Las múltiples historias del Señor Bedoya

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Las múltiples historias del Señor Bedoya

Éric Courthès CRIMIC SAL París IV La Sorbona eroxa_courthes@hotmail.com

“Ars similis casus”, Ovidio

“La iglesia dejó de ser iglesia. El vacío entró, pero era ya un vacío cósmico y negro, y aquello ya no ocurría en la tierra, sino que la tierra se volvía un planeta colgado en el universo, el cosmos se hacía presente, allí sucedía algo. […] De modo que ya no estábamos ni en una iglesia, ni en aquella aldea, ni en la tierra sino -conforme a la realidad, conforme a la verdad- en algún punto del cosmos, colgados con nuestros cirios y con nuestros resplandores y allí, entre inmensidades, nos meneábamos haciendo cosas de asombro con nosotros y entre nosotros, como monos que hacen muecas en el vacío.” Witold Gombrowicz, Pornografía

Cada historia contiene en ciernes un sinfín de otras historias1 , en aquel núcleo fractal2 del cual nace cada buena novela, en el corazón de aquel noema textual, anticipando el genotexto de Julia Kristeva, estamos en el grado cero, el de la formación del texto, igual que en el núcleo primigenio del big bang, antes de que el universo empezase a extenderse, atrayendo en su carrera sin fin, todas las galaxias consigo…

El universo no se mueve, el texto tampoco, se deja llevar como un globo por el espacio infinito de la escritura y las lecturas que lo va atrayendo cada vez más lejos…

Según las actuales teorías sobre la creación del universo3 , que son una combinación de las de Albert Eisntein4 sobre la relatividad y las de Richard Feynman5 , sobre “las historias múltiples6 ”, en el momento cero, la densidad y el grado de curvatura del universo eran infinitos, y el elemento aleatorio, en el máximo grado de su expresión…
Pues el universo vendría a ser, en aquel momento preciso, una infinidad de partículas, de combinaciones y probabilidades concentradas en extremo, en el cual, “el misterio terrible del azar7 ” imperaría, como un Dios “jugando a los dados con el universo8 ” con las partículas, que terminarían desplazándose “de un lugar a otro a lo largo de cada trayectoria posible en el espacio-tiempo9 .”

En el manuscrito de Esteban Bedoya que acabo de leer: El coleccionista de orejas, igual que en textos de Augusto Roa Bastos10 , paraguayo como él, tuve la sensación como lector de estar atraído por una red de textos imbricados, que me llevaron al tope del “goce del texto11” y me dejaron en el borde movedizo e inasible de mi universo crítico, con ganas de comprobar mis actuales teorías textuales y, por qué no, ensayar otras, nuevitas…

Ahora bien, a partir de estos prolegómenos más bien teóricos, conviene volver a entrar en su texto y preguntarnos: ¿cuál es ese núcleo textual primigenio?

Sin lugar a dudas, la figura de Cristino, el indio blanco, el Yasy Yateré12 , en efecto, ahí está el centro de la trama, de la telarañas, todo parte, pasa y sale por el indio blanco: oxímoro de por sí, cuya vida y actos le permiten al autor llevar su relato dejándose arrastrar por la fuerza cósmica de su personaje…
Desde el íncipit está el indio blanco, fruto de supuestos y sospechosos contactos entre doncellas mbyá guaraní y vikingos errantes:
Los mitos guaraníes describen un personaje misterioso, insondable y de constante roce con el hombre, a quien observa y vigila durante la noche, deslizándose entre la maleza, silencioso y vivaz en sus ojos brillantes de astucia perversa. […] Estos señores del frío, amparados en la generosidad guaraní habrían abusado de jóvenes doncellas, violándolas y asesinándolas bajo el pretexto de ritos paganos. (El coleccionista de orejas: E.C.D.O., p. 6)

Además, no se trata de cualquier texto sino de un texto mítico guaraní, cuyas fuentes podrían ser orales y cuyo respaldo científico estaría asegurado por una antropóloga alemana: Manuela Schmundt y un realizador paraguayo de documentales sobre el mundo indígena, Víctor I. Vera Cabrera.
Aquel texto fundador le sirve a Esteban de base de lanzamiento de su novela, de zócalo mítico que le permita lanzar la narración. Pero es de mencionar también el “prefacio13 ” que lo antecede, el encuentro del narrador con Leandro Manfrini, un explorador suizo14 , que le cuenta su expedición en la selva paraguaya, donde habría encontrado a prófugos nazis que le habrían hablado de un coleccionista de orejas indígenas15…
Luego, el indio blanco nos conduce de forma intrincada, desde la selva de Yvytúruzu donde nace en una tribu silvícola mbyá, hasta Asunción, donde termina de criado de una rica familia colorada, la de los Pavón-Grisini, una de esas familias muy comprometidas con el régimen, cuyas prebendas terminaron con el territorio ancestral de los indios:

