“Catálogo Bonpland del Museo Bonpland de Corrientes”

BIOGRAFÍA
Humilde como el de Asís
él suyo, ciencia del alma
Ser bueno, como una planta
para llenarse de flores
de cantos, nidos y ramas
Carmelo J. Bonpland, 2005
La vida de Amado Bonpland desde su nacimiento tuvo una trayectoria singular, su verdadero nombre es Aimé Jacques Alexander Goudjad nace el 28 de agosto de 1773 en La Rochelle, hijo del farmacéutico Goudjad-Bonpland hermano de médicos y de capitanes exploradores, de su padre toma el apodo Bonpland.
Estudia medicina pero además se forma en Ciencias Naturales en el Jardin de Plantes de París con cursos a cargo de Thouin, Lamarck, Desfontaines, C. Richard y Laurent de Jussieu. Ese afán naturalista, hizo que cruzara en el camino con el barón Alexandre von Humboldt, y desde ese momento viven una singular amistad.
Siendo muy jóvenes se conocen en París, Humboldt con estudios en geología, especialista en minas, geógrafo y apasionado astrónomo. Bonpland médico cirujano, especialista en medicina comparada, botánico, geólogo, zoólogo y hasta paleontólogo; ambos viven el siglo XVIII, el de la Ilustración, que los envuelve y los abraza, ese ambiente ilimitado de confianza en la razón, la ciencia y la libertad, que además lo definiría a ambos en sus largas vidas. Al decir de Guillermo Furlong (1958) “fue al lado de Humboldt que Aimé Bonpland llenó las ánforas de su privilegiado intelecto con el más exquisito néctar del saber”.
Cuando Humboldt conoce a Bonpland lo describe “alto, grueso y vigoroso, con una gran cabellera enmarañada. Aimé se parecía al vino de Francia, era una combinación de alegre vitalidad con una profunda corriente interior de riqueza y fuerza” (Hagen 1946).
A fines de 1788 parte con Alexander von Humboldt a España, la recorren por un año, luego Canarias, en el año 1799 parten desde España, donde Humboldt tiene relaciones en la corte Madrileña y por lo que consigue franquicias para viajes a la América equinoccial, que lo llevaría a la selva y a los páramos de la Cordillera de los Andes. Por cinco años, Bonpland colecciona y describe 60000 plantas en Venezuela, Santo Domingo, Jamaica, Colombia (III.1801), Ecuador (VI.1802), México (III.1803-II.1804), Cuba (II.1804). Para realizar estos viajes dependieron financieramente de los fondos de Humboldt, pero Bonpland recibió un legado por testamento de 50000 francos en el caso de que él falleciera, Bonpland nunca olvidó esta generosidad de su amigo.
Ambos alcanzaron en estos viajes la altura de máxima jerarquía de los naturalistas de su época, llegando a Estados Unidos fueron recibidos por el Presidente Jefferson, ante quien Humboldt pronunció calurosas palabras, así poder obtener el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Durante 5 años Humboldt y Bonpland fueron íntimos camaradas que superaron juntos todas las fatigas de un viaje de naturalistas, al decir Schneppen “ vivimos juntos como dos amigos, dos hermanos, lo que me pertenece, le pertenece también a él, la gran armonía que hemos mantenido todo el tiempo nos ha hecho olvidar las innumerables dificultades a las que hemos estado expuestos entre los salvajes del Orinoco, del Río Negro, del Amazonas, y de la cumbres nevadas de la gran Cordillera de los Andes”.
En agosto de 1804 regresan a Europa por Burdeos (Francia), lo que fue celebrado como el segundo descubrimiento de América, en efecto lo fue para la Ciencia, han recorrido 9000 millas, antes de abandonar Francia (1799) Napoleón era Cónsul y cuando regresan Napoleón estaba restaurando la Monarquía, coronándose Emperador de los franceses.
Pero a Bonpland el régimen le era demasiado arbitrario y para él los pueblos de América deberían independizarse, mientras para Humboldt que profesaba una lealtad indeclinable hacia la Monarquía hispánica (que la había extendido el pasaporte extraordinario para viajar a Sudamérica) solo debería haber reformas para una mayor organización de los pueblos americanos.
El 18 de diciembre de 1807 A. Humboldt y A. Bonpland ofrecieron al Museo de París 45 cajones conteniendo miles de especies, representados por 60000 ejemplares de herbario, de las cuales 6300 son nuevas especies para la ciencia que fueron publicados en parte Plantae equinoccioides.
