chaco’s etnics groups, displaying to them a great friendship and even Love, and anticipating at the same time modern etnology.

Palabras Claves: Racismo, racialismo; Transculturación, el Otro indígena, Amistad, Amor; Caduveo; discursos de Viaje

Keywords:Racism, racialism; Transculturation, the Other indigenous, Friendship, Love; Caduveo; Travel’s speechs

Geografía: Paraguay, Alto Paraguay, Chaco Boreal, Brasil, Pantanal Mattogrossense
” Si dos hombres cantasen dos canciones diferentes, puede acontecer que sus casualides se encuentren y creen un ton armonioso.Yo me esfuerzo en facilitar tales coincidencias, procuro ese ton armonioso, un lenguage en común.
– ¿Y qué acontecerá si alguna vez hace un error?
– Moriré.”
Entrevista a Pavel Frič1

Según el Sabio de Pensilvania, Daniel Garrisson Brinton2, sólo las razas superiores, como los Mayas y los Aztecas en Mesoamérica, valían la pena ser estudiadas, idea racista, e incluso racialista, que rechazó con fuerza Guido Boggiani, a lo largo de su corta vida3, por sus largas convivencias pacíficas con las etnias más comunes del Chaco, como los Chamacocos, los Sanapanás y los Tobas.
El racialismo sería el fundamento teórico del racismo, o sea ”la doctrina de las razas”, etnocéntrica si las hay, que fundamenta el racismo, y que legitima una ”jerarquía” entre el grupo dominante y el grupo dominado, según Tsvetan Todorov4, que teorizó este concepto en su famosa obra: Nosotros y los otros, Reflexión sobre la diversidad humana.
Sebastián Román, en su reciente y brillante ensayo sobre discursos de (en) viaje5, en la Argentina del siglo XIX, oscilando con maestría entre semiótica discursiva e historia cultural, reactualiza y resemantiza también ese concepto de racialismo6, al analizar el diario de viaje de un comerciante inglés, por el Río de la Plata, John A. B. Beaumont7.
Pone de realce que el racialista no sólo afirma que las razas son diferentes sino que hay razas superiores a las demás, como Beaumont que pone por encima de todos al businessman inglés, al prójimo blanco de ” pigmento favorecido”8, contraponiéndolo a cada rato con el criollo argentino, oponiendo negocio y ocio, diferenciando a los hombres por sus comportamientos en la vida diaria y en los negocios.
Entre los formadores de don Guido, estaba el famoso antropológo italiano: Paolo Mantegazza9, el cual fue también un activo racialista cientificista ”sui generis”, como lo calificaría con acierto Sebastián Román.
Empero, el personaje de nuestra novela y el sujeto de esta ponencia nunca adoptó ese tipo de discursos extremos, si bien hay unas señales en sus diarios de esa nefasta influencia, muy de su tiempo10:

Los Chamacocos son los esclavos preferidos y los más buscados por los Caduveos. Son bien tratados mas teniendo en cuenta su raza inferior.
Una simple confrontación entre ambos pueblos permite muy fácilmente comprobarlo.
A ellos les tocan los trabajos groseros de servicio y el labrar de la tierra. Se los trata en general con dulzura, sin dejarlos nunca olvidarse de lo que son sus deberes.
Hubo un tiempo, como ya lo dije, en que los Caduveos adquirían los esclavos por la violencia, haciendo guerra a las tribus de salvajes del Chaco, de los cuales eran y siguen siendo hoy el terror.
Ahora, sin embargo, los pobladores de las riberas del Río Paraguay, en su propio interés, impiden tales correrías a mano armada y los Caduveos comprendieron que con los cristianos no es prudente entrar en conflicto, se les hizo más difícil proveerse de esclavos.
Hoy en día, no pudiendo hacer de otra manera, entablaron relaciones amistosas y comerciales con los Chamacocos, los cuales, empero, siguen teniendo cierta aprehensión al acercarse los Caduveos. Y en cambio de esclavitos que los Chamacocos van a capturar en el interior entre la tribu de los Tumaná, o Chamacocos Bravos, por el amor, por la astucia, o por la fuerza, los Caduveos les traen para vender viejos fusiles, pasta de urucú y otros pocos géneros que consiguen en cambio de cueros de ciervo11.