No eran muchas las estancias en los alrededores, pero la construcción de la ruta que llevaría al Brasil intensificó la presencia de aventureros, aquellos que pocos años más tarde poblarían Ciudad Stroessner. Hasta ese entonces los aborígenes podían llegar a los saltos del Monday sin salir del bosque. Tenían los medios para evadir las persecuciones, y encontrar vastas áreas para sus plantíos y para la caza. Pero con el reparto de inmensos territorios a los allegados al régimen, los terratenientes comenzaron a atraparlos para integrarlos al sistema de trabajo forzado, y en otros casos como simples trofeos de caza. Pasó muy poco tiempo para que no quedase rincón libre de los hachazos y las motosierras, (O.C.D.O., p.9)

La historia de Manfrini y la del indio blanco nos introducen en otras historias; primero en la relación entre Mitaí Morotí16 y una mujerona negra, que lo protege del ambiente salvaje que impera en la estancia de un coronel colorado17 cuyos gauchos paramilitares cazan orejas de mbyá18, a quienes cortan las orejas para guardarlas como trofeos. Luego pasa a ser monaguillo del cura Barrientos, pero en ninguna parte se adapta por ser un hijo de la selva, tipo Mogli…
Finalmente recala en Asunción, en casa de la familia Palavecino, cuya matrona, doña Serapia “era la protectora del hogar de huérfanos de Carlota Palmerola19”, y en cuya casa lo crian con Fernando, el hijo único de doña Serapia y su prima, Antonia Grisini20 , los hijos de la casa.
Los padres los quieren casar y los dejan jugar juntos sin cuidarlos, sólo el indio blanco puede entrar en sus juegos. Pero resulta que Fernandito es maricón y Antonia, una niña dominadora, pues se entabla entre los dos niños una precoz relación sado masoquista, en la cual no tardará en participar Mitaí Morotí:

La jovencita disfrutaba, no por razones lúdicas sino por el capricho de someter al joven artista, quien como símbolo de sumisión se dejaba apretar los genitales, recibiendo a cambio el permiso para probarse las ropas de la señorita. Esta situación se repitió con frecuencia y pasó a mayores, la tarde que integraron a Cristino a la función de la pieza del fondo, ocasión en la que fue obligado a desnudarse.”, (E.C.D.O., p. 21).

Pues a Fernanda la casarán con un rico abogado allegado al régimen, Rafael Pavón y Fernando quedará soltero toda la vida, siendo acompañado en todas sus vicisitudes por el indio blanco…
Luego, viene otro historia de importancia, presenciamos los experimentos dudosos de Mengele con una parturienta paraguaya, Zumilda Roa21 -sacada del hogar de madres solteras “Virgen de Lourdes”, dirigido por la madre de Antonia, Victoria Panetti de Grisini- que nunca más volverá al lugar de partida…
Con su habitual humor, Esteban ideó un encuentro carnal entre la hermana de Zumilda22, Florencia Roa, la mucama de los Grisini y el Doctor nazi, como siempre -dado que no se le confiere al indio blanco el estatuto de humano y que queda confinado en un rincón de cada pieza ocupada por su maestro como si fuera un simple mueble23 -Cristino lo presenció todo, y al limpiarle el miembro al nazi, a petición de Zumilda, el simple contacto de las manos de Mitaí Morotí le produjo una “inducción electro magnética”, que terminó en el acto con su carrera de viejo degenerado24 …
El indio blanco subió el cuerpo del otrora poderoso nazi a la copa del guapo’y25 , desde donde emporcó la casa durante meses con un olor pútrido, hasta que años más tarde , la calavera del Doctor eugenésico volvió a caer a los pies de Fernandito.
Fernandito emprende luego una carrera diplomática en Alemania, en la cual se destaca por su “arte de la genuflexión” (E.C.D.O., p. 35) y gracias a sus talentos especiales, se gana entre la muy zalamera y mediocre inteligencia estronista la “exagerada reputación de pintor del expresionismo alemán.” (E.C.D.O., p. 36)
Al morirse su madre doña Serapia, “el hijo pródigo” empieza el gran despilfarro de la fortuna familiar en las llamadas operaciones de “puertas abiertas” (E.C.D.O., p. 36) a los amigos, seudo intelectuales colorados, cuyo anfitrión afeminado inflado por las alabanzas de sus amigos no vaciló un día en proclamar “que la democracia burguesa [constituía] la forma superior de la civilización26”. (E.C.D.O., p.36)

