EL GOCE DEL TEXTO ROABASTIANO, ÉRIC COURTHES

EL GOCE DEL TEXTO
ROABASTIANO

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*Eric Courthès

RESUMEN: En este artículo, procuré demostrar que el genio narrativo de Roa Bastos no sólo procede de su lucha mediante el Verbo contra la dictadura y sus dos exilios consecutivos sino también, y sobre todo, de la ‘’Lección de Escritura’’ que nos da el Dictador-Compilador-Autor en Yo el Supremo. En efecto, en esta obra, el autor da la ilusión de que el texto se genera a sí mismo: endotexto, y que el lector, al volverse un ser ficticio y autónomo, como lo reza Roa en la última Nota del Compilador, está condenado a la re-escritura: exotexto. Desde la voz del Dictador, desde el genotexto de Kristeva, desde el lugar de la significancia, desde la oralidad guaraní, parten múltiples placeres del texto a lo Roland Barthes, que terminan juntándose en un verdadero Goce Textual…
PALABRAS CLAVE: re-escritura, endotexto, exotexto, placer del texto, goce del texto
ABSTRACT: In this article, I try to demonstrate that Roa Bastos’s narrative genius derives not only from the way he uses the word to combat dictatorship, but also, and above all, from the Writing Lesson that the Dictator-Compiler-Author imparts in I the Suprem. Indeed, in this book the author gives the illusion that the text engenders itself: endotext and that the reader, in the act of becoming a fictional an autonomous being, as affirmed by Roa in the last Compiler’s Note, is condemned to re-wrote the text: exotext. From various vantage point: the Dictator’s voice, Kristeva’s genotext, the site of signification, and guarani orality, spring multiples textual pleasures as described by Roland Barthes, all of which ultimately fuse into orgasm of the text.
KEYWORDS: re-writing, endotext; exotext, pleasure of the text, orgasm of the text

I) BREVE BIO-BIBLIO-CRÍTICO-GRAFÍA DE ROA
Augusto Roa Bastos nació el 13 de junio de 1917 en Asunción, se pasó la infancia en Iturbe, un villorrio bilingüe aislado, a sesenta kilómetros de la capital, donde su padre, ex seminarista, trabajó de peón y luego de administrativo del ingenio de azúcar. Luego, apenas cumplidos los 15 años, participó en la Guerra del Chaco de 1932 a 1935 entre Paraguay y Bolivia, de enfermero voluntario, todavía estaba en el colegio en aquella época y es de notar que por eso nunca terminó la secundaria…
Lo anteriormente expuesto no le impidió escribir una pieza de teatro, con su madre, La carcajada, al cumplir recién 15 años, que ambos representaron de modo itinerante en esta región del Guairá, y cuyos fondos cosechados sirvieron para sostener a las viudas y las víctimas de la guerra. Después, en ese mismo año fatídico para su país de 1932, escribió, solito, un cuento extraordinario, Lucha hasta el alba, por contener en agraz gran parte de su obra futura…
Después de la guerra, se volvió periodista de El País y empezó a escribir y publicar poemas y cuentos, entre los cuales cabe destacar: El trueno entre las hojas, de 1953, cuya adaptación al cine fue llevada por Armando Bó, en 1956. Pero en 1947, los partidarios del Partido Colorado ametrallan las fachadas del diario y Moríñígo toma el poder, después de una sangrienta guerra civil contra los liberales. Entonces, le tocó exiliarse a Argentina, donde vivió hasta que otra dictadura lo expulsó en 1976.
Va adaptándose en Buenos Aires de modo increíble, su ascenso social e intelectual es fulgurante, y eso que sale de la parte más baja del escalafón. Al principio, habría trabajado de mozo de amueblada , habría guiado a las parejas ilegítimas a sus respectivas habitaciones llevando unas toallitas, ungüentos y demás jabones…
Después, se convirtió durante mucho tiempo en empleado anónimo de una gran compañía de seguros pero ya había entablado relaciones con los mayores intelectuales de la ciudad, o por lo menos con quienes iban a serlo, tal como el tucumano Tomás Eloy Martínez; ya se reunían con otros en el bar La Fragata, cerca del diario La Nación, e intercambiaban sus primeros libros y guiones.