De hecho, al oponer y jerarquizar entre sí, a los Caduveos12 y los Chamacocos, don Guido, de origen aristocrático, no hace sino usar las ideas y los prejuicios de su época; los indios son unos ” salvajes13” , pero su visión es más rousseauniana que darwiniana, es la de un pintor, de un artista, de uno de los primeros etnofotógrafos, y sus largas convivencias con los Chamococos y los Caduveos le hicieron ver las cosas desde dentro. Sus aproximaciones al Otro Indígena son de primera mano y expresan una profunda humanidad.
En cambio, el racialista Beaumont, sostenía que dentro del mestizo y del criollo argentino seguía viviendo el indio, ” con todos los rasgos distintivos de su raza14”, y que ” hay en ellos una negligencia, una falta de puntualidad y una lentitud que no se avienen con el carácter y las costumbres de un hombre de negocios inglés15.”
Los ”negros ojos sumisos16” de los mestizos argentinos y paraguayos son ojos de indios, que callaron sus orígenes durante siglos, por miedo al desprecio general de la población17, y cuando Gombrowicz y Boggiani, en sus respectivos périplos por el Río de La Plata, a veces se enamoraron de esos ojos profundos, Beaumont se empeñó en sus posiciones racialistas y hasta llegó a sostener que al mestizo argentino, ni con la educación se lo podría redimir18…
En su diario de viaje19 a los Caduveos de 1892, inserto en mi ”novela”, Boggiani declaró todo lo contrario, lo que hace de él un opositor muy valioso a las teorías racialistas -fruto muy a menudo de simples investigadores de gabinete- ya que sus largas convivencias con ellos, lo autorizaban a semejante discurso: ”’Vi y pude comprar platos ornamentados con verdadero gusto artístico, cosa que despierta aún mayor interés, cuando uno piensa que están hechos por salvajes20.”
Pero no todo era positivo en su forma de ver a los indios, por ejemplo, tenía posiciones pro esclavistas, y, partiendo del ejemplo ya mencionado de la esclavitud de los Chamacocos por los Caduveos, sostenía que gracias a la esclavitud21, las poblaciones negras habían progresado respecto de sus pares de África.
En cuanto al tema de la pinga -aguardiente de caña que destruyó a tantos indios, por la fuerte adicción que tenían y el uso ritual que hacían de ese fortísimo brebaje- que don Guido repartía entre los indios, con algunos cachivaches italianos, en cambio de cueros de venados y piezas etnográficas. Pues es de decir que el Genio de Omegna ”no hubiera podido mantener relaciones pacíficas con los indios sin las garrafas de aguardiente que guardaba debajo de su cama, ya que todos los etnólogos, misioneros, exploradores y estancieros hacían lo mismo22.”
Empero, excepto los dos aspectos recién mencionados, don Guido se portó realmente como un caballero lombardo con los autóctonos, con los cuales convivió en sus obrajes23, o encontró en sus numerosos viajes por el Chaco y otras partes del Paraguay.
Su grado de transculturación alcanzó lo máximo, mediante la Amistad e incluso el Amor, su acercamiento al Otro fue profundamente Humano, olvidándose de los prejuicios de su época. Por ejemplo, el estrés y la preocupación casi paterna que siente cuando su guía chamacoco Felipe extravía el camino en una de sus expediciones, es realmente emocionante: ”Le tenía tanto afecto que la simple idea de ser abandonado me afligió con un pesar inmenso, no pudiendo pararme de llorar24.”
Con los Caduveos, con los cuales convivió dos veces tres meses, en 1892 y 1897, llegó a extremos su identificación con el Otro indígena, primero adoptó su traje25:

Confeccioné para mí varios trajes a lo Caduveo, a fin de disponer de ropa de muda. Hice uno todo rojo flamante.
Mi primera aparición con esta ropa fue acogida por un general grito de admiración y los más elegantes del país me tenían envidia. También llevo collares en el pecho. ¡Qué pena que para completar el traje, no me hubiera decidido a quitarme los bigotes, las pestañas y las cejas!26

Y luego, como es natural, se puso a bailar con ellos, hasta altas horas de la noche, descalzo, padeciendo mil dolores en las plantas de los pies, pero dejando de a poco toda su educación occidental y adoptando los usos y las costumbres de los indios:

Después de eso, llegaron de nuevo unos jóvenes, esta vez de traje de ceremonia, esto es, de calzas, camisas, andaban descalzos y me convidaron a bailar con ellos.
-¡Pero no sé bailar!
-¡No importa, aprenderás bailando con nosotros!
No tuve más remedio, tuve que aceptar.
Me puse, yo también, las calzas, la camisa, el sombrero, etc. Andaba descalzo como los otros; tocaban el tambor para llamar a la gente, sonaba más desafinada que nunca la flauta y luego corrió la voz de que yo formaba parte del baile.
Se reanimaron los fuegos, se sacó hasta la última paja de la plaza, las chicas afluyeron apresuradas, las mujeres jóvenes y todas aquellas que todavía eran capaces de someterse al interesante ejercicio y se comenzó.
Mi inexperiencia provocaba la hilaridad de las chicas, que se divertían locamente y me provocaban a cada rato para darme a entender que estaban contentas con verme tomar parte activa en su alegría.
Me esforcé en encontrar el paso, mas era bastante difícil y sólo al final conseguí imitarlo, cuando ya me dolían bastante las plantas de los pies.
La explanada había sido barrida diligentemente; mas para mis pobres pies todavía no acostumbrados a andar sin zapatos había siempre algún terrón endurecido, o alguna raíz que salía del suelo para que me topara con ella y blasfemara.
Mas, como Dios manda, el baile tuvo fin y me sentí bien contento con volver a mi catre27.

