” La isla de Roa Bastos”, prefacio de Carolina Orlando

Carta para un Prefacio

 

"Un autor no escribe cualquier libro. Escribe el que quiere leer y que no encuentra en ninguna parte. Entonces el autor escribe y es escrito.", Metaforismos, Augusto Roa Bastos

 

Sabiendo muy bien que los escritores nos aferramos a la idea de Perfección y creyendo que algún Autor pudiera alcanzar tal meta, has sabido esperar La Obra Perfecta para analizarla.

Así es el crítico: busca eternamente esa obra oportunamente escrita-corregida para desarmarla, para leer entre líneas, para entrecruzarla con otros libros, cuentos, párrafos, oraciones, palabras. También podría decirse que hasta aquellos críticos que se conforman con la rutinaria tarea de elogiar por encargo, dependiendo de lo que las editoriales decidan publicar, buscan internamente al Autor que escriba La Obra para ellos.

Pero muy pocos lo consiguen, como muy pocos son los autores que van por el camino de la Perfección.  

Eric: encontraste tu Obra. Encontraste a tu Autor, y allí está el problema. Caíste en la trampa de uno de los Narradores más hábiles del “hacer-creer” de la literatura latinoamericana.

 

Tu augusto escritor poseía “El portaplumas-recuerdo”. Con él no solo escribió (me ayudo de tus ensayos): metaforismos, algotextos, hipertextos, desdoblamientos, dualidades, sino que también Corrigió (con todo el significado ético que la acción supone), produciendo el frenesí fractal necesario como para expander los resquicios roabastianos que buscan despertar inquietud y motivan a la escritura. Es decir, generan.

Entraste en el juego del “portaplumas-recuerdo”, Roa Bastos te hizo pesquisar hasta los más recónditos intersticios de la ínsula paraguaya, del bilingüismo paraguayo. Te convirtió en otro Hijo de su dualidad para que expusieras al mundo los detalles de su isla y de sus textos, que desde ella emanan. En tus trabajos puede leerse la estructura del secreto de una Obra, de su germen escritural, de la esencia roabastiana.

A tiempo debería haberme plegado a la actitud de los críticos sabiendo qué fatiga es construir un libro y qué mínima es la posibilidad de llegar a escribirlo en estrictez de arte, como sentenció un viejo maestro de un viejo escritor ciego. Pero, en fin, unos extraemos lo que La Obra de Augusto Roa Bastos nos produce en forma de ficción. Otros, como Carlos Meyer, en forma de imágenes. Hay quienes deciden publicar, también movidos por la embriaguez fractal, como Vidalia Sanchez. Unos, hacen documentales. Otros, deciden estudiar, analizar, criticar.

Llego al final de esta carta con la convicción de que ustedes dos, Autor y Crítico, nos han tendido una trampa. Podría decirse que era feliz, que no había entendido La Obra de Augusto Roa Bastos. Él mismo me supo advertir cuando dijo “…si lo hubiera entendido, no lo habría escrito”.

Caí en la trampa, entonces. Ya no podré escapar de esa “isla rodeada de tierras sin mar”; del endotexto que me contiene, de la dualidad que me re-genera, del portaplumas que me escribe y es re-escrito.

Les advierto a todos: de esta compilación nadie será naufrago. Augusto Roa Bastos y Eric Courthès los esperan. Encuentren de qué manera deciden desembarcar en esta isla. Escritores, críticos, catedráticos, alumnos, lectores, editores, dibujantes: Caigan en la trampa. Igual serán felices.

Carolina Orlando

Septiembre, 2008

Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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