Humboldt interesado en minerales, formaciones geológicas, mecanismo de los volcanes y altitud de las principales cumbres de los Andes, traza nuevos mapas, a estos naturalistas los unía una aventura, ese afán de explorar donde Bonpland salva la vida de Humboldt varias veces, una vez lo salva de un peligroso naufragio entre los caimanes del Río Orinoco, otra vez en el Chimborazo cuando Humboldt pierde la huella, que se les había borrado por la nieve cubriendo el camino, otra cuando se pierden en la espesura de una selva ecuatoriana.
El gobierno francés le agradece a Bonpland el éxito de la expedición ofreciéndole una pensión anual de 3000 francos (por una parte del legado de la serie del herbario que ambos hicieron en América).
Napoleón, amigo de los hombres de ciencia, lo nombra jardinero imperial y la Emperatriz Josefina le dispenso su protección, y queda a cargo de los jardines de La Malmaison
En el año 1815 apareció el primer volumen de Nova Genera et Species Plantarum, llevó 10 años en terminar de publicarse. Trabajó como Intendente Inspector nombrado
por la Emperatriz Josefina en el Jardín de la Malmaison, cuya rosaleda fue ilustrada por Rodouté, jardín organizado por Ventenant. En Septiembre de 1810 Humboldt le envía una carta donde le recuerda a su amigo de la obligación moral que había asumido en 1798 de trabajar en los manuscritos de plantas, finalmente le encargan a C.S. Kunth la revisión del material botánico quien publicó en 7 tomos con 700 láminas entre 1816 y 1825, siendo Humboldt el que desembolsó la suma necesaria para la publicación.
En Francia a la vuelta de la expedición de la América equinoccial, Bonpland, publicó muy poco y por las exigencias de Humboldt al principio se ocupó de las descripciones de las plantas, pero pronto hizo otras cosas, descuidando la descripción de plantas de América. Krapovickas (1970) dice que “si bien era un eximio botánico de campo, era remiso en dar forma impresa a sus conocimientos”.
Lastimosamente la muerte de la Emperatriz Josefina y la caída de Napoleón cambiaron la situación de Bonpland. Acompañó al gran Corso en la batalla de Waterloo. Después de la derrota de Napoleón la muerte de la Emperatriz Josefina le significó un duro golpe, Bonpland es perseguido y se ve obligado a emigrar hacia tierras americanas.
Bonpland se casa a los 40 años con una mujer 20 años menor que él. En Londres conoce a Simón Bolivar (1814-1815), quien trata de convencerle de que volviera a América. También conoce a D. Bernardino Rivadavia, quien cumplía una misión diplomática en Europa, también a Manuel Belgrano y Sarratea.
América lo hechiza a Bonpland, y decide viajar hacia a ella, aceptando la invitación de Rivadavia. Llega a Buenos Aires el 29 de enero de 1817, trayendo 2000 plantas, 500 pies de vid, sacadas del Jardín de Luxemburgo, 600 sauces, 40 naranjos y limoneros, traía semillas y su gran biblioteca.
En febrero de 1817 se establece en una casa cercana a la actual Plaza Garay de Buenos Aires, participan de tertulias donde se reunía la aristocracia y sociedad porteña, allí conoce entre otros al General José Francisco de San Martín, es además amigo de Ramírez y de Rosas. Frecuenta salones de Buenos Aires donde conoce al pintor Carlos Pellegrini, quien le hace un retrato.
Visita la isla Martín Garcia y explora el delta del Paraná, donde reconoce plantas que llegan desde Misiones y Corrientes, lee a Félix de Azara y se entusiasma con las descripciones de la lujuriante selva y fauna de Misiones y del Paraguay, esta vez persigue un doble objeto, el primero es científico, la de explorar la historia natural de estos lugares y el segundo objetivo el de multiplicar plantas útiles del Paraguay y norte de Argentina. Pero su preocupación era la yerba mate, viaja el 1 de octubre de 1820 en la sumaca “Bombardera”, con destino a Corrientes, allí se entrevista con el caudillo Francisco Ramírez.
Bonpland coleccionó palmeras, orquídeas, hierbas y bambúes, achiote, entre las casias y dioscoreas. Se abrió como un lirio el alma botánica de Aimé en su vuelta a Sudamérica
El 11 de mayo 1821 se dirige a Caá Catí, con recomendaciones para el Cap. Nicolás Aripí, llega a Candelaria, frente a Itapúa. Se establece en el Cerrito donde lastimosamente cae preso el 18 de diciembre de 1821, en manos del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, preso por 500 soldados paraguayos que lo trasladan a Cerrito, cerca de Santa María de las Misiones y del Río Tebicuary, entre Santa Ana y Santa Rosa, dura 9 años su cautiverio.