En ese ámbito de “Itaiputización27 de la sociedad”, no sólo se jactaban Fernando y sus amigos de una falsa intelectualidad -basada en el poder del dinero sucio- sino que también la familia Pavón-Grisini, como muchas otras, se hizo muy rica, “gracias a contratos con el Estado, ““vaca lechera” reservada a la crème político-empresarial.” (E.C.D.O., p. 36)
Pero al morir doña Serapia y al caer la dictadura, mediante el golpe de estado del consuegro de Stroessner, el General Rodríguez, todo empieza a cambiar, los aliados de ayer se vuelven los “mediadores de la democracia”, “los liberadores” del país y si bien la pareja Pavón-Grisini, sigue enriqueciéndose en el nuevo proceso seudo democrático, el edificio suyo empieza también a resquebrajarse…
Señales de la decadencia se manifiestan en las conjeturas de Fernando. En una de sus habituales borracheras y fumatas de marijuana28 , empieza a imaginar un desquite en contra de la rica pareja, y por supuesto terminará apartado del juego prebendario por su osadía. En esa verdadera comedia humana, las intimidades y vicios de los protagonistas aparecen a las claras, el lector se entera de que el famoso parlamentario Rafael Pavón es masoquista, de que su esposa, la refinada escritora, Antonia Pavón-Grisini, tiene de amante a un primitivo paleto sodomita super montado29 , ascendido a abogado por el régimen…
Después viene el problemazo de las tres pupilas del irreprochable orfanato de mujeres solteras de Antonia Grisini, quienes se atreven a escaparse de un prostíbulo en Suiza30 …
A raíz de ese problema, se sospecha de la supuesta falta discreción de Fernando, quien habría podido alertar a un periodista suizo, Leo Manfrini31 , el negociazo de la pareja Pavón-Grisini, asociada al juez Garcilazo, se vuelve demasiado peligroso para el pintorcito maricón y lo sacan del medio, mandándolo al campo…
Van aumentando los problemas y acelerándose el proceso de decadencia, Cañete, el chófer de Pavón, decide “cobrarse las muchas ofensas acumuladas” (E.C.D.O., p. 71) y lo mata a su patrón, generándose después un alucinante diálogo quevedesco de ultra tumba entre Pavón y Mengele, gracias al cual nos enteramos, al cabo de casi 80 páginas, de que el coleccionista de orejas era el infame senador sodomita y masoquista paraguayo: “Las orejas de su colección a cambio de mi Fabergé… ¡Usted no cumplió!”, le espeta el Doctor de la muerte a su émulo paraguayo.” (E.C.D.O., p. 73)

