EL blog del Doctor Mafiel de Fechos

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EL BLOG DE ALEJANDRO MACIEL

Médico psiquiatra y escritor nacido en Corrientes, Argentina, en 1956.

miércoles 7 de marzo de 2007

LA LECCIÓN DE ZARATUSTRA / LOS PROFETAS Y SUS VISIONES

“LA RELIGIÓN DE LOS MAGOS”

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Antes de reconocer los préstamos que el monoteísmo debe a otras religiones conviene saber que el profesor R. C. Zaehner escribió un valioso libro “The teaching of the Magi” Edit. Sheldon Press, London, 1956. La versión en español (no leo fluidamente inglés, recuerde el lector que está tratando con un autor averiado intelectualmente por un tumor que aunque benigno, no ha dejado de producirle taras a lo largo y ancho de su vida, entre ellas la imposibilidad de ser políglota) “La doctrina de los Magos”, Edit. Lidium, Barcelona, 1983. Este libro
Los ángeles son factura caldea ya reconocida siglos antes de la aparición del monoteísmo en cualquiera de sus formas. No hace falta decir que el diluvio universal había pasado por todos los pueblos y el relato de la familia que se salva en una barca se podía leer tanto en Ugarit de Fenicia como en Tracia y Capadoccia. El dios que nace de una virgen era un argumento generalizado en la antigüedad; casi todos los dioses precristianos habían nacido de una mujer intacta porque así lo requería la divinidad que es pura y no admite la mancilla de la raza humana. Los lascivos dioses griegos no perseguían sino vírgenes para desflorarlas en medio de la flora silvestre: abramos una página de Hesíodo u Homero y no leeremos otra cosa que las tropelías de Apolo detrás de Dafne o el Padre de los dioses, el mismo Zeus disfrazándose de todas las apariencias que le facilitaban la fauna y la meteorología para estuprar niñas que no conocían varón alguno. Ya sabemos que las escrituras antiguas son lo que usted quiera estimada lectora, ensimismado lector, menos originales. La rapiña intelectual se fomentaba con entusiasmo dionisíaco entre compiladores, autores, profetas y visionarios. ¿Qué nos enseña el profesor Zaehner? En el capítulo 10 (“La resurrección del cuerpo y la vida perdurable”) ¿Le suena estimado lector, prevenida lectora? Nos cuenta las peripecias del Apocalipsis mazdeo. El predeterminismo no parece contar para la especie humana en este credo; pero está casi le diría que meticulosamente planificado para dioses y semidioses que alternan en la arena de la lucha cosmológica cuyo final ya está diseñado de antemano en las barajas mazdeas. Esta cosmogonía es lo que yo llamo una lectura edificante porque en ella no son los hombres y mujeres sino los dioses quienes deben cumplir su destino. El dañino Ahrimán sabe que será inexorablemente vencido y como en las películas de bajo presupuesto con las cuales Hollywood atiborraba las siestas sudamericanas, los convictos, los perversos y los maliciosos saben lo que les espera; pero como la acción (el espectáculo debe continuar) requiere criaturas obstinadas, la contumacia es la virtud de esta gente que lucha para perder. Todos conocemos el final, empezando por los espectadores: la justicia que siempre triunfa en el cine y rara vez fuera de él, el amor que dura eternamente en el cine y rara vez sobrevive diez tranquilos años fuera de él, la enmienda del despotismo que ya ni en el cine se ve. En esta lucha de inmortales que ha narrado la profecía mazdea no habrá sorpresas porque todos, piadosos y maléficos conocen la trama que la complicación de un mundo ingobernable ha tejido desde el principio de los tiempos. Si quisieran refugiarse en el olvido, bastaría con repasar el manual de protohistoria para disolver la amnesia ya que todo está escrito de antemano en los textos Avesta. Basta leerlos para conocer la historia del futuro. El principio de la apocatástasis es el único soberano de estos acontecimientos: todo volverá a su punto de partida, tal vez para repartir de nuevo los naipes e iniciar una nueva partida en la que los caballos y los reyes ocupen jerárquicamente los puestos que les correspondan y no, tal como están las cosas, en un mundo gobernado por caballos y secundados por sotas o palafreneros.