Al ser un gran admirador de los Jesuitas. Según Furlong (1958), existe en la Compañía de Jesús (Buenos Aires) un escrito: “Noticias dadas por Amado Bonpland sobre las misiones jesuitas del Paraguay”. No era agitado por ideas de clase emancipadoras, era el hombre de ciencia par excellence, un hedonista de la naturaleza, satisfecho con lo que le brindaba el momento y la ocasión, lastimosamente el dictador Francia llegó a tener la persuasión de que Bonpland sería un espía y dispondría una invasión sobre el Paraguay.
Durante su estada en el Paraguay coleccionó plantas, se interesó en las plantas medicinales y la cura de las enfermedades por los Guaraníes, crió ganados, practicó la medicina, llegaban de varios lugares del país buscando aliviar sus males. Tanto en América como en Europa la suerte de Bonpland causó consternación. El dictador aisló a su país y mucha gente pensó que el naturalista estaría como muchos otros prisioneros dentro de un calabozo, en una de las tantas cárceles llenas de europeos y americanos.
Reclaman su libertad Alexander Humboldt, Simón Bolivar, el Emperador del Brasil, Don Pedro 1ro, José Bonifacio, Visconde de Cachoeira, la señora de Bonpland desde Río de Janeiro. Todos pedían su libertad, el 30 de mayo de 1825 Simón Bolivar le escribe a Santander desde Arequipa sobre su propósito de conquistar el Paraguay para liberar a Amado Bonpland. Humboldt escribe un oficio pidiendo la libertad de Bonpland donde lo calificó de “sabio, virtuoso y mi adorado amigo”, rogándole por la libertad del señor Bonpland en nombre de millones de americanos, en obsequio de su humildad, la sabiduría y la justicia.
Cuando el general Carlos M. Alvear y José Díaz Vélez, plenipotenciario de las provincias unidas del Río de la Plata se reúnen con Bolivar, este les solicita su colaboración y apoyo y les da a conocer su idea de avanzar por el Río Pilcomayo para así llegar al Paraguay para libertar a Bonpland. Pero el dictador del Paraguay, atormentado por los dolores reumáticos y neurálgicos, cada vez más agudos, acude al naturalista francés a través de un oficial, a la vuelta de este oficial Bonpland le envía plantas medicinales y pomadas que le hacen aliviar sus males.
Es liberado el 12 de abril de 1829 y el 2 de febrero de 1831 cruza el Río Paraná, desde su casa de Cerrito donde vivía en una vivienda con gran humildad; dirigiéndose a San Borja (Brasil), costa del Río Uruguay con todos sus bienes adquiridos en sus 9 años de cautiverio, llevando una tropa de yeguarizos, 800 cabezas de ganado y 8 carretas de bienes, entre ellos plantas herborizadas y animales disecados. En San Borja organiza
un establecimiento agrícola-ganadero, en un campo de 30.000 varas cuadradas. Pronto envía al Museo de París 25 cajones de sus colecciones.
En el año 1837 viaja por Corrientes y se establece en el Rincón de Santa Ana, cercano al Río Uruguay, para ocupar un campo de 12000 hectáreas cuadradas. Explora Corrientes, Costa del Brasil (Barra do Quareim, Itaquí) envía desde Montevideo cajas al Museo de París. Se casa en segundas nupcias, con quien tiene 3 hijos: Carmen (1843), Amado (1845), Anastasio (1847). Cada 2 años viajaba a Montevideo para cobrar la pensión que le otorgaba el gobierno francés, donde además visitaba amigos y despachaba correspondencia y envíos a los Museos de París.
Pronto envía a Europa ricas colecciones tanto de Paraguay como de San Borja, especialmente sus investigaciones sobre el tanino. En ese lapso viaja a Asunción del Paraguay, donde Carlos Antonio López lo trata con honores ilustre.
Al decir de Alicia Lourteig, curadora del Museo Phanerogamie de París, “el estudio de las plantas fue la pasión de su vida”, como botánico nos legó sus colecciones, descripciones y muchas plantas correntinas pudieron ser descriptas gracias a sus colecciones especialmente depositadas en París. Estudia el pájaro campana de los paraguayos, lo compara con el ferraro de los brasileros, los describe, los embalsama y ve que se tratan de 2 especies, también describe a una planta rara, la balanophora, parásita.