Empero, no sólo sintió con ellos el goce por compartir el placer del baile o de los cantos indígenas sino que llegó a trabar amistad real y profunda con jóvenes indios e indias, como su seguidor, el explorador checo Fric ya mencionado, por la honradez y la autenticidad de los sentimientos de los indios:
De hecho, asi como lo dijo después de mi muerte mi seguidor, el bueno de Frič 28, poco antes de morir él mismo: ” Los salvajes son personas íntegras”, personas como nosotros, diría yo, hermanito checo. ” Encontré en ellos un sentimiento que es cada día más raro entre la gente civilizada -si es que realmente existe- la amistad29.

Boggiani, al sentirse totalmente aceptado e integrado por los Caduveos, naturalmente termina en bolas como ellos, al recoger frutos de etchates tan abundantes que tuvo que sacarse la ropa, para llevarlos:

Recogimos tantos frutos que no bastaron los pañuelos y los trapos hechos con nuestra ropa para contenerlos, tuvimos que ponernos en completo traje de Adán… antes del pecado, y, llenos los paños que antes nos tapaban, los llevamos hasta afuera del bosque donde habían quedado presos los bueyes, que con su yugo no habían podido entrar.
Es el último grado descendido en la escala de los hábitos salvajes y vi que, al no poder hacer de otra forma, ¡podemos vivir de lo mejor tanto desnudos como vestidos de casaca, corbata blanca y guantes glacés!
Con lo que me di algo de consuelo por lo que pueda acontecer en la vida. ¡Nunca se sabe…!
Al volver a la toldería, de regreso con abundante carga, fui acogido por un murmuro de admiración de toda la aldea.
Poco a poco me estoy volviendo un perfecto Caduveo. A todo la gente se acostumbra con el tiempo30.

Y como es natural también, al despertar tanta admiración por su traje local, por sus bailes con los ” salvajes” descalzo, y su final desnudez, en el simple ”traje de Adán”, como Ellos, despertó el Amor en su Alma y en la de su ”espozinho”31, el lindo Uillíli:

Su nombre es uno de los más dulces que oí hasta ahora. LLámase Uilílli, con un acento en la segunda i32.
Tendrá entre dieciséis y diecisiete años y es precioso. El cabello negro y liso, como es común acá, dos grandes ojos negrísimos llenos de dulzura ornados de largas pestañas suaves, encimadas por dos cejas de arco bien delineado, y los rasgos del rostro extraordinariamente finos, lo cual, con la perfección de formas de las manos y de los pies y la proporción general de los otros miembros del cuerpo, más delgados que gordos, muestra a la evidencia la pureza de sangre que corre por sus venas.
Al contrario del uso general, no se raspa las cejas ni las sobrecejas, tal vez porque es aún muy joven. ¡Qué pena que no comprenda el portugués y no podamos conversar juntos: hubiera podido contarles tantas cosas interesantísimas para él!33

Al sentirse como Ellos, al verse como un ” perfecto Caduveo”, -poniéndose en escena, como si de ficción se tratara-, Boggiani es Caduveo, es Uno de Ellos, su Empatía es total, y eso, en el campo de la etnología34, no se había dado antes: esa extraña comunión entre un aristócrata piamontés, un Rey Pálido35 y los ” salvajes” más evolucionados y dominantes del Pantanal, a quienes trataba como Hermanos:

Comienzo ahora a entrar en familiaridades con esta gente que se siente no muy poco lisonjeada en su amor propio al ver que un europeo, y no uno de esos habituales portugueses groseros y libidinosos, mas un señor que sabe tantas cosas, que viajó tanto y que, según ellos, es tan rico (¡ pobrecitos, se conforman con tan poco!) y que en lugar de tratarlos con desprecio, engaño y los malos modos que se les suele aplicar, se junta con ellos fraternalmente y se interesa en todo lo que les concierne, sin abusar de su ignorancia en los negocios y encima se muestra insólitamente generoso36.