Publica en 1960 en Losada en Buenos Aires, su primera obra notable: Hijo de hombre, un libro de ocho cuentos, que pasaron a diez cuando la refundición de 1982, enlazados entre sí, una especie de novela no-nacida, en la cual ya van apareciendo con toda su potencia los grandes mitos fundadores de la escritura roabastiana: el guaraní, el bilingüismo, el mestizaje, la dualidad, la escritura versus la oralidad, la significancia, la transtextualidad, la poética de las variaciones y la poética de la ausencia, y por si no alcanzara, la historia paraguaya revisitada y la lucha por el Verbo contra la Dictadura…
Fue en aquella época cuando empezó a escribir la novela que le dio una fama mundial y le permitió recibir en 1989 el Premio Cervantes. Desde luego, se trata de Yo el supremo, Siglo XXI, Buenos Aires, 1974 , un increíble monólogo interior del Dictador y Padre Fundador de la República del Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia: 1814-1840. Un librazo de más de 600 páginas, en el que todas las voces se funden y se confunden, en el cual el texto explota e implota, porque muy a menudo los márgenes van apoderándose de él, y en el que la escritura se hace objeto del relato. Una textualidad mágica, con rupturas hipertextuales por doquier, aderezada con una tonalidad tragicómica, en fin, un Libro tal como uno no se lo había leído, desde Don Quijote de La Mancha…
Todos sus amigos cuentan que la transferencia entre Roa y su personaje fue tan grande, que al cabo de unos quince años dedicados a la escritura de esta obra, creyó morirse antes de publicarlo y le agarraron crisis de pánico, al salir el libro, que cobraban el aspecto clínico de una grave hipertensión…
Pero muy poco tiempo le dura el triunfo, dos años más tardes son los dictadores argentinos quienes se meten en el juego, otra vez, Roa tiene que exiliarse…
En la Universidad de Toulouse, Jean Andreu y su equipo lo agasajan a aquel Nuevo Genio de la literatura latino americana, en aquel entonces muy en boga, totalmente fuera de la norma…
Entonces se vuelve profesor de guaraní y de literatura latinoamericana en la Universidad de Toulouse-Le-Mirail y forzosamente un « escritor de los domingos y días feriados », tal como le gustaba designarse a sí mismo, con su habitual modestia, matizada de auto irrisión, y desde luego, aludiendo también de forma irónica a sus numerosos detractores…
Al caer Stroessner, en 1989, se radica de nuevo en Paraguay, y entonces, con más tiempo libre para escribir, entra en una fase prolífica de creación y escribe obras importantes como El Fiscal, en 1993, su primera novela, a los 76 años, y sobre todo, al año siguiente, publica una obra mayor: Contravida, por su larga gestación, unos veinte años, y su fuerte hipextextualidad auctorial…
En este caso, incluso convendría hablar de “endotextualidad”, por la fuerte ilusión que le da al lector el texto de auto generarse a partir de textos anteriores y pasando por las voces de narradores-personajes, quienes en realidad, llevan el relato y lo dejan postergado al autor a un papel de simple compilador…
Aquella obra inmensa, no por la cantidad de libros producidos sino porque en realidad es a la vez única y múltiple, -porque la « endotextualidad » va recorriéndola de parte a parte, transitando por las voces de narradores, quienes en la mayoría de los casos son también “escribientes” y le dan de entrada una doble perspectiva-, no es una obra cualquiera, es la de la Escritura del Libro que se está escribiendo bajo nuestra mirada atónita de lector atrapado en una red fatal…
Tiene también otra particularidad, es la Escritura de la Muerte, es pura prosopopeya , los narradores-escribientes de Roa son supervivientes, muertos-vivos o vivos-muertos, nonatos aún, Muerte y Vida en aquel espacio textual muy notable ya no tienen la más mínima importancia, o tal vez la tengan de sobras…
Además, lo lleva al Lector « autónomo y no menos ficticio » hacia Cumbres Fecundas de Goces del Texto, con el sentido que le daba Barthes , tales como, a mi parecer, ningún otro autor los había alcanzado antes, de no ser Cervantes, Fante o John Kennedy Toole, y termina condenándolo a la Re-escritura, fenónemo que conceptualicé como “exotexto”…
Como si no alcanzara toda esta transtextualidad, uno descubre al leer su última obra, un libro de aforismos, titulado Metaforismos, Barcelona, Edhasa, 1996, que su obra en conjunto no sólo está constituida de textos debidamente publicados sino también de textos ausentes, y que encima, obedece a una serie de algoritmos textuales, -algo que me pareció acertado conceptualizar como “algotexto-”, que la van tejiendo de forma subterránea…
En una palabra, Augusto Roa Bastos, por el conjunto de su obra y más especialmente con Yo el Supremo, nos dio en tanto lector implicado en la fábula, una « Lección de Escritura», parecida a la que el Dictador le impone a su secretario Patiño, de la cual uno no puede salir ileso…
El Genio Textual se extinguió en su domicilio de Asunción, el 26 de abril de 2005, después de un mareo y una mala caída en la cabeza en una escalera. Es de notar que ésta occurió en la misma fecha que la de Cervantes, otra vez, su modelo en escritura, y la de Shakespeare, cuya obra admiraba sobremanera, sin olvidarnos del primer escritor mestizo, Garcilaso Inca de La Vega, el 23 de abril de 1616…
Hay quienes sólo verán en ello mera coincidencia, pero todas las personas que conocieron a aquel Gran Hombre, y sobre todo, los que se leyeron toda su Obra Magistral, notarán en eso algo más que una Ironía de la Historia…

II) EL GOCE DEL TEXTO ROABASTIANO
Los conceptos de “endotexto” y “exotexto” ya estaban presentes en agraz en Le plaisir du texte de Roland Barthes .
” …la idea generativa que el texto se hace [a sí mismo], se trabaja a través de entrelazos perpetuos, perdido en este tejido – esa textura- el sujeto [autor y lector] se deshace, tal como una araña que se disolvería a sí misma en las secreciones de su tela. Si nos gustaran los neologismos, podríamos definir la teoría del texto como una hipología (hyphos, es el tejido y la telaraña en griego) ”.
También se notará en esta cita el concepto reiterado, después de la publicación en 1968 de Le bruissement de la langue, de la ausencia del sujeto-autor, tragado por su propia tela…
Siguiendo otra vez a Barthes , el placer del texto es ” el valor pasado al rango suntuoso de significante”, y el lugar del goce del texto es la « significancia », con el sentido que le daba Julia Kristeva a esta palabra. Al final de esta obra fundadora de la semiótica textual, precisa un poco su pensamiento, declarándonos que el goce se encuentra sobre todo en « la escritura en alta voz », la cual pertenece al genotexto , a la significancia :” un texto donde se pueda escuchar el grano del gaznate”.
En realidad, se trata del texto que el escritor se lee a sí mismo al escribirlo; ¿cómo no pensar en este caso en el Texto Supremo que el Dictador de la Escritura le dicta a su secretario Patiño? Goce Supremo y Triunfo de la Oralidad sobre la Escritura …
En la garganta autoritaria del Dictador atrabiliario está el Goce Supremo, y como lo subraya la voz de los apuntes en varias ocasiones en esta obra , la escritura arruina la autenticidad de la palabra, del discurso, la trastorna, la traiciona, le quita la sensualidad de la significancia…
Aquella Voz es guaraní o jopará, surge del monte, de los arrabales humildes de Asunción, es ágrafa, no se puede mantener dentro de los límites de la gramaticalización castellana, tiene otras normas, otros códigos semánticos, otros placeres del texto oral de los guaraníes que surgen de los fogones antediluvianos e irreductibles a la escritura occidental…
Aquel Libro increíble ha sido leído primero por el Dictador a su secretario, pues se entrecruza con el genotexto del lector por su oralidad, se lee para ser leído, teatralizado , para que las voces liberen su aparato fónico. Así la escritura se torna lección, en la cual todas las voces narrativas al margen de aquella novela polifónica, más el Dictador, el Autor y el Lector se vuelven totalmente ficticios y por lo tanto, al terminar el libro, al lector le toca hacer lo mismo; dictarse a sí mismo, inventándose un Dictador íntimo, un Nuevo Texto, un Exotexto, surgido de la maraña textual de Yo el Supremo;, insertarse como Pleno Actante en la Ficción, en pos de la Significancia y del Goce del Texto.
“El lector autónomo y no menos ficticio” de la última nota del Compilador, se hará Creador también , no limitará su goce al genotexto, lo tornará exotexto, lo abrirá hacia afuera, como el espiral de la utopía-aporía de la escritura .
Pues, lo que resulta de todo aquello, es que le tocará al lector avezado sacar todos los jugos sabrosos de la fábula roabastiana y hacerse escritor también, pasando por los múltiples goces de las re-lecturas y re-escrituras. En el caso de mi primera novela, partí de los increíbles diálogos de Bonpland y el Dictador al final de Yo el Supremo, cuando disertan los dos a distancia sobre “el infierno de la soledad”, y también cuando se encuentran en Santa María de Fe y el médico francés lo cura al Dictador de una disentería.
Partí de la visión de Roa de un Bonpland solitario, filósofo e inasible, un Personaje que lo desafió al Dictador con su altruismo y terminó ganándole el pulso que echó con él, a la distancia…
A partir de “las carencias y los excesos ” del hipotexto roabastiano”, armé mi propio texto, exotexto que lo re-sucita a Bonpland, que lo hace testimoniar en primera persona sobre sus múltiples vidas y su extraña doble muerte, o sea que creé un Nuevo Supremo totalmente opuesto al primero, por la natural bondad y dedicación al otro de mi personaje.
Pero no fui el único en llevar el goce del texto a esos extremos exotextuales, la Roa manía alcanzó también a Carolina Orlando, una joven y linda escritora de Luján, quien hizo lo mismo que yo y casi al mismo tiempo, con la vida y la obra de Roa Bastos, al publicar recientemente en París, memorias apócrifas de Roa Bastos . Nuestros respectivos goces partieron de la obra del Genio del Tevikuary, en el caso de Carolina fue aún más complejo porque parte su exotexto de Hijo de hombre y Yo el Supremo al mismo tiempo y lo hace a Roa personaje de sus cuentos…
Es de saborear en especial en estos cuentos librescos, animados por libros y sus autores hechos personajes , “El [fascinante] encuentro [de Roa] con Borges” y la increíble exotextualidad de una pieza de teatro, “La leyenda del divino narciso”, compuesta íntegramente por citas de libros que Roa habría podido leerse, sin una sola comilla y con la más extrema coherencia, en su nueva postura textual.
El Goce del Texto para Carolina fue especialmente extremo, demostró por si fuera necesario que el texto roabastiano es transfinito, no tiene fin ni comienzo, y que a partir de sus múltiples “agujeros ”, quedan muchos espacios de re-escrituras para sus lectores más fanáticos…
“Elogio del plagio ”, diría Washington Elphidio Cucurto -seudónimo del escritor argentino nacido en Quilmes en 1973, Santiago Vega- es cierto, pero plagio que rebasa con creces la simple y vergonzosa copia, integrada a un texto a escondidas.
De hecho, nos lleva como lectores integrados a la fábula , a otros espacios textuales, donde el goce del texto roabastiano nos hace escritores y partícipes de un proceso multi-orgásmico: una verdadera Fiesta Orgiástica del Texto…

Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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