También en el año 1837 baja hasta Buenos Aires, atendiendo a la Señora de Rosas, escribe cartas, sus manuscritos donde describe plantas, inclusive las ilustra, permanecen inéditas.
Los manuscritos Bonplandianos sobre botánica del 1-2449, fueron hallados gracias a la perseverancia de la profesora misionera de Ciencias, Sara Clotilde M. González de Fernández, que ha investigado el destino de los manuscritos y llega a encontrar en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia. En el año 1924 traslada dichos manuscritos a la biblioteca de Museo de Historia Natural de París. Estos manuscritos fueron estudiados por el Sr. Metmen en París, quien además los fotografió y envió a la Sra. de Fernández, que actualmente se encuentran perdidos en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires.
A. Bonpland mantuvo correspondencia con grandes naturalistas y políticos, hoy testigos de una época, participa como unitario en la guerra 1840, donde hace intermediario con las fuerzas navales europeas y estos.
El gobierno de Francia en el año 1849 le envió la Cruz de la Legión de Honor. En 1851 Bonpland visita a Urquiza, en la Quinta de San José, allí conoce a Domingo Faustino Sarmiento, y el 7 de abril de 1852 es nombrado Miembro de Ciencias de París, y el 1ro de enero de 1853 aparece en Hannover (Alemania) la revista Bonplandia, como órgano oficial de la Academia Leopoldina Carolina.
En esta época ya era conocido el “café bonpland” (Cassia occidentalis), que bebía la gente en reemplazo del café.
Cuando habla del Irupé, en un viaje de Septiembre de 1818 describe detalladamente un ejemplar (146) como Nelumbium, en mayo de 1821 halla la misma planta y se da cuenta que se trataría de otro género. En agosto de 1831 describe una planta de Corrientes en el arroyo Santa Lucía sobre la margen izquierda del Río Uruguay. Se trata de Victoria cruziana, que luego de d’Orbygni lo describió como nueva especie.
Sus diarios de viajes dan pinturas del paisaje, de la vegetación y de las rocas, piedras como la configuración del terreno. La selva virgen está admirablemente descrita con sus palmeras, pájaros, flores, perfumes. Él viajaba a caballo y se orientaba mediante una brújula.
Cuando trataba a los lugareños, lo hacia de muy buena manera, a los autóctonos los conocía bien y sabía ganarse su buena voluntad. Cuando organizaba una plantación de yerba mate, se preocupaba de traer peones, conducirlos al lugar y verlos cumplir sus tareas con placer y alegría. Utilizaba el paisaje y en su progreso de vida lograba obtener carnes saladas, ahumados y cultivar una huerta para uso común, también les enseñaba a su gente a cultivarlos para un progreso personal.
La Universidad de Greifswald el 17 de octubre de 1856 le otorga el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía, al celebra el 4to Centenario de su fundación. El botánico español Cavanilles (1800) le dedica el género Bonplandia del grupo de las Polemoniáceas, de México.
Se relaciona con Francisco Fournier, José Fonteneau y con Emilio Coni, durante su larga estada en Corrientes, Bonpland según Antonio Krapovickas coleccionó más de 3000 ejemplares de plantas que envió irregularmente a París, el set que quedó en su poder en Corrientes hasta hoy es un misterio y nadie conoce su paradero. En una carta a Humboldt el 7 de Junio de 1857, le cuenta de un herbario de 4000 ejemplares.
En el año 1854, Corrientes fue invitada a exponer en la Feria Internacional de París a llevarse a cabo el 1 de Mayo de 1855. La colección de elementos a llevar fue encomendada al pintor José Fonteneau y al farmacéutico Francisco Fournier. Como esta actividad no fue posible el Dr. Juan Pujol decide crear un Museo o Exposición Provincial Permanente ofreciendo a Amado Bonpland ser su Director el 10 de octubre de 1855; Bonpland ejerce la dirección en un corto tiempo y en una carta dirigida a Humboldt desde Corrientes le dice que se encontraba intercalando sus duplicados en el Herbario.
Tres años después, el 11 de mayo de l958, A. Bonpland deja de existir en Restauración y el conde de Broissard envía las pertenencias del sabio a Francia, quedando el Museo de esa forma desmantelado y es de presumir, que cerró sus puertas.