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LOS PROFETAS DE LA BIBLIA

Profetizar era otra forma de poetizar; o, dicho al revés, la buena poesía siempre es profecía. Ser profeta en la antigüedad judía era un oficio algo escandaloso nacido de los recovecos del rito. Los primeros profetas eran también sacerdotes de Israel pero después poco a poco la figura del profeta se apartó del Tabernáculo para vagar por ciudades y desiertos vigilando la Ley. Esta verdadera gendarmería religiosa era la conciencia pública del rebaño elegido y aunque estamos acostumbrados a asociar “profeta” con “profecías” la principal función del profeta judío era ser la conciencia viva del pueblo y hasta su remordimiento como sucedió con el Bautista frente a Herodías. Volvamos los pasos al pasado; Herodías era hija de Aristóbulo, hijo de Herodes el Grande y por tanto, de casa de los Macabeos. Se había casado con su tío, Filipo con quien tuvo una hija llamada Salomé pero la artritis, los mareos, la próstata adenomatosa terminaron cansando a la esposa y abandonó al marido para convivir, como diría el antiguo código penal “en ilegítimo concúbito” con otro tío: Herodes Antipas, tetrarca de Galilea según ya vimos en la historia de los Herodes. El historiador Flavio Josefo, en “Antigüedades Judías” XVIII, v, 1, 4 comenta los pormenores de la ejecución de Juan el Bautista ordenada por Herodes Antipas ante el humo de insurrecciones que levantaba el Profeta con sus inflamadas arengas. Los evangelios nos dan una versión un poco más compleja y vinculada al adulterio de Herodías (Mateo 14:1, Marcos 6:14, Lucas 9:7) propuesta en estos términos: Juan el Bautista sabe que la reina ha cometido dos incorrecciones que él considera verdaderas infracciones a la moral: es adúltera y está amancebada con su tío. Piensa que los personajes públicos están para dar el ejemplo y no para escandalizar al pueblo, al que los profetas trataban de preservar de las influencias nefandas. Acusa y acosa noche y día en su prédica a la pareja real insinuando de paso que si el rey está en falta, el pueblo es libre de obedecer su conciencia desobedeciendo al gobierno. Desde que el mundo es mundo, los dirigentes únicamente buscan conservar y acrecer su poder; cualquier minusvalía en este sentido les parece sediciosa y tratarán de sofocarla cueste lo que cueste. Herodías siente la humillación pública de ser detestada y vilipendiada por el solo hecho de haber cambiado de cama sin pedir permiso.
Juan el Bautista no tiene los ojos en la tierra de pecados sino en el cielo esenio donde todas las almas son puras y el cuerpo es no es más que una imagen que negocia el alma para entenderse con el mundo de la materia. ¿Qué le pueden interesar las razones de Herodías, del hartazgo del desvencijado cuerpo de un tío para pasar al otro? Observemos con detenimiento cómo se instala un conflicto en el mundo exterior y en la conciencia humana.
Como todos y todas recordarán, Herodes Antipas frente a la amenaza de insurrección decide encarcelar al Bautista para apagar su campaña proselitista. No lo hace matar a pesar de las insistencias de su concubina y sobrina porque en el fondo siente respeto por esa figura adusta que vive en el desierto purificándose con ayunos y mortificaciones y que profesa una idea del bien basada en el respeto a la ley, lo que no es nocivo para un gobierno. También recordarán, repito, una fiesta en el palacio real en la que no faltan visitas extranjeras y vino generoso. Ustedes ignoran seguramente los pesares del poder. No hay penitencia más dura para alguien que llevar las riendas de un pueblo díscolo y después de una dura jornada de edictos y despachos reales, nada mejor que un buen Malbec para alegrar el espíritu por medio del cuerpo y entonces Herodes Antipas propone un brindis y pide a su hijastra Salomé que dance para los presentes; hácelo la muchacha a cambio de un deseo “lo que pidas, se te dará, doy mi palabra de honor” promete el tío-padrastro frente a los invitados, aunque de su honor no quede mucha tela por cortar. Como todos sabemos, Salomé baila y al terminar va directamente junto a su madre a pedir asesoría. ¿Qué exige Herodías como recompensa por la danza? Pide la cabeza del Bautista en una bandeja; y Salomé públicamente proclama el precio de su ovación. “Ella instruida por su madre, dijo: “Quiero aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista”. Entonces el rey entristeció, pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la dieran”, dice el evangelio de Mateo.