Sin embargo, Antonia no hace caso de todos los rumores que van acorralando de a poco a la familia Pavón-Grisini, en especial, acerca de los usos -y abusos- sexuales que hacían todos sus miembros del indio blanco sino que busca la forma de transformarlo en personaje de la farándula televisiva, proclamando en un programa que va a “restablecerle sus derechos reinsertándole en la selva”, (E.C.D.O., p. 81) incluso su nueva “Fundación Rafael Pavón para Madres Solteras” consigue la financiación de una O.N.G. italiana, o sea, nada cambió, en el país de las Mil Maravillas…
Es más, al volver Manfrini al Paraguay al investigar el caso, se topa con el Doctor Nicolás Garcilazo y sus esbirros32, y pese a sus certezas de periodista y a su “romance” con Antonia, al final del libro, parece renunciar a sus ideales que guiaban su encuesta y da un paso en dirección a la ficción…
Luego menudean las historias picarescas de nuestro indio blanco en su difícil regreso a la naturaleza, primero les chorrea todas las “galletas coquito” a los indios acampados en la Plaza Uruguaya33 , después, estrangula “a la mitad de las aves del gallinero” (E.C.D.O., p. 86) de los indios de la reserva de Mariano Roque Alonso, y por fin, sus fanáticos admiradores, los colgados cofrades porristas de la secta del aragonés ya mencionada lo raptan por la noche, en plena toldería india. Pero a la noche siguiente, un pelotón de la F.O.P.E., a petición del omnipotente Doctor Garcilazo -también asesor de la secta de iluminados- irrumpe en la casa y lo libera a Cristino. Al aragonés lo echan al manicomio gracias al amparo de otra O.N.G., que ordena también el traslado de Cristino a la reserva Mbya Mbaracayú de donde salió…
Como lo notarán, las historias se suceden a un ritmo vertiginoso y el humor está en todas partes, el libro alcanza ahí cumbres de agilidad narrativa, todas las teorías expuestas al comienzo cobran en esta parte del relato completa vigencia: “las múltiples historias” encadenadas del indio blanco lo marean al lector y le permiten alcanzar el sumo goce del texto, barthiano34 …
En el capítulo XIV, presenciamos por fin su vuelta a la naturaleza, y el relato se pone fuera de control, en los actos disparatados de un indio blanco completamente borracho el día de su recepción entre los Mby’á, que se queda dormido en el piso como “jaguaraté35 abrazado a un tronco”, (E.C.D.O., p.91) dándole un cabezazo en la cara al brasiguayo –el propio director de la Cooperativa que lo invitó- que trataba de despertarlo a patadas, para luego desaparecer en la selva, “sin tobillera digital”… (E.C.D.O., p.91)
Al contrario de las presunciones del lector, el indio blanco no logra adaptarse fácilmente a su medio natural, por estar ya medio deculturado por el confort burgués de la familia Pavón-Grisini. Sobrevive a duras penas cazando gallinas de corral y comiendo frutas y verduras chorreadas en las chacras. Además, el personaje se pone cada vez más mítico, parece dominado por “una confabulación cósmica 36” que le impide actuar con la motricidad adecuada a la supervivencia en la selva. Con el tiempo, se va confundiendo su imagen con la de Yasy Yateré, convirtiéndose en un ser medio mítico37 y queda tragado por la selva y el olvido…
En el capítulo XVII, se vuelven a bifurcar los senderos, las historias se cruzan como partículas lanzadas al espacio-tiempo textual, Manfrini entabla un diálogo de suma importancia con Antonia, muy endotextual37 por cierto, porque los dos son escritores y hablan de la ficción, salta de nuevo al tapete el tema de su novela: Viaggiatore senza Passaporto, que viene a ser una especie de hipotexto del libro…
– ¡Manfrini!… ¡Usted es periodista, sabe cómo se maneja a la gente!, Usted sabe perfectamente cómo se puede inventar una historia!… ¡yo leí su libro! Usted es muy creativo, por lo tanto podrá entender que el universo no tenga una sola historia… tiene todas las historias posibles.
– ¡No se vaya por las ramas Antonia!
– ¿Conoce la teoría formulada por Feynman, acerca de las historias múltiples… donde hay lugar para el tiempo real y para el imaginario? Puede ser que su Cristino corresponda a su tiempo imaginario.
– ¿Me está hablando seriamente?
Desde luego, más allá de la anécdota de tipo policíaca -Manfrini está buscando de forma compulsiva a su coleccionista de orejas y a Cristino- la alusión a Feynman es una clara vuelta atrás, al comienzo del libro, a sus fundaciones textuales, a ese prefacio que no lo es, y también una verdadera reflexión sobre la escritura; el texto al mirarse a sí mismo le da la ilusión al lector de auto generarse, como en las mejores ficciones de Roa Bastos…
Al tener el universo “todas las historias posibles”, el texto, como el hombre, forzosamente, las tiene también, pero no basta con decirlo, hay que demostrarlo en el proceso de la escritura; el lector en esta parte clave de la obra se encuentra en aquel raro punto donde las historias se cruzan, terminando unas y naciendo otras, en un proceso transfinito…
Pero cuando uno se imagina haber alcanzado ya el clímax del libro, viene otra sorpresa, el relato en primera persona de Antonia39 , que cuenta su violación por el indio blanco de niña, y alude al trato de Mengele por Cristino, esto es, se repite el clímax, hay doble desenlace:
Los recuerdos más bochornosos se remontan a la época cuando fui violada. -Le voy a contar a tía Serapia y te van a enjaular! – grité en vano, pero el indio ni se inmutó y me siguió olfateando como lo haría un perro, luego me ubicó en cuatro patas, sujetándome violentamente de los senos mientras me comenzó a susurrar: […] Pero el estremecimiento me sobrevino cuando comenzó a relatarme la forma en la que dio muerte al alemán. (E.C.D.O., p. 98)
Se trata también para el lector de un golpe por sorpresa, ya que uno entiende que Cristino no es sólo un ser cósmico sino también un ente medio monstruoso, ya se había enterado de sus macabros talentos de agasajador de cuerpo, con lo de la muerte de Pavón, pero también comprueba que le arruinó la infancia a Antonia. En este momento preciso, el proceso se invierte, la fría directora estronista casi fascista de la Fundación Pavón-Grisini pasa al rango de víctima y Cristino cobra por fin su imagen de verdad, la de un monstruo, más allá del bien y del mal, porque al vivir entre dos mundos, totalmente aculturado, no pudo entender ninguno, de ahí su vuelta lógica a la selva, como “paria perpetuo”… (E.C.D.O., p. 99)
Por último, en el tramo final del libro, después de la pelea del restaurante, Manfrini y Antonia se vuelven dos polos opuestos, antagónicos, sin embargo, se reúnen e incluso se aman en el sueño, y desde luego, les tocará unirse, fundirse cogiendo, una sola vez, antes de separarse definitivamente al final, cada astro con su propio rumbo…
Pero lo más interesante en cuanto a endotextualidad, es el último texto que nace de todos estos textos interrelacionados entre sí desde el comienzo, y cuyo epicentro es el indio blanco, el sabroso “sainete40” entre un vendedor ambulante maká y Manfrini, en una vereda de la calle Estigarribia. De hecho, al preguntarle al indio el suizo de Lugano -tan obsesionado por su personaje como el propio autor41 – que le cuente algo del indio albino, el vendedor con mucha sorna, muy paraguaya por cierto42 , le contesta, en guaraní: ““¡Nooo!… ¡Mbaé, nde tarova pio kure morotï… ja ja ja!”, (E.C.D.O., p. 101) lo que vendría a significar: ‘¡No!… ¡ No me hables de ese chancho blanco loco… jajaja!”, o sea que viene a confirmar lo recientemente expuesto: ni los indios lo identifican como suyo a Cristino, está definitivamente fuera del mundo…
En el último diálogo pre coito entre Manfrini y Antonia, antes de que la pastillita azul termine de forma abrupta con los preámbulos literarios, se pone vertiginosa la endotextualidad. Antonia le confiesa a Leandro que está re-escribiendo su biografía, y dado que es la primera versión, el suizo italohablante se aprovecha para echarle a la cara su duplicidad, pero ella no se inmuta, y le contesta muy calmosa que todo tiene “doble cara ”, su ficción, la de Manfrini y también la que estamos leyendo: “-¡Ok!… ¡muy bien! ¿Y Usted cree que esta novela que protagonizamos, no está llena de falsedades?” (E.C.D.O., p. 103)
Luego, cada uno recorre su propia trayectoria, Manfrini deja el Paraguay en avión y Antonia desaparece de forma sorprendente en una curva entre Luque y Areguá, con la probable ayuda del Doctor Garcilazo, muy molesto por cierto con el tema de las memorias de la señora Pavón-Grisini…
Y a nivel textual, las últimas tres páginas están a la altura de lo expuesto antes, o sea que esta novelita -con diminutivo, no por corta sino por densa y múltiple, por darle al lector la ilusión de auto crearse, por devolverle al personaje toda su fuerza respecto del autor- nos depara una última sorpresa, en primera persona: el autor se hace personaje también, como era de esperar, bajo un doble enfoque, él de compañero de juego de Fernando y Cristino de joven:
No tengo certeza de que Garcilazo haya sido el responsable de la muerte de Antonia, como tampoco la tengo sobre la muerte de Mengele. […] La primera vez que supe de él, [de Cristino] fue durante una tormenta de verano; de esas que en instantes transformaban la calle San José en un caudaloso arroyo color terracota. Yo estaba jugando en la casona de los Pfannl […] cuando un vecino comenzó a gritar pidiendo auxilio para salvar a un niño –Fernando Palavecino-. (E.C.D.O., p.103)
Y además, él de compilador de todas estas historias también: “Al hacer un recuento de quienes me inspiraron, debo destacar a Manfrini.”
En la última página, esta voz narrativa nueva, eco de la primera página, la de un autor disfrazado de personaje, por fin saca a luz su verdadero propósito: escribir “una oda [al indio blanco] que con el tiempo tal vez se transforme en el epitafio de toda una cultura.” (E.C.D.O., p.107)
Pero como en los mejores coitos, el goce textual se repite, no se acabó la obra con esta frase que parece ser la última, brota otra historia de las historias, totalmente cósmica con su “lluvia de estrellas fugaces” del título, y completamente mítica, con el indio blanco “abriéndose paso con su bastón de plata”, (E.C.D.O., p. 109) por las sendas de la selva de Mbaracayú, hecho ya un semidiós, colgado “…en algún punto del cosmos .”, desprendido por siempre del mundo a menudo mediocre -y odioso a veces- de los hombres…