El 29 de Diciembre de 1894, el Gobernador Valentín Virasoro lo funda por 2° vez y es director el Prof. Pedro Scalabrini, quien lo hace hasta el año 1898. Luego de pasar por
la Escuela Graduada Nº1 donde aparentemente sólo funcionó como depósito, el Museo se traslada en el año 1920 y funciona en la Escuela Nª3 del Centenario, donde se encuentra actualmente. Este edificio fue declarado de interés histórico provincial en el año 1989.
El 29 de marzo de 1927 se fundó el Museo Colonial Histórico y de Bellas Artes de la Provincia de Corrientes, con parte de las colecciones correspondiente a esta temática existente en el Museo de la Escuela del Centenario, el que luego de 1945 pasa al subsuelo de este mismo edificio.
Desde el año 1958, esta institución lleva el nombre de su fundador, en ocasión de conmemorarse el centenario de su fallecimiento.
A. Bonpland Fallece el 11 de mayo de 1858, a los 85 años, nos queda sus colecciones de cartas, esa relación con personas ilustres de la época. Fue inhumado en el cementerio de Paso de los Libres. Su gran amigo el Dr. Pujol comunicó oficialmente su deceso al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina.
Luego de su muerte una parte de los manuscritos fueron remitidos a París (28 de diciembre de 1858) en 2 cajones por intermedio del Cónsul francés en Asunción, Don Alfredo de Broissard.
Bonpland escribió mucho, publicó poco, al decir de Alicia Lourteig era un excelente corresponsal. El volumen de sus manuscritos (miles de páginas) implica una labor, rara disciplina en estos tiempos, una escritura en un francés arcaico, que resulta difícil su traducción y edición para un estudioso de la naturaleza.
Un pueblo del sur de Misiones lleva su nombre. En Ushuaia, al sur de la isla grande de Tierra del Fuego, está el río Bonpland. En Buenos Aires una calle del barrio Palermo, como así la de su mercado llevan su nombre. En Corrientes el pueblo donde él viviera sobre la costa del Río Uruguay y la ruta 14 lleva su nombre. El busto realizado por el escultor Schenone fue puesto en el año 1973 en la Plazoleta de la avenida Costanera que también lleva su nombre, también en Corrientes una calle en el barrio Pío XI. El poeta J. Gelman, 1971 le dedica en su poemario “Fábulas”, un poema, lo mismo Carmelo Bonpland en el año 2005.
Muchos botánicos le han dedicado géneros e innumerables especies (ver lista aparte), hasta hoy su trabajo en Corrientes no fue debidamente valorizado, sus manuscritos sobre la vida correntina permanecen inéditos. Actualmente la botánica moderna retiró su nombre, o autoría de las especies de la obra Nova Genera et Species Plantarum, cometiéndose uno de los mayores errores con este gran botánico que estudió y describió en el campo las plantas.
Los escritores que se ocuparon principalmente de estudiar y publicar su biografía son: Brunel (1871); Hamy (1906); Cordier (1914-1924); Domínguez (1939). Y en los últimos años Alicia Lourteig (1978-1996); Krapovickas (1970), entre otros.
Se escribió mucho sobre Bonpland y todos coinciden en su vocación al trabajo, que fue un hombre honrado y supo vivir en la humildad, un camino pocas veces superado y el ejemplo de su vida debiera ser un paradigma para nuestras actuales generaciones.
Obras donde citan a Amado Bonpland
Acot, P & M.N. Bourguet. 2003. Au Chimborazo, la geographie des plantes. La Revue 39/40: 84-87.
Angelis, P. 1854. Amado Bonpland, Revista del Plata, año 2.15: 282-287; 16: 301-304.
Angelis, P. 1855. Noticia biográfica de Mr. Bonpland. Revista de Buenos Aires: 3-14. imprenta El Comercio, 26 pags., 497-514.
Anónimo. 1850. Rapport de Napoleón Daui A l’Asamblèe Legislative Francaise sur des Affaires, de la Plata 17.XII.1849. Montevideo 1850. 36 pag.
Autram, E. 1905. “Important trouvaille-Manuscrits de Amado Bonpland-Correspondence indedite de Humboldt”. Courrier La Plata 2.X.1905.
Avé-Lallemant, R. 1858. Lettres á Alex de Humboldt.
Avé-Lallemant, R. 1859. Reise durch Süd-Brasilien. Leipzig 1; traducción portuguesa: Viagem pelo Sul do Brasil, Rio de Janeiro (1953).