Los Caduveos pertenecen a la familia lingüística Mataco-Guaycur37, son de origen pámpido, de ahí el odio que le tenían los guaraníes, de origen amazónico. Vivieron en el Alto Paraguay hasta la Guerra Grande, durante la cual se aliaron con los Brasileños, en contra de los paraguayos, luego cruzaron el río Paraguay y se radicaron en una extensa reserva epónima, al pie de la Sierra de Bodoquena, que les regaló el gobierno de Brasil, en cambio de sus servicios de guerra.
Eran temidos por todas las tribus del Chaco, a las cuales esclavizaban, por ser más altos y fuertes, y sobre todo más evolucionados. Adoptaron en seguida el caballo y se volvieron los Centauros del Chaco. Pero sobresalen aún más en el ámbito artístico, sus tatuajes y su cerámica están entre los mejores en toda Suramérica, lo que lo conllevó a don Guido, gran artista si los hay38, a sostener que tenían un origen incaico, de hecho, el Genio de Omegna, llegó a afirmar que eran incas prófugos39:
Los dibujos que los Caduveos suelen hacer tanto sobre su cuerpo como los utensilios están llenos de gusto y de carácter. No es, por cierto, un arte que aprendieron del contacto con la civilización. Este talento artístico notablemente desarrollado en todos, y más especialmente en las mujeres, lo tendrán heredado de anteriores civilizaciones indígenas asaz importantes antiguamente, que fueron paulatinamente degenerando miserablemente por el contacto con los vicios importados juntamente con las persecuciones de la civilización española y portuguesa, la cual, la primera sobre todo, tuvo el poder de destruir cuanto bueno encontrara en sus conquistas.
No restan ahora más que unos pocos vestigios, de los cuales todavía se puede deducir fácilmente lo que habrían sido los Caduveos en cierta época, los cuales, reducidos al mínimo término por los vicios y por las dolencias, desconocidas antes de la Conquista van extinguiéndose rápido.
Que ellos derivaran o, por lo menos, tuvieran grandes afinidades con los Incas, queda fuera de duda, siendo el arte del dibujo buena señal para semejantes pesquisas genealógicas.
El Perú no está lejos y la dominación e influencia de los Incas se extendería mucho más allá de esta región40.

Aquellos indios únicos, improbables artistas-centauros, grandes amigos de don Guido, y luego sujetos del admirable análisis estructural de Claude Lévi-Strauss, alcanzaron un grado de civilización ”nada desdeñable41”, pero llegaron también al mismo tiempo a su casi extinción, un ”’fin de civilización” acelerado por el contacto con los paraguayos y los brasileños, por sus guerras y sus vicios, aunque éstos les concedieron al final esas grandes extensiones de tierras en su nombre, tan hermosas que parecen la Meseta de los Venados de Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier…
Además, las largas convivencias que tuvo con ellos el Genio de Omegna, equipara su particular acercamiento lleno de Amor al Otro indígena -con medio siglo de adelanto- con la etnología moderna, según Maurizio Leigheb42, el mayor especialista mundial de Guido Boggiani, antropólogo de la RAI:

I Caduvei 43es una de las primeras monografías etnográficas del XIX […] la obra de Boggiani adquiere particular relieve para la modernidad ya que anticipa una concepción del primitivo y del otro que serán adquisiciones de la investigación etnológica contemporánea. […] del artista-viajero cuya obra podría ser considerada como una anticipación de la etnología moderna.

Para concluir, parafraseando a mi amiga Mirian Pino44, las diferentes obras de Boggiani, por su pluridisciplinaridad: fotos, cuadros y monografías etnográficas, forman una ”sutura” entre el Arte, con lo Real Maravilloso de sus diarios de viaje, la Etnología, anticipando la estructural, por su ósmosis con los indios Chamacocos y Caduveos, y la Memoria, por constituir sus trayectorias personales y científicas, uno de los mayores eslabones perdidos del Americanismo, y merecer sobremanera su Figura ser rescatada…
Don Guido supo amar como ninguno al Otro indígena, y sus estadías pacíficas y armoniosas con los indios, a la luz de los recientes eventos en Charlie Hebdo, aparecen no sólo como un claro rechazo de la teorias racialistas vigentes en su época, sino como de las de hoy…
¿No resultaría interesante proponerles a los miembros del Front National que convivan unos meses con musulmanes bien integrados en Francia, a fin de sacarles de la cabeza todos los prejuicios que alimentan sus teorías racialistas…?
Porque cuidado, don Guido iba hacia adelante, hacia el Otro indígena con Humanidad, mientras que nosotros vamos hacia atrás, por las amalgamas de unos idiotas, hacia la Negación y la Aniquilación del Otro Musulmán y empero Francés, tal como Nosotros…

Éric Courthès
22/03/2015

Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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