“Gaceta literaria virtual”, Santa Fe, Argentina, mayo de 2008

Ganadora XXV Edición

Ganadora XXV Edición

Certamen de Poesía "Antonio Machado"

Silvia Delgado Fuentes

Estamos alegres porque Silvia pertenece al Movimiento Internacional de Escritoras “Los puños de la paloma” y todo reconocimiento a su quehacer literario la estimula para seguir diciendo además de enorgullecer a quienes la sentimos siempre cercana a nuestros afectos.
Sin embargo, los coordinadores del certamen
*no la invitaron oficialmente ni con la suficiente antelación a la entrega de premios y presentación del libro,
*no comunicaron a ningún medio los resultados del concurso y
*el premio en metálico le fue enviado con un mes de atraso, previo interesante descuento.
Creo que para intentar callar nuestras voces, suficiente tenemos con la problemática sociocultural posmoderna. No es justo agregar, entonces, el peso de una burocracia irrespetuosamente vergonzante de parte de quienes se atribuyen la tarea de "hacer cultura" a costas de nuestros esfuerzos.
Por eso, si bien las informalidades de un certamen cuyo nombre está reclamando una consideración diferente, deja este increíble sabor a descortés insensibilidad; todos y cada uno de nosotros deberá oficiar como agente cultural mediáticamente solidario. Porque es necesario derrotar a los silencios.

Certámenes vigentes

Formato virtual de una revista literaria con historia

Dirección: Norma Segades – Manias

gacetaliterariavirtual@yahoo.com.ar

1 de junio de 2008

GACETA LITERARIA Nº 18 – Junio de 2008 – Año II – Nº 6

Imágenes: Pinturas de Fernando Botero (Medellín-Antioquía/Colombia 1932)

PÁGINA EDITORIAL

Ha muerto Horacio Rossi.

Por Alfredo Di Bernardo (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

El domingo pasado (18 de mayo de 2008) se murió un amigo. Una de las personas más generosas que he tenido la suerte de conocer en la vida. Un artista de la palabra que eludió la grandilocuencia y la solemnidad tanto como la levedad del facilismo. Un escritor que tenía bien en claro que la tarea del poeta no se agota en el desafío de escribir de la mejor manera posible, sino que consiste en "hacer habitable el mundo", lo cual implica sostener un compromiso permanente con la vida, con los otros. Un arquitecto constante de puentes humanos. Un tejedor incansable de redes bienhechoras. Un generador vitalicio de espacios allí donde antes no había nada. Un abridor vocacional de puertas que no cobraba peaje para franquear el paso a los que venían detrás. Un incorregible tendedor de manos solidarias. Un entusiasta difusor de proyectos ajenos que no se detenía en declamaciones, sino que plasmaba su aporte en gestos bien concretos. Un intelectual que se involucraba en movidas culturales no por afán de protagonismo ni para obtener beneficios personales, sino, simplemente, porque las consideraba valiosas. Un maestro casi a su pesar, que escapaba a la tentación de sentirse catedrático. Un tipo fácilmente querible.
A gente así, militante de la luz, hay que recordarla en su mejor versión, lejos de los miserables embates de la enfermedad y de la muerte.

PÁGINA 2 – NUESTRA POESÍA

Horacio Rossi – Santa Fe/Argentina (1953/2008)

La hoja de jazmín

Leva la hoja de jazmín
su resonancia transparente
como un ancla queriendo
incrustarse en el cielo…

Como si pudiese ver un brillo de metal
desdonde nace y se expresa por obra de la luz
percibo el esplendor todo irrigado:
esa agua verde y luminosa
que, nomás, se guiña detenida…

Amor resuelta en un cristal ancho y sonoro.

Amor que siembra el aire
con la inminencia de una floración:
la más hermosa floración de la naturaleza.

Hoja de jazmín:
pubis del aire
por donde se entra a la fertilidad definitiva.

Línea de agua.
Vegetación de hombres.
Mujer inmensa, que pregona perfume.

Hoja de jazmín. Acontecimiento feliz…

Fantasía nº 1 para mi amada

Un rayo de luz
deja su bicicleta mal estacionada (ha
debido caer en contravención para poder hablarme)
y se acerca,
oblicuo desde el Ecuador, y en mi oído
me deja tu nombre.
En mi acrílica cabalgadura
desato baldosas de una vereda vertical y diurna
sobre la que camino cuando se resquebraja
el vidrio contemporáneo que es mi corcel.
Investigo los asfaltos y las gredas. De pronto me doy cuenta
que estoy loco.
Serenamente, con un portafolios lleno de poemas bajo el brazo,
pago en la municipalidad la multa del rayo de luz.
Cada letra de tu nombre
se llena de musgo, porque tu nombre es húmedo, es vital:
tengo el oído verde y oigo todo
madurable y madurando, madurando.
Oigo verde
la canción de las casas construyéndose,
la charla de vecinas comentando el suceso perdido,
el cinturón fabril ciñendo el trabajo a la ciudad.
El sol llena un renglón con letras amarillas,
la luna es una mancha blanca insoluble al agua que es azul:
esa es la lógica y extraña bandera en la que cada mañana
escribo tu nombre en el cielo con letras de gentes y más gentes…

Situación…

Nos dejaron afuera
de tocar tierra…
Quieren que nos quedemos
sólo mirando…
Y hablando de los otros
como si fueran
pasto para los ocios,
asunto ajeno,
al lado…
Nos achicaron y
nos empobrecieron…
Quieren que lo aceptemos
como destino…
Pero ya fracasaron,
porque
no quiero…
Y sé que Vos tampoco…
Y me sonrío….

Pueblerina

Las muchachas siguieron saliendo de la escuela,
del baile y de la iglesia,
saliendo al campo
cuando no a la fábrica
o a la inevitable ciudad
que traga y no devuelve salvo mucho después, resto, escombro,
pero, mucha mucha vez, es sin regreso…
saliendo de la escuela, con sus trenzas al viento…
viento bajo las faldas,
entre las piernas
viento…
a los playos zanjones de musgo, yuyo y cardo,
entre el baile y la iglesia,
ordeñando descargas de los toros en celo…
transparentes las claras muchachas siguieron
hilvanando aveces un ritmo o un acento,
aveces un verseo tan rengo como éste,
respiración de niño cuando cambia de sueño,
o tos de abuela moribundeciendo,
húmeda la memoria…silencio…
saliendo de la fábrica siguieron,
mordaza de sus nucas el nudo del pañuelo,
con ruydo de libélula,
la bicicleta,
porta rutina y entretenimiento…
viento bajo las faldas
y entre las piernas
v i e n t o

Del respeto

Porque soy parte de la espiga y la nube,
no puedo no respetarte…
Porque soy parte del silencio y la estrella,
no puedo no respetarte…
Porque soy parte de la sangre y del tiempo,
no puedo no respetarte…

Parte del conocimiento y del cansancio,
parte de los días y de los ríos,
parte del amor y de las glicinas,
parte de las tierras y los esfuerzos,
parte del clima y de los nombres…

De la mudanza y de los cuerpos,
de las piedras y la sinceridad,
del trabajo y de los insectos,
del mar y las claridades,
de la pasión y de los árboles…

Y de los tejidos y de las palabras,
y de los pensamientos y del sudor,
y de paisajes y del llanto,
y de la línea…

Porque soy parte
de la vida…

No puedo
no respetarte.-

Extramuros

Ante las nunca habidas pero eficientes puertas de la ciudad
emergen unos toldos de lata y unas tareas sin palabra
y se establecen afuera, perfectamente afuera
y desde allí penetran las nunca habidas pero cerradas puertas de la ciudad
rociando nuestros ocios con un tema de charla que tampoco perdura…
el instinto de esa gente conoce…
escuchan las electricidades al tocar los envases y las cenizas del consumo
que alimenta la carne y la presunción, es decir la materia y la ignorancia
es decir la creencia y la ajenidad (estoy tratando de algo decir)
de nosotros los no menos transitorios y mudables…
forman la hilera para el examen de las hojarascas domésticas…
contratan apenas pactando la transacción que los enladrillados
creemos gananciosa para nuestro ciudadano privilegiado beneficio…
en así aprenden cómo
y se preparan a heredar el mundo.

PÁGINA 3 – CUENTO

HART-MAN… hart-men… (diálogo intra-inter simposiniano)

Por Aquiles Cuervo y Alberto Bejarano (Bogotá/Colombia)

Es el año 2012, pero bien podría ser el año 2666. Mañana viernes saldrán bajo libertad condicional, los supuestos asesinos del actor Troy Hartman. ¿Sus nombres? ¿Ya no los recuerdan? Es cierto, han pasado más de cuarenta años. Una pista. Uno era un adicto al zoloft. ¿Zoloft? De la familia de los prozac. Otro era miembro del opus dei. Y el tercero decía ser la reencarnación de Murnau.
Finalmente los tres han cumplido sus condenas. Bueno, no del todo. Al principio la sentencia era la pena de muerte. Luego, la cadena perpetua. Al final, terminaron dándoles los Estados Unidos por cárcel. Perdón, quise decir, la casa por cárcel.
Mañana Bryan, Lionel y Elías estarán de nuevo en las calles. Bryan está próximo a cumplir ochenta años. Sufre de amnesia de fuga (muchos creen que es sólo una patraña de su parte), sólo recuerda lo ocurrido en el verano del 68, y en el invierno del 98. Nada más. Dormido en su celda, aún no sabe que mañana volverá a ser libre. Libre. Libre para… en fin, eso aún no lo sabemos muy bien. Muy pocos se acuerdan de él. Incluso los hijos de Hartman ya han muerto. Tantos años han borrado de la memoria de muchos (incluso de la suya) a Bryan Terwilliger. Bryan ha rechazado durante los últimos catorce años que lo llamen por su nombre verdadero. Ahora dice llamarse Charles Manson.
Troy Hartman, recordado por películas como “La prendidez del señor Troy”, y “Como agua para café soluble” y videos educativos como “Ariel Henault, el silencioso asesino” y “El hombre al que mataron demasiado (pronto/tarde) III”, tendría hoy 64 años, y estaría cantando, “Give me your answer, fill in a form Mine for evermore Will you still need me, will you still feed me, When I’m sixty-four”. Troy, el viejo Troy. ¿Quién se acuerda hoy de él? La gente se acuerda más de los asesinos que de las víctimas. Puede que sea más fácil encariñarse con ellos. That´s the way it is, the pulp fiction… Troy, nada podrás hacer para impedir que Bryan viva de nuevo.
A Bryan lo acusaron del crimen equivocado. Él nunca negó que fuera un asesino por naturaleza, pero nunca aceptó los cargos en su contra por el asesinato de Troy. Siempre dijo que no lo conocía. Y no mintió. Al menos, no lo hizo del todo. Troy si conocía muy bien a Bryan. Su esposa lo conocía aún mejor. Bueno, eso no lo sabía Troy. El caso es que nunca le pudieron probar nada a Bryan, pero él tampoco pudo demostrar su inocencia. Simplemente había estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado. En la cárcel vio por televisión, todo lo que ha ocurrido en el mundo en estos años. Se convirtió en un cinéfilo de tiempo completo. Se aficionó al western, y luego al cine de Hitchcock. En sus momentos de lucidez, llegó a imaginarse cómo sería escribir un guión sobre su propia vida. Una vida que se confundiría con la de Manson, y con la de Mark Chapman. Pero ya Hitchcock está muerto. Quién habrá tomado su lugar, se pregunta. Si pudiera salir, le gustaría ir al cinematógrafo, para saber quién es el nuevo Hitchcock. A lo mejor, uno de ellos, se entusiasme con su historia. No quiere romanticismos ni apologías baratas sobre su vida. Quiere algo sublime y desgarrado al mismo tiempo. Algo así, como una mezcla entre un vampiro, un bebé y un pianista. Pero, Bryan, tienes que visitar unos cuantos cementerios primero, ¿no te parece? Tu madre, tus seguidores, y… Se lo debes.
Mientras Bryan deambula por sus pasajes desmemoriados y sueña con más películas (con aire a Molina de Puig), Lionel Macclure, el último asesino de Troy se está afeitando con su vieja navaja multiusos. Ignora que le quedan pocas horas de cautiverio. Hace poco cumplió setenta y dos años (es el más joven de los tres). En el publicitado juicio por el crimen de Troy, fueron condenadas tres personas. Bryan Terwilliger, Lionel Macclure y Elías Cámpora, alias “yo o tú”. Todos negaron conocerse y conocer a Troy. El jurado los declaró culpables, a pesar de no haber pruebas contundentes contra ellos, porque el Fiscal los convenció que de no ser encarcelados, volverían a matar, o en el mejor de los casos, matarían por primera vez. La familia de Troy pidió la pena de muerte. El juez, presionado por la prensa y la opinión pública, los sentenció. Sin embargo, unos meses después, a todos se les permutó por cadena perpetua. Macclure fue el único que no apeló la sentencia ni tampoco solicitó nunca la libertad condicional. Es el más tímido y reservado de los tres. Sufre de caries en los dientes superiores.
A la misma hora, 7:30 a.m., en otra celda, Elías Cámpora escucha la radio. Syd Barret le habla de Joyce. Como cada mañana, se ha levantado antes que los demás presos y ha hecho sus oraciones. Ha rezado por el alma de su hermana. También le ha pedido a su dios que le quite las manchas azules que le han salido en el pecho. No sabe que hoy podría ser su último día en prisión. No sabría que hacer afuera. Hace veinte años que no recibe visitas y no sabría a quien acudir estando en libertad. Hace mucho que dejó de pensar en el mundo que se oculta tras las paredes monolíticas de su vieja fortaleza. Tiene setenta y seis años.
Si los vieran ahora, sólo verían a tres inofensivos ancianos, incapaces de cruzar la calle solos. ¿No country for old men? Tan débiles y tan vulnerables. Los hubieran visto hace cincuenta años, no se hubieran atrevido a cruzar la calle con ellos. En esa época los recordaban por crímenes como “disparen sobre la mujer del pianista”, “P de psicópata” y “tijeras calientes”. Si, los tres fueron grandes asesinos, cada uno en su estilo, pero ninguno mató realmente (o del todo) a Troy Hartman. ¿Quién mató a Troy?
Hemos hablado mucho de Troy y de sus inciertos asesinos, pero no hemos dicho nada de su última esposa, Brynn Tate. Murió un poco después de Troy. Su matrimonio, estuvo marcado de principio a fin, por una simple formalidad. Se conocieron durante un casting para una nueva versión (esta vez futurista) de Bonnie and Clyde. Fue cacería a primera vista. Ya nadie podría separarlos. Más la película nunca fue lo que ellos hubieran deseado. Troy consiguió el papel de Clyde, pero para Bonnie escogieron a una mujer mucho más atractiva que Brynn. Ella nunca pudo superarlo. Nunca pudo perdonarle al director que hubiera preferido a otra. Brynn sentía que era perfecta para ese papel. ¿Lo era? Faye Dunaway lo fue. Dunaway, que encajaba tan bien siempre, incluso con Bukowski. ¿Brynn Tate lo habría logrado? Creo que se hubiera visto mejor en una película de Bergman. El silencio o Persona.

PÁGINA DE DESAGRAVIO A UN AUTOR PLAGIADO EN LA RED

Germán Báez Basteri (Rosario-Santa Fe/Argentina)

Dime

Dime
sólo dime si queda algo de mí
que no detestes
que no te aburra hasta el asqueo,
explícame que foto del pasado
queda visible,
el puro blanco es la pálida nada
primero has perdido la cabeza
después el amor a las virtudes,
que ahora detectas como inútiles defectos,
así que recuerda y dime
si queda algo de mí que no detestes.

Ya no llueve

Dejo mi cuerpo destrozado
a disposición, ya,
de la tierra,
que forme parte útil del mundo,
convaleciente, paradójicamente
agobiado de el,
casi inútil para mí.
En el ocaso del tiempo
¿Mi ultima hora?
Veo por centésima vez
la ultima imagen
el último suspiro del viento,
aquel sonido, tu voz (me calma)
creo sentirlo llega a mi.
Se que no volverá a suceder
y se que fuera llueve
aunque no pueda oírlo, no pueda mojarme
ni moverme hacia el deleite helado
de correr bajo aquel cielo
negro, azul oscuro.

Si solo pudiera estirar mis brazos
mi mano
para responder a las caricias,
tan solo si pudiera hacerte saber de mi conciencia
que aun estoy ahí,
o poder evitarte el dolor,
pero no puedo hacer nada,
me acostumbre a hacerte feliz
y ahora derramo lagrimas de tu mirada
marco el resto de tu vida.
Me es inevitable el destino y casi todo lo demás
el haber llegado hasta aquí
el sufrimiento
su posterior éxodo.

Viene
tan rápido
antes era tan lento
con esa fuerza que solía ser débil
que parecía haberme olvidado,
abandono los gritos del dolor
desdoblo el alma hacia el blanco
más blanco, el neutro
más puro, en la paz de la nada
retengo al último suspiro del viento
la ultima imagen,
y se que ya no llueve y es de noche
Que jamás volverá a llover.

Desnudista

Termino siendo lo que escondo
hablando, actuando lo que muestro,
incluso actuando para mí.
Y niego lo que oculto, negando lo que soy
contengo en medio de labios la excusa de modales,
sofocado en educación,
trabado en inventos de futuros pretenciosos
dar el ejemplo.

¿No es acaso la esencia misma
la que está tapada en ropa?
¿no es mi mano lo que detiene
mi otra mano?
¿y las bocas quienes callan las palabras?
Si no es uno mismo el primero en mentirse
entonces,
¿quien ató esta tela colorida a mi cuero?

Sombra

Se forma y deforma
inestable, presurosa
desestabilizada en el andar de una mente deforme,
su sombra se asemeja a ella más
que ella misma,
incluso los modos de perfección que quise asignarle,
en la oscuridad deforme detrás de si,
es donde mejor calzan.
Lo que hagamos estará bien si a ella le apetece.
No es necesario andar sacándose el sombrero.
En sus estatismos expectantes, de algún modo
cree que merece aquello que quiere.

Cuando quiere quitar
toma
si quiere dar
quita,
el día en que su grito ambicionó esplendor
el silencio hamacó sus labios
y si un día al fin quisiera actuar
sentirá sueño.
Cuando corra anhelará la hora del descanso.

Vencida en carreras que no termina
sabrá más tarde sentirse triunfante
dentro de otras venas
de otros ojos,
de otro yo,
en otros vientos que ni soplar quieran,
en algo que se deshaga de frágil,
de apenas mirar fijo,
esas cosas que la brisa destruye,
en reflejos,
en un resquicio de sombra.

Desencajada en el final del camino
se ensambla a su pecho
no le agrada el silencio cuando mata,
no soporta ser dueña de los decesos que frecuenta
percudida siempre en llanto
acaba queriendo besar las hojas que rompe
queriendo ser sombra
actuando igual que si ofreciese algo que se venda en otro mundo.

Lili

Serás mi silencio cuando quiera hablarte
lo que digo, cuando no te digo nada,
nuestros labios sangrando sus momentos desechos,
cuerpos cayendo vencidos al colchón de siempre
molestos de más de lo mismo,
serás el espacio en blanco que mi dedo encuentre
cuando señale culpables.

De vez en cuando lamentaremos cosas
algún día quizá seas la lengua que imaginé en la boca de otra
después de encontrar un muro buscando la tuya.

Yo estaré atento siempre
cuidando de no perderme en lo que te conviertes,
como expectante en la radio, de alguna canción que ya no pasen
haré un monumento a tus faltas
y un mar de mis dudas.
Serás lo roto en mí,
esos sueños que no hago
serás todo eso que ya no escucho de tu boca
los ojos que encuentre cuando quiera mirarte.

Traje gris

Atardecí la cantidad de veces necesarias
para que las noches, vuelvan a ser noches
y la soledad mía.
El mundo rotó las suficientes veces
para que la lluvia, sea lluvia,
se avergüencen los recuerdos
y el olvido siente cabeza en la memoria.
Emigre de las pesadillas de amor perdido
de los sueños en primaveras festivas,
escape tanto del dolor, como de las caricias.
Somnoliento en mi cueva
volví a vestir el traje gris de dignidad dura e inmutable
el empaque rojizo de pasión.

Las vueltas sinfín del reloj han distorsionado las cosas,
extraviaron mi capacidad de encontrar dulzura en lo cursi
y la facilidad con que solía aferrarme a su amor,
justificaron su ida con mi orgullo.
Pero admito que el orgullo
a esta instancia es cobardía.
Supongo he resignado mucho,
abandoné las enormes montañas
para construir mi hábitat en una meseta desolada y pantanosa.

La noche, otra vez,
tan sólo es noche. Tu cara una roca
cuando dices no amarme,
las palabras
ausencia, y la lluvia
agua que moja, agua,
agua que cae.
No es lo ideal, ni debería conformarme
no puedo mentir, ni decir que soy feliz
puedo jurar que lo fui.
Poesías encadenadas en sus camas de papel.

Madrugué esta noche encontrando
que, resignado, desde el principio
conocía el fin de la historia.

PÁGINA 4 – ENSAYO

H. A. Murena: la inversión de la mirada.

Por Esteban Moore (Buenos Aires/Argentina)

H. A. Murena nació en Buenos Aires en 1923, en el hogar de una familia modesta, alejada de las preocupaciones del mundo intelectual de la época. Ingresó en el Liceo Militar; posteriormente se inscribió en las carreras de ingeniería, en la Universidad Nacional de La Plata, y de filosofía, en la Universidad de Buenos Aires, abandonando en ambos casos sus estudios. Siendo muy joven comenzó a escribir sus primeras páginas, y a leer, vorazmente, como lo hacen generalmente los autodidactas. De su paso por la Facultad de Filosofía y Letras le quedan amigos como Alberto Girri y relaciones con los integrantes de distintas revistas literarias.
En 1946 aparece Primer testamento, un volumen de cuentos, y, desde entonces, dedica todas sus energías a la literatura y al ensayo de interpretación. En su corta vida publicó más de una veintena de títulos en distintos géneros: poesía, ensayo, novela, cuento y teatro. Existe además una recopilación de una parte de los diálogos que sostuvo con D.J. Vogelmann frente al micrófono de un programa radial; la edición, titulada El secreto claro (1978), estuvo a cargo de Sara Gallardo y del propio Vogelmann.
Murena, un incansable colaborador de la revista Sur y del suplemento cultural del diario La Nación, se ganó la vida realizando tareas editoriales, asesoró a Sur de Buenos Aires y a Monte Ávila de Caracas, y codirigió la Colección de estudios alemanes de la primera, en la que se difundieron autores como: Jürgen Habermass, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Max Horkenheimer, entre otros.
En los años 60 tradujo a Walter Benjamin, introduciéndolo por vez primera a nuestro idioma. En 1967 la editorial Sur da a conocer sus versiones en Ensayos escogidos, una selección de los Schriften que reúne: Sobre algunos temas en Baudelaire, Tesis de la filosofía de la historia, Franz Kafka, Potemkim, Un retrato de infancia, El hombrecito jorobado, Sancho Panza, La tarea del traductor, Sobre la facultad mimética, Para una crítica de la violencia y Destino y carácter.
Este hombre de letras, fue durante tres décadas un participante activo y destacado en la vida intelectual del país, un gestor cultural que además posibilitó, con su generosidad, la edición del trabajo de otros autores en el país y en el extranjero, sin olvidar el hecho fáctico de que nos ha legado textos que se niegan a desaparecer.
Entre 1946, año en que publica su primer libro, y 1975, cuando repentinamente su corazón, largamente agredido por los excesos alcohólicos, deja de bombear, median sólo 29 años. Éstos fueron suficientes para protagonizar una titánica tarea, escribir como se ha señalado una gran cantidad volúmenes, traducir al castellano autores que enriquecen nuestra propia tradición y participar activamente del duelo de las ideas de su tiempo, generando en algunos casos polémicas que aún nuestra sociedad no ha saldado.
A pesar del gran aporte que hizo a nuestras letras y pensamiento, desde el día de su muerte, a los 52 años de edad, Murena comienza a ser olvidado con una sistematicidad que asusta a algunos y despierta la sospecha de otros. Sus libros se volvieron objetos inhallables en las librerías, incluso en muchas bibliotecas.
La reorganización del canon literario que periódicamente realizan algunos autores en los suplementos culturales, operaciones funcionales a la constitución de una cabeza de playa en la tradición literaria argentina, convenientemente protegida por una lista de nombres de amigos con relaciones en el mundo editorial y en el de la crítica, no lo tiene en cuenta, y, cuando se consigna su nombre en letras de molde, es para dejar establecido que su obra se está convirtiendo en cenizas, o que él no supo comprender el dolor y el sufrimiento de los pobres en América Latina.
No obstante el estado de cosas, en la última parte de la década de los 80 sus libros comienzan a ser buscados por un grupo de autores, en su mayoría poetas, que desean saber más acerca de la obra de este hombre que con pasión se dedicó a pensar la Argentina. Se comienza a hablar nuevamente de Murena. En bares como el Argos de Colegiales, donde la ginebra se sirve generosamente durante toda la noche, o en la pizzería Llao Llao de Barrancas de Belgrano, en las inmediaciones del Barrio Chino, su nombre flota enigmáticamente en las conversaciones. La charla de café lleva a la lectura, algunos de sus libros circulan de mano en mano, ajados y anotados. Al contrario de Borges, que participa de “un fenómeno vinculado a la cultura de masas […] y ha ingresado, por acción del periodismo escrito, oral o visual, en el campo de lo que Roland Barthes denomina mitologías, Murena parece hacer pie en este misterioso territorio gracias a la voluntad de un reducido grupo de lectores. Entre ellos se encuentran Adolfo Castañón y Aurelio Major, traductores de Después de Babel , quienes recurrieron a sus versiones de Benjamin, de las que tomaron los pasajes incluidos por Steiner en esta obra esencial sobre la traducción.
En los años siguientes comienzan a circular algunos trabajos que reconsideran diversos aspectos de su obra: Murena, la palabra injusta de Hugo Savino; H.A. Murena de Héctor Schmucler; Relámpago de la duración de David Lagmanovich; Murena un crítico en soledad de Américo Cristófalo ; El intelectual ultranihilista: H.A. Murena antisociólogo de Leonora Djament7; Murena en busca de una dialéctica trascendental de Silvio Mattoni8 El silencio imposición-incomunicación con el nuevo mundo en la perspectiva mítica de H.A. Murena de Leonor Arias Saravia y Visiones de Babel, una antología de su obra realizada y prologada por Guillermo Piro. Selecciones de sus poemas son rescatadas por las revistas especializadas El jabalí y Diario de Poesía.
H.A. Murena atravesó el firmamento del período en el que le tocó vivir como un aerolito, como tal, se estrelló en la realidad del planeta. Los restos de su materia incandescente aún permanecen desperdigados en todos los géneros literarios. Sin embargo, se debe destacar que es en su poesía, donde hallaremos algunas pistas que nos guiarán cuando nos acerquemos al conjunto de su obra. Fue ante todo poeta. Su búsqueda vital está condicionada por esta práctica. Particularmente por aquella vertiente de la denominada poesía moderna, que en su relación con el racionalismo, protagoniza cruces y enfrentamientos, a través de los que “…los poetas redescubren una tradición tan antigua como el hombre mismo y que, transmitida por el neoplatonismo renacentista y las sectas y corrientes herméticas y ocultistas de los siglos XVI y XVII, atraviesa el XVIII, penetra en el XIX y llega hasta nuestros días. Me refiero a la analogía, a la visión del universo como un sistema de correspondencias y a la visión del lenguaje como el doble del universo”. Un universo que Murena parece percibir en constante creación, donde el pasado y el futuro se funden en un continuo presente, en el que intuye una oculta semántica cuya notación no le es revelada.
En el prólogo de Ensayos sobre subversión, afirma que si el escritor tiene pretensiones de contemporaneidad debe comenzar por ser “anacrónico, en el sentido originario de la palabra que designa el estar contra el tiempo […] lo que él mismo llamó: arte de volverse anacrónico. Ese arte lo movió a abrirse a las tradiciones hermetistas o religiosas. Éstas lo acercaban, dijo, a la orilla primordial del recuerdo. Esa orilla era la imagen del Paraíso, antes de la Caída. La nostalgia de Occidente es lo paradisíaco. El judeo-cristianismo acentúa hasta paroxismos sicóticos el sentimiento de culpa que lo atormentó durante su vida.” En distintos textos, Murena, refiriéndose a la Creación, infiere la existencia primera del logos, la palabra: “el Verbo fue lo primero que existió” o “En el principio fue el Verbo”, sin indicar explícitamente si tiene en mente el Antiguo o el Nuevo Testamento: el Génesis o el prólogo del Evangelio de San Juan: “ Al principio era el verbo,/ y el Verbo estaba en Dios,/ y el Verbo era Dios”. Estas referencias traen de un remoto pasado la personificación de un Dios que ‘habla el mundo’ y lo hace en la lengua del Edén, aquélla signada por la comprensión absoluta, la que después de Babel se astillará en fragmentos. Pero, a diferencia de su traducido Benjamin “…que en términos derivados de las tradiciones cabalística y gnóstica, funda su metafísica de la traducción en el concepto de una ‘lengua universal’ ”, Murena hace su propia lectura de los acontecimientos ocurridos en Babel. En La sombra de la unidad escribe: “ La unidad de la lengua de la que gozaban los hombres de Babel constituía en cierto modo un espejismo. Era el reflejo, el legado del saber obtenido al comer del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Ese saber presupone un discurso único, total, según el cual la entera vida sería cognoscible incluso antes de que naciera: ese saber, ese discurso -del que surge la lengua única de Babel- es locura. Locura: que alguien vivo imagine que la energía y la libertad de la vida son totalmente previsibles, o sea que dictamine la esclavitud, debilidad y muerte de la vida. […] La dispersión por la tierra, la confusión de la lengua, tiene por fin indicar otra vez al hombre cúal es su naturaleza, cúal es su destino: la diversidad, el reino de las diferencias. El gesto de Yahveh libera al hombre de la locura del destino único, de la obsesión del regreso: le indica que el camino de retorno está para él sólo a través de la aceptación de la diversidad.” Los peligros que para él entraña el discurso único, representado por la espiral ascendente del progreso, una de cuyas formas más perfectas es una “ciencia sin sujeto” que en nombre de una lógica irrebatible puede decidir la muerte de todos los sujetos; sólo podrán ser inoculados en el espíritu humano mediante la aceptación de la diversidad y de la diferencia. Estos conceptos atraviesan su angustia y desesperación creativa en un tiempo en que la faccionalidad política y cultural existente en nuestro país, más que el reconocimiento del otro, pretendía su negación. Él no pudo concebir nuestra historia o nuestra tradición literaria en estos términos, quizás por ello su obra se nos ha ido haciendo tan necesaria.
Sarmiento, en su introducción al Facundo relata: “En la Enciclopedia Nueva, he leído un brillante trabajo sobre el general Bolívar, en que se hace a aquel caudillo americano toda la justicia que merece por sus talentos, por su genio; pero en esta biografía, como en todas las otras que de él se han escrito, he visto al general europeo, los mariscales del Imperio, un Napoleón menos colosal; pero no he visto al caudillo americano, al jefe de un levantamiento de las masas; veo el remedo de la Europa y nada que me revele la América.”
H. A. Murena, transcurridos más de cien años, reafirma con vehemencia las palabras del sanjuanino: “Con América se da el escándalo de que –salvo frustrados intentos- ha sido y es interpretada por los americanos, según una clave puramente europea”, un viejo mal que aquejaba al país desde la independencia y que no había pasado inadvertido para la Generación del 37. Esteban Echeverría antes de su muerte escribió: “¿Qué nos importan las soluciones de la filosofía y política europeas que no tiendan al fin que nosotros buscamos?”
Murena presiente que se han agotado todas las instancias, ya no nos queda otro camino que buscar nuestras propias respuestas en clave local y que debemos tener el ánimo o el coraje para realizar esto que considera una tarea fundacional. Está diciendo: debemos tomar esta decisión y llevar adelante lo que él en un momento denominó el ‘parricidio’, término éste que en el campo de la literatura representaría una nueva lectura apropiatoria de nuestra tradición, actitud que él percibe con toda claridad en nuestro poema nacional: “Martín Fierro es el exponente del decidido parricidio lingüístico- poético. Tanto el acontecer como la forma del lenguaje del poema sólo pueden ser aclarados totalmente sin falsedad desde el punto de vista del parricidio histórico-cultural.”
En Retrato del poeta, dedicado a José Hernández, refuerza su tesis: Imagínenselo: / tenía más de un metro ochenta de estatura, / cuerpo de león, /pero en el medio del pecho / un signo trémulo y fatal/ como el amor o el fuego. […] Comprendan, se educó en los campos, / en jóvenes ciudades, vería / las libres caballadas del alba / surgiendo de lagunas brumosas, / cubiertas de misterio / con que empieza la vida, habrá tocado / criaturas humilladas, pobres, / caídas, todo el dolor argentino / en su abierta llaga, / mientras en su centro puro / la poesía se alzaba / soñando las voces nuevas / para una belleza de rostro arrasado. […] Imagínenselo ahora, / mercaderes, capitanes, políticos, / hombres eminentes y hombres oscuros, / almas enfermas de un tiempo / que perdió el futuro, imaginémonoslo. / Su corazón late todavía / en el vivo viento de las tardes claras, / toquémoslo con el sentimiento y la mente: / será como si nos purificáramos.”
En este poema nos pide que soñemos las nuevas voces para una belleza arrasada, que nos acerquemos a esos textos como lo hizo Arturo Jauretche, permitiéndole decir más tarde: “La anatomía y la fisiología de aquellos libros –digamos, Facundo, para el caso- son expresiones nuestras; nuestro es el apóstrofe, nuestro es el relato y la forma de la pasión, y nuestros son el tema, la evocación, los hechos […] y si el lector aparta el texto contrariado por la falsedad de los planteos o de las conclusiones, vuelve al mismo conquistado por el encuentro de la propia sensibilidad, por la identidad nacional que reconoce en la factura de quienes ejemplifican con hechos propios del país, por los modos de decir, que son los de sus paisanos, y por las analogías, referidas siempre al paisaje, los hombres y los hechos que le son familiares.” Estas palabras con las que en más de una manera coincide Jorge Luis Borges: “El tono de su escritura fue el de su voz; su boca no fue la contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decirse criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetencia. Pienso en Esteban Echeverría, en Domingo F. Sarmiento, en Vicente Fidel López, en Eduardo Mansilla. Dijeron bien en argentino: cosa en desuso. No precisaron disfrazarse de otros ni dragonear de recién venidos para escribir”, tienen la virtud de reconocer la carnadura de aquello que se expresó en una lengua cuyas inflexiones, su decir, nos son cercanos, que estableció el tono en el que todos estamos representados, la supervivencia del cual sólo se logrará si llevamos a cabo un nuevo adiestramiento de la mirada.
H. A. Murena nos insta a invertir la mirada, observar la periferia desde la periferia misma, anular el centro imaginado, vernos tal cual somos. Mirarnos en nuestro propio espejo y no a través de uno ajeno, en apariencia más elaborado y lujoso, que, invariablemente nos devolverá una imagen doblemente deformada de nuestra realidad. Pero también nos advierte que esta operación no puede ser protagonizada por una mente dividida, una cuyos hemisferios se enfrentan constantemente en una danza macabra, autodestructiva, augurando la cíclica reinstalación del fracaso.

PÁGINA 5 – NUESTRA POESÍA

Rubén Vedovaldi (Capitán Bermúdez-Santa Fe/Argentina)

¿Qué oscuro itinerario nos devuelve al instante?

¿A dónde vamos después del poema?

¿Y de dónde volvemos,
cada vez, a la pira del verbo?

Blando cieno
se hace tiesto.

Desierto,
brota en yerbajo;
aromáticas matas de espliego;
pócima o infusión de lavándulas
para la sed insomne.

¿Voz robada en la noche
a las confusas perlas suspendidas del cielo?

¿Qué imán las trae y nos trae?
¿De qué miraje viene,
aire de qué alvéolo,
veta de qué subsuelo,
la palabra que siente y canta?

Misterio de misterios,
entre el silencio y el diálogo,
florece
el pensamiento.

RES / VERBA

palabra como agujero negro
palabra como cuerpo celestes en el ojo del astrólogo
palabra como aurora austral
alfileres de gancho anzuelos anclas del alma
palabra boleadora que tumba la danza
palabras como flechas o látigos
palabra como hacha de piedra
que vuelve desde la prehistoria a partir los frontales del futuro

palabras en cuatro patas palabra como trompada en la nariz
palabras que chorrean fuera de lugar
como los viejos prostáticos
palabras sobre la piedra mayor del sacrificio
palabra que sube del fondo del volcán apagado y lo encienden todo
palabra que vomita esqueletos anónimos y les devuelve el nombre
palabras que caminan por la cara como arañas hambrientas
palabra que roza como ala de murciélago y te deja sin sangre

palabras
que quedaron servidas en la mesa
por si alguien quería pellizcar a los postres
y se las llevó el perro

Nuestros fuegos sueltan la lengua

en la tempestad tu nombre pregunta mi nombre
bajo los chuscos carteles tu historia
pregunta mi historia
entre paréntesis tus ojos preguntan mis ojos

-mi lluvia y tus cabellos se preguntan el día-

más allá de todo tu sangre
pregunta mi sueño

más acá de todo
tu cuerpo pronuncia mi cuerpo

Cosa

Lo mejor sería
que se quiera todo con todo
aunque no se pueda

Lo peor es
que no se quiere
aunque sí se puede

así,
l lo que se podría
se pudre

pero
l lo que insiste
insiste,
dijo Pero.

Nacer es un camino infinitivo

ayer volví a nacer
lluvia sobre los campos agua nueva
mis manos en la tierra trabajada
vecino de la abeja y de la flor
compatriota del pájaro y la estrella
un pan de fuego bajo el brazo añil
clara canción entre los claros dientes

corazón
dientes
nuevo

de dioses diablos de la húmeda tierra
en relámpago orgásmico broté
dolor y goce ayer cielo del nido
los ojos altos el espacio a tiempo

de pie
del sur
de luz

capaz del fuego el miedo pueblomundo
negro
gringo
indio
rengo como la danza o como el cuerno
al cabo de mis padres vine a dar
barrio
Rubén
ayer
dotado de esta cuerda en que vibrar
la palabra el lugar la sal el sueño
polvo
trueno
hombre nací
para subir
a ser
los hombres

PÁGINA 6 – CUENTO

Olvido

Por Orlando Van Bredam (El Colorado-Formosa/Argentina)

Lo terrible sucede una mañana de éstas. Usted sale de su casa y olvida la cara en el espejo. Anda todo el día sin saberlo. Es decir, que nadie se lo dice. Nadie le reprocha tanta lisura, esa página neutra en lugar del rostro. En realidad, usted piensa que nadie lo mira ni lo ha mirado nunca, preocupados como están los demás por sus propias arrugas.
Pero no es así. Ellos murmuran. Y el murmullo crece como una música indeseable. En voz baja, con guiños cómplices y esquelas anónimas que cruzan la oficina, conspiran contra usted.
Tampoco sus vecinos o su mujer o sus hijos le señalan el olvido. Nadie parece advertirlo. Tampoco usted, lógicamente, que al mirarse nuevamente en el espejo, recupera la cara perdida.

Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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