Avé-Lallemant, R. 1980. Viagem pela província do Rio Grande do Sul. (1858). Colecc. Reconquista do Brasil. (Reise durch Süd-Brasilien. Leipsig. 1859).
Babini, J. 1996. La evolución del pensamiento científico en Argentina. 249 pág. Ed. La Fragua. Buenos Aires.
Barcheleto, F. 1999. Amado Bonpland. Revista Isondú, Año VI n° 6: 3-10.
Bonpland, Carmelo. 2005. Amado, El Buen Planta y sus historias. 96 pags. Buenos Aires.
Boo, H. 1998. Biografía de Amado Bonpland. Corrientes Tercer Milenio Año I. V: 11.
Bordenave, E. 1938. Amado Bonpland, Academía Nacional de Historia (Junta de Historia y Numismática Americana). 2° Congreso Internacional de Historia Americana 3: 224-249.
Bouvier, R. 1932. Le Robespierre du Paraguay, dans Albuquerque, París.
Bouvier, R. & E. Maynel. 1950. Aimé Bonpland, explorateur de l’Amazonie, botaniste de la Maimalson, planteur en Argentine, 1773-1858.
Brunel, A., 1871. Biographie d’Aimé Bonpland, compagnon de voyage et collaborateur d’ Al. de Humboldt. 3e. edición París: 1-185.
Brunel, A. 1913. Alexandre Humboldt, el retrato y biografia. Revista Técnica Ministerios Obras Públicas año 4. N° 13.
Brunel, A. 1914. Amadeo Bonpland, apuntes biográficos. Revista Técnica Ministerios Obras Públicas año 4. 43 275-290 (Caracas julio de 1914).
Brunn, B. 2004. Encuentro con lo ajeno, fauna, flora, etnias. Humboldt 126: 20-25.
Cardozo, E. 1938. Bolivar y el Paraguay. Academia Nacional de Historia. 2° Congreso Internacional de la Historia Americana 4: 133-140. Buenos Aires.
Castellanos, A. 1963. Bonpland en los países del Plata. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Naturales 12 (45):57-85.
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Coni Bazan, F. 1934. La Fundación del Museo de Corrientes. Imprenta y casa editorial “Coni”, Año 1934. Buenos Aires.
Coni Bazan, F. 1949. Amado Bonpland. Nota sobre yerbales. Lilloa 18: 361-371. Tucumán.
Cordier, H., 1914. Parte 1: Papiers inédites du naturaliste Aimé Bonpland conservés à Buenos Aires. Trabajos del Museo de Farmacia. Facultad de Medicina de Buenos Aires 30: 1-24.
Cordier, H., 1914. Archives inéedites de Aimé Bonpland–Lettres inédites de Alexandre Humboldt. Buenos Aires. Trabajos del Instituto de Farmacologia 31.
Cordier, H. 1914. Archivos inéditos de Amado Bonpland. Lettres inédites de A. Humboldt, prefacio de Henri Cordier. Trabajos del Instituto de Botánica y Farmacología de Buenos Aires numero [Arch. 1.] 31: 1-137 (1914); [Arch. 2] 42: 1-144 (1924); [Arch. 3] L-XVI, documentos (1939); [Arch. 4] I-XVI, doc. (1940).
Cordier, H. 1924. Parte 2: Papiers inédites du naturaliste Aimé Bonpland conservés à Buenos Aires. Trabajos del Museo de Farmacia, Facultad de Medicina de Buenos Aires 42.
Carrazonii, J.A. 1994. Félix de Azara. Peripecias de un sabio. Todo es Historia 329:8-31.
Carrazonii, J.A. 1998. Semblanzas y curiosidades científicas argentinas. Gráfica Editora, 191 pág. Buenos Aires.
Cerrutti. C. 2003. Aimé Bonpland, botaniste et aventurier, La revue 39/40: 38-46.
Courthès, Eric, 2009, Amado Bonpland, generador de reescrituras transgenéricas, Institut Cervantès,
París,  viernes13 cde marzo de 2009; Uninorte,
Asunción, miércoles 4 de noviembre de 2009,
http://www.crimic.paris-sorbonne.fr/actes/sal4/courthes.pdf

Le voyage sans retour d’Aimé Bonpland, explorateur rochelais,, París, L’Harmattan, Collection
L’autre Amérique, abril de 2010, http://www.harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=31196

Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland, Asunción,
Servilibro-Uninorte-Subsecretaría de Cultura de Corrientes, juin 2010.          

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