¿Quién es responsable de la decapitación del Bautista? ¿Herodías, que deseaba ver muerto al profeta? ¿Salomé, que pide ese precio? ¿Herodes, que da la orden aún contra su declarada voluntad? ¿El verdugo que lo ejecuta? ¿Dios que manda a Juan a predicar mensajes peligrosos? ¿El mismo Juan que, conociendo las leyes del poder las desafía? Usted me dirá de inmediato: “Pero Juan decía la verdad”, y aquí, querida señora, cauto señor entramos en el ámbito ambiguo de la función social de la verdad. Aceptemos que el adulterio es verdad, ¿hacia falta predicarlo a los cuatro vientos? ¿Perjudicaban notablemente la salud pública de Judea las relaciones sexuales entre Herodes y Herodías? ¿Era ocasión de guerras y exterminios masivos? ¿Producía cataclismos y calamidades, calentamiento global, deshielo de glaciares? ¿Acarreaba epidemias? Siempre resulta sospechoso el puritanismo de los fanáticos; si analizamos bien, eventualmente es una cuestión de conciencia entre Dios, Herodías y Antipas la carga de prueba de esa verdad. También es verdad que padezco hemorroides pero poca gracia me haría que mi proctólogo lo publicara en el periódico alegando que “no miente”.
Finalmente Juan es decapitado según testimonia el pasado. Lo que nunca podremos afirmar sin asomo de duda en este presente continuo que se llama futuro es el nombre del asesino o la asesina, si no ha sido un suicidio.
Los profetas de Israel nacieron del sacerdocio pero después se apartaron como personajes públicos cuya misión era vigilar el cumplimiento de la ley y denunciar su perjuicio. Como policías de la Torá, los “nabís” se reconocían por el celo de la norma jurídica antes que los auspicios, las adivinaciones y la magia sobrenatural de anticipar el futuro. Como todos, tenían sueños pacíficos y sólo ocasionalmente las pavorosas pesadillas que al ser escrita sobrevivieron en la imaginación del pueblo. El historiador James Parkes en su “Historia del Pueblo Judío” (Editorial Paidós, Buenos Aires, 1982) lo dice con más propiedad: “Los grandes profetas de antes del exilio culminaron con Isaías y Jeremías. Ambos eran grandes estadistas, conocedores de las condiciones sociales y políticas de la época. Porque la idea de que la tarea principal de un profeta era vaticinar el futuro , surgió mucho más tarde. Su misión primordial consistía en decir las cosas públicamente, no en profetizar el mañana. Las injusticias que sufrían las clases más oprimidas tanto en la ciudad como en el campo constituyen el tema permanente de las acusaciones de los profetas. No cabe duda de que los reinos de Judá e Israel no eran mejores que sus vecinos. Son interesantes, no por la superioridad de sus virtudes sino porque contaban entre sus moradores a hombres que sabían que esas cosas eran malas y tenían el valor de proclamar que podían y debían extirparse”.
Ezequiel profetizó en el exilio babilónico aunque Van der Born y Kuhl admitan que empezó su oficio en Palestina pero eso se debe al temperamento teutón, pugnaz con toda forma de ideas aceptadas. Fue también, como Jeremías, ministro del culto tarea de la que se irán separando los sucesivos profetas Daniel, Isaías y los doce menores. Durante su servicio proclamó el principio de la responsabilidad individual: la culpa “in re” (en la cosa) es decir en el sujeto, frente a conceptos anteriores que adjudicaban culpas generacionales como la de Adán, Eva y mi parte en el pleito. Nunca acepté estas generalizaciones jurídicas, yo no robé ninguna manzana ni estuve en el Paraíso, nada tengo que ver con las infracciones de Adán y Eva. Si Yahveh desea probar mi obediencia que me envíe la víbora, el árbol el ángel y el decreto. Si no cambia las condiciones, siempre optaré por el árbol que me dé conocimiento; poca gracia me hace ser feliz en la ignorancia y todos ya sabemos que los idiotas son felices naturalmente.
La visión de Jeremías 10: 9-15 me produjo la primera crisis de pánico que recuerde en mi ajetreada vida. Piénsela usted simbólica o (mucho peor) literalmente, la visión no admite el menor recurso de piedad a la imaginación. Fue mi primer trauma intelectual gratuito e inesperado. Durante una clase de doctrina cristiana que nos administraban como requisito previo a la primera comunión en el colegio religioso en el que mis padres me habían confinado, la catequista habrá querido deslumbrarnos enseñándonos la “gloria de Dios” con ayuda de una lámina donde un inspirado por algún furor perverso trazó a vivos colores la criatura construida de ojos abiertos, alas entrecruzadas, garras, ruedas y las cuatro cabezas (león, toro, águila y