“Isla Margarita, una ínsula transfronteriza del Alto Paraguay”, Eric Courthès, Poznan, noviembre de 2007

ISLA MARGARITA, UNA ÍNSULA[1] TRANSFRONTERIZA

DEL ALTO PARAGUAY

 

“…Entonces se tiene la sensación de que el peñón remontara el río, entre las centelleantes y lejanas barrancas….El islote suelta amarras y empieza a remontar el río, imperceptiblemente, sin apuro.”, Augusto Roa Bastos, Hijo de hombre, p. 239, p. 242

 

Eric Courthès

CRIMIC SAL París IV

 

 

I)                   Ubicación y entorno etnolingüístico de Isla Margarita

 

            Isla Margarita es una isla terrestre paraguaya, una ínsula[2], se ubica entre dos brazos del río Paraguay, en el Departamento del Alto Paraguay, en el noreste del Chaco paraguayo, a la altura del puerto brasileño de Porto Murtinho, queda a tres días de barco de Asunción, y a más de 800 km por la ruta, transitando por Brasil.

 

            Desaparece en tiempos de inundación[3], unos seis meses al año, (de noviembre a marzo), y sólo pueden quedarse las familias con casa tipo palafito. Tiene una superficie de unos 6 km cuadrados, consta de 87 familias, o sea unos 380 habitantes, la mayoría son bilingües[4]: español paraguayo/ portugués matogrossense, y practican una extraña mezcla de ambos idiomas tipo “ portuñol”, o más bien “españolés[5]”, fenómeno bastante común en todo el este paraguayo.

 

            Los isleños son personas bastante humildes, trabajan casi todos en Porto Murtinho o viven retirados del mundanal ruido, en casi autarquía, en su ranchito de la isla. Es más no tienen todos documentos de propiedad por pertenecer la isla antes a la marina y ser del dominio público, el mismo caso se produjo en la isla Martín García, en el Río de la Plata.

 

            Para alcanzar aquel utópico[6] lugar, en el cual la propiedad privada aún no impera del todo, salimos en el barco Aquidabán, con mi amigo Carlos Roa Bastos, el miércoles primero de agosto de 2007, desde Concepción, a las nueve a.m., y llegamos agotados pero maravillados por el viaje por aquel río portentoso[7], al cabo de 40 horas, el viernes tres a las dos de la mañana,  a aquel confín acuático, puerta de entrada del Pantanal Matogrossense[8].

 

  

II) Isla Margarita, un satélite paraguayo de Brasil

 

De buenas a primeras, nuestra isla parece ser extremadamente alejada y aislada de todo, sin embargo y sobre todo por la presencia del puerto brasileño de Porto Murtinho, que se dedica al turismo de cruceros y pesca para brasileños acomodados,  resulta ser una especie de satélite de Brasil, sacamos estas conclusiones de las entrevistas de la gente de la isla, realizadas del 3 al 5 de agosto de 2007.

 

Don Canuto[9] por ejemplo, tal como otros  isleños entrevistados durante los 3 días de nuestro trabajo de campo, hizo hincapié en la dependencia de la isla respecto del gigante vecino. Por ejemplo, en cuanto a salud y documentación, por falta de hospital en la isla y Colonia Peralta, la mayoría de los isleños nacen en Murtinho y sus padres los hacen registrar como brasileños, lo que le hizo declarar con mucho humor al viejito, respecto de estos brasileños fronterizos: “brasileros a lápiz.”

 

Es un caso evidente de frontera abierta que funciona como “amortiguador”, sacamos este concepto de Annelies Zoomers. De hecho en este caso como en otros territorios fronterizos, “ la meta es precisamente cruzar las fronteras (y buscar la complementariedad) para hacer el mejor de los mundos[10].” Por desgracia, lamentamos decir que no es precisamente el caso, en cuanto a Víctor por ejemplo, un joven ayoreo desempleado, entrevistado en el  kiosco de Ariscarto, efectivamente, nos declaró: “Nosotros buscamos trabajo en Mortinho”, con una evidente desilusión, (debida a la falta de trabajo y las carencias de su educación), la cual podría explicar el que se fuera sin que termináramos de entrevistarlo.

 

Ni hablar de las pandillas de indiecitos mocosos y harapientos que piden limosna todo el día en la ribera brasileña, sin otra alternativa, dan pena sus peregrinaciones miserables por “ un real”, y reflejan una situación perenne por desgracia en América Latina, con o sin frontera, la suerte de los autóctonos raya a veces con la más completa aculturación, con pérdida total en este caso de su dignidad.