Bibliografía

Bedoya, Esteban,
La fosa de los osos, Editorial Arandurá, Asunción, 2003.
El coleccionista de orejas, sin editar, 2011.
Barthes, Roland, Le plaisir du texte, Editions du Seuil, París, 1973.
Courthès, Éric,
Lo transtextual en Roa Bastos, Universidad Católica, Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 67, Asunción, 2006
“El algotexto roabastiano”, Université de Paris IV La Sorbonne, Cahiers du CRIMIC SAL, París, 2008.
Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland, Servilibro, Asunción, 2010.
« El goce del texto roabastiano », Nuestra América, Universidad Fernando Pessoa, Oporto, en prensa.
Gombrowicz, Witold, Pornografía, S.A. Editorial Seix Barral, Biblioteca Witold Gombrowicz, Barcelona, 2002, (1960).
Manfrini, Leandro, Viaggiatore senza passaporto, Editore G.D.P., Lugano, 2001.
Overaas, Anne-Marie, “Nivola contra novela”, Edciones Universidad Salamanca, Salamanca, 1993.
Roa Bastos, Augusto,
Metaforismos , Edhasa, Barcelona, 1996.
El trueno entre las hojas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1997, (1953).
Unamuno, Miguel de, Niebla, Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1985 (1914).

Notas:

1« En su origen la cosa más simple es ya un microcosmos completo en expansión. », Augusto Roa Bastos, Metaforismos , Edhasa, Barcelona, 1996.

2Fíjense en las interesantes teorías de Pablo Paniagua sobre la literatura fractal en:
http://www.literaturafractal.blogspot.com/

3Véase al respecto el excelente artículo de vulgarización del argentino, Javier López:
http://www.espacioprofundo.com.ar/verarticulo/Introduccion_a_la_Cosmologia_-_Segunda_Parte.html

4Los antecesores de Einstein pensaban que el espacio-tiempo era uniforme y plano, cuando en realidad, es múltiple y está ligeramente curvado…
http://fr.wikipedia.org/wiki/Richard_Feynman

5Javier López, íbid.

6Augusto Roa Bastos, Metaforismos.

7Famosa cita de Einstein.

8Javier López, íbid.

9Consulten con provecho mi nota más lograda a ese respecto: “El algotexto roabastiano”,
http://www.crimic.paris-sorbonne.fr/actes/sal3/courthes.pdf

10Véase de Roland Barthes Le plaisir du texte, Éditions du Seuil, París, 1973,
http://books.google.fr/books?id=68l4WHlI1MsC&pg=PA146&lpg=PA146&dq=hipolog%C3%ADa+Roland+Barthes&source=bl&ots=r8thH8cybj&sig=LejT_Td1dGHZ7EQE5wd2wJrVE-w&hl=fr&ei=AxU5TLvHLsGzuAfztbCiBA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CBUQ6AEwAA#v=onepage&q&f=false

11Duende guaraní, enano, diforme y blanco, que raptaría a las mujeres a la hora de la siesta…

12Desde luego, no se trata de un prefacio ya que ya empezaron a desarrollarse las historias, además, le antecede otro textito, que tampoco es capítulo, enfocado en el goce mórbido del coleccionista de orejas en morder las orejas de su colección para “tragar el alma del muerto”…

13Personaje real y gran amigo suyo, de Lugano.

14O sea que los hipotextos, reales o ficticios, engarzados con el cuerpo de la novela, no faltan y le dan al lector una sensación de autenticidad e historicidad, y demuestran a las claras la teoría del texto generado por otros y generador de otros, del texto cero, “el núcleo textual primigenio”, desde el cual todo es posible y factible en el universo en expansión de la ficción…

15‘Niño blanco’, en guaraní.

16A Esteban, sea lo que sea la situación descrita, incluso la más trágica, nunca le falta el humor, prefijado en el subtítulo transgenérico de su obra…

17Cada oreja, además de su retribución por el patrón, equivalía a 100 hectáreas robadas a los indios…

18Íbid. p. 14. El lector se enterará después de que ese hogar le servía de tapadera al abogado Fernando Pavón y su esposa, Antonia Grisini, para organizar un sistema de trata de blancas en Suiza…

19De origen italiano, sus abuelos habrían colaborado con el Duce, antes de recalar en Paraguay…

20Desde luego, la onomástica no es nada casual en este caso, pero no sólo se trata de recordarle al lector el papel importantísimo de Roa Bastos en contra del dictador Stroessner sino que también es una especie de pied de nez a la historia y una forma graciosa de evacuarla…

21Es de recordar que uno de los experimentos más macabros de Mengele lo fue con mujeres embarazadas con gemelos, que le servían de conejillos de indias para comprobar sus teorías sobre el eugenismo…

22En cambio, sí sirve para aliviar las penas sexuales de Fernandito e incluso las de su madre, doña Serapia…

23En realidad, “el ángel de la muerte” se habría muerto ahogado en 1979, en la playa de Bertioga, en Sao Paulo, Brasil.

24El árbol de la muerte según los guaraníes, en efecto, la higuera de los monos es un árbol parásito cuyas semillas llevadas por los monos a árboles vecinos terminan matándolos por estrangulación. En uno de los mejores cuentos de Roa, “La tumba viva”, de El trueno entre las hojas”, se utiliza esta misma simbólica del sepulcro vegetal. Por mi parte, elegí ese árbol mágico de imagen de portada de mi primera novela, Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland, Asunción, Servilibro, 2010, por ser mi personaje totalmente inmortal…

25El enfoque del autor, dentro del mundo colorado, y su capacidad satírica, nos permiten aprehender mejor los resortes sicológicos de esos oportunistas presumidos…

26Referencia a Itaipú, una de las mayores represas del país, con Yacyretá, cuya gestión binacional – entre Paraguay y Brasil-, se hace a expensas de los paraguayos, quienes, gracias al impulso de su presidente Fernando Lugo lograron recientemente aumentar la compensación anual pagada por el país vecino:
http://www.abc.com.py/nota/en-brasil-se-trataria-hoy-el-ajuste-por-la-energia-paraguaya/

27Los proveedores son miembros de una especie de secta cuyos miembros medio nazis y medio hippies, aunque parezca medio inverosímil esa conjunción ideológica, viven fuera del mundo, en su propio universo de fumatas de macoña y degustación de setas de bostas, y no tardarán en endiosarlo al Indio blanco…

28Antonia le dice « mi íncubo », ibid. p. 55, en una nota de a pie, el autor nos explica que “Se dice del espíritu, diablo o demonio que tiene relaciones sexuales con las mujeres, bajo la apariencia de un hombre.” La temática del monstruo violador de mujeres es una de las más recurrentes en la obra de Esteban, véase el caso muy llamativo de Miguel Podestá en La fosa de los osos, Asunción, Arandurá Editorial, 2003.

29“Justo ahora las tres degeneradas se vienen a escapar del prostíbulo en Suiza!… ¡Cuándo se van a dar las cosas como la gente!”, se pregunta a sí mismo ofuscado el senador Pavón…

30Vuelve a aparecer en la trama su historia -que es el núcleo de todas las historias del libro-, y aquel personaje central tendrá un papel protagónico al final…

31Gracias a este protector, la familia Pavón-Grisini nunca tuvo problemas, ni siquiera cuando Cristino lo hizo morcillas al cuerpo del asqueroso chancho Pavón, en la cocina, repitiendo una de sus recetas preferidas…

32Los indios descontentos de todas las etnias han elegido desde hace años esta preciosa plaza céntrica de Asunción para acampar y presionar mejor al I.N.D.I. y al gobierno paraguayo, habida cuenta de los problemas sanitarios que acarrean sus estadías en esas condiciones infra humanas, en pleno centro…

33Véase mi artículo al respecto, « El goce del texto roabastiano », Nuestra América, Universidad Fernando Pessoa, Oporto, en prensa; en el cual relaciono las teorías de Roland Barthes con la obra de Roa, según el famoso semiólogo francés, el goce del texto radicaría en “« la escritura en alta voz », la cual pertenece al genotexto, a la significancia :” un texto donde se pueda escuchar el grano del gaznate”, o sea el texto que el escritor se lee a sí mismo al escribirlo, y estoy seguro de que Esteban en aquel momento preciso lo estuvo gozando también al máximo…

34’Jaguar’

35 Íbid., p. 92. Me dice al respecto Esteban, en uno de sus mails, que Cristino está en esos momentos bajo “la influencia del cielo”, de lo cósmico, o sea que sería esta parte una anticipación de la referencia a las teorías de Feynman, que aparecen luego en la página 97…

36Ya definí este concepto en mi primer ensayo de semiótica, Lo transtextual en Roa Bastos, Asunción, Universidad Católica, Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 67, 2006, de la forma siguiente: “Un texto que se mira a sí mismo y que le da la ilusión al lector de autogenerarse.”

37Sacado de su “cuaderno de apuntes”, o sea de la novela que está escribiendo, otra vez una endotextualidad casi mágica nos propicia el autor…

38« Novelita o sainete prolongado » reza el subtítulo, que no es sólo remático sino también semiótico. En efecto, “novelita” no es una marca de falsa modestia sino una posible alusión a Unamuno*a, en cuanto a “sainete”, si bien es cierto que no se trata del intermedio teatral tragicómico de la Edad Media, ya que estamos al final del libro, es una evidente reinvindicación de transgenericidad por parte del autor. De hecho, en esta novela corta pero densa, rebosante de “múltiples historias” a lo Feynman, Esteban Bedoya apunta a un nuevo género, un “sainete prolongado”, o sea una pequeña diversión para el público, que en lugar de estar enmarcada por el cuerpo del texto, situada en su mitad, es el propio texto… Pues nos sugiere algo muy sencillo, aquel texto no empezó en su comienzo y tampoco terminó en su final, es como el universo, transfinito otra vez…

*a: ¿Novelita remitirá a nivolita? Lo cierto es que los personajes de Esteban, tal como el heteronímico Víctor Goti de Niebla, están al mando de la ficción, manejan los hilos de “las múltiples historias”, atan sus cabos, Manfrini como amigo, co-autor y personaje, y Cristino, como meollo del ovillo textual. El concepto unamuniano de nivola sacado de Niebla remite a un pasaje de dicho libro en el que Víctor Goti “describe su novela y explica cómo quiere que sea en una conversación con Augusto, en la que se cita toda Niebla en forma concentrada” […] Este neologismo contribuye a que Niebla –y también la novela de Víctor Goti- escapen a las definiciones y limitaciones genéricas.”, Anne-Marie Overaas, “Nivola contra novela”, Edciones Universidad Salamanca, 1993, p. 85 y p. 87.

39Manfrini fue secuestrado por un grupo paramilitar, liderado por un fascista , esa circunstancia es descripta en su libro Viajante sin pasaporte, historia que da pie a la trama imaginada por Esteban, lógicamente, es también un personaje fundamental en la novela, siendo amigo de él, por tanto, no es de extrañar que le retribuya de esa forma novelesca la fuerza de su fuente de inspiración el Señor Bedoya, por ser él todo un caballero…

40El Paraguay es de por sí el país de los cuentos, en el cual ficción y realidad se entremezclan a cada rato, y donde nunca falta ese tipo de humor, con que la gente se regocija con la capacidad de invención y la picardía de sus personajes públicos, o no…

41Es más, ese maká errante de la calle asuncena ya no es totalmente indio, su ocurrencia es tan paraguaya que en realidad, a través de esta frase, trasluce la opinión de todo un pueblo mestizo*a, no se solidariza con el indio blanco sino todo lo contrario, para él Cristino es un tarová totalmente colgado y por ende inadaptable a su entorno sociolingüístico…

*a: Ojalá algo cambie al respecto, con la reciente atribución del Premio Bartolomé de las Casas, a mi amigo Bartomeú Meliá, uno de los principales mentores de mis primeras obras de investigación sobre el Paraguay:

http://laisladeroabastos.blogspot.com/2011/09/premio-bartolome-de-las-casas-2011-para.html

42Cita inicial de Witold Gombrowicz, el genial escritor polaco argentino, maestro si los hay de la serialidad, heredada del escritor húngaro, Arthur Koestler y del biólogo austriaco, Paul Kammerer, y por lo tanto de la multiplicidad de las historias, tipo Richard Feynman.

http://fr.wikipedia.org/wiki/Witold_Gombrowicz

http://fr.wikipedia.org/wiki/Arthur_Koestler

http://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Kammerer

Acerca de eroxacourthes

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2 respuestas a Las múltiples historias del Señor Bedoya

  1. Al leer el análisis de Eric, siento que sin proponérmelo, he dado con un personaje de la propia ficción del “Coleccionista de orejas”. Tengo la ligera sospecha de que Eric (consciente o inconscientemente) mantuvo relación con uno, o más de uno de los protagonistas de mi “novelita”. No es una cuestión de intoxicación literaria (propia de quienes rumian ideas durante años), es simplemente la capacidad “temporal” de percibir fenómenos que se mueven en distintas dimensiones, sin que esto signifique que uno esté listo para ingresar en el manicomio. En cuanto a Eric, el se salva de cualquier diagnóstico “torcido”, gracias a su lúcido análisis de las fuentes que inspiran y respaldan el argumento de mi historia… y como si fuese una concesión generosa, también me salva a mi.

    • Gracias amigo Esteban, tu texto da motivo a muchas lecturas y a re-escrituras, es sin lugar a dudas un exotexto, de los que te condenan a comentar e imaginar nuevas pistas, nuevas historias, en aquel proceso medio mágico, a pesar de ser actor de esa re-escritura, termino siendo también un personaje, un lector tan involucrado en tu ficción, que me adueño de ella….

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