 

Pese a este aclaración negativa en cuanto a la  suerte de los autóctonos, Miguel Bartolomé, el antropólogo mejicano, muy versado en la temática de la frontera, hablaría en este caso de “ continuidad”, versus “ discontinuidad[11]”, de una frontera vista y vivida como un “ espacio dinámico en los que se entrecruzan categorías como tiempo, territorio y etnia”, algo general según él en el continente latinoamericano.         En efecto, es muy común en todas partes que no coincidan las fronteras nacionales con las étnicas[12], los ayoreos de los cuales estábamos hablando, están repartidos entre Bolivia, Brasil y Paraguay. Al fin y al cabo, su exclusión parcial[13] del juego de “transfronterización”, no impide que de modo general, esta parte del Paraguay quede completamente dependiente del Brasil vecino.

 

Para rematar con el tema, bastará con citar a José Zanardini, gran inspirador de este trabajo e introductor de mis publicaciones en el C.E.A.D.U.C. asunceno, “es un cruce de pueblos, lenguas, noticias y comercios. Los niños paraguayos hablan el portugués mejor que el castellano y en los negocios se usa comúnmente el real; también los ayoreo se manejan con reales y no con guaraníes.[14]” Por lo tanto, podemos concluír diciendo que se trata de una isla extremadamente abierta hacia Brasil[15], es de ver en efecto todos los días, las 24 horas, el número de lanchas que van pasando de una orilla a otra, sin que se note lo más mínimo, cierto control fronterizo[16].

 

O sea que la “ frontera viviente” impuesta por Brasil a Paraguay, por la ocupación de sus tierras orientales por hacendados brasileños[17], reviste en nuestro caso otra forma de dominación, más discreta pero muy eficiente, es una forma de neo colonialismo entre vecinos latinoamericanos. Argentina cumple con el mismo papel expansivo en otras zonas del Paraguay, preso como ínsula entre la presión conjunta de las tenazas de las dos super potencias locales.

 

III) Isla Margarita ante la globalización

 

            En los momentos críticos de la evolución del hombre que estamos pasando, en los que vamos vacilando entre comunitarismos y globalización, entre regionalización y Mercosur en el ámbito local, entre un “discurso performativo”, diría Pierre Bourdieu[18], que tiende a hacer de la región el referente dominante y las exigencias globales del mercado común del Cono Sur, las fronteras internas no podrán marcar más tiempo una barrera que legitime la voluntad de diversidad cultural de sus habitantes, alejándose demasiado de “ una ciudadanía mercosuriana[19].”

 

            Además, un exceso de fragmentación territorial, y muy a menudo étnica, constituiría una lamentable vuelta a la etnicidad, al localismo, principal motor de la xenofobia[20]. Sin embargo, las legítimas reivindicaciones de las poblaciones amerindias encajan con el reconocimiento de fronteras internas, las cuales “no parecen disolver el proceso de la pérdida de fronteras nacionales que conlleva el desarrollo global[21].” Esto es, en un mundo cada vez más reticular, “rizomático” dirían Deleuze y Guettari, estamos tironeados, ( con una evidente sensación de frustración y desubicación), entre dos tensiones opuestas y de igual fuerza, lo micro y lo macro, la fragmentación y la globalización. Lo que desemboca, según el mismo Arij Ouweneel, en “ la visión más bien turbadora de un mundo fracturado, profundamente dividido por relaciones de dominación reconfiguradas[22]…”, muy alejado de una utópica “aldea global”, en que tensiones extremas e inversas nos impulsan a cambios radicales.

 

Ahora bien, qué tienen que ver estos grandes discursos académicos y por ende teóricos, con nuestro islote flotante del Alto Paraguay? En la reflexión sobre la noción de frontera, (tan arbitraria como el significante), hacen falta ejemplos concretos de “transfronterización” lograda, y es el caso de Isla Margarita, la cual se opone de forma radical con el comunitarismo general de la Ínsula paraguaya[23]. O sea que en lugar de erigir fronteras entre nosotros, nos toca ahora derrumbar fronteras externas e internas, (y sobre todo mentales y étnicas), dentro de un proceso de transculturación eficaz, esto es una “aculturación recíproca y deseada[24]”, creador de una realidad nueva, profundamente mestiza. Es un asunto eminentemente universal y político, fíjense en la actualidad, en el proyecto de muro inmenso en E.E.U.U., en la frontera con Méjico de Bush, o en el actual baluarte entre Palestina e Israel…

 

          

 


estero IMMapa Alto ParaguayPenal Peña Hermosa 2yuyos de dunas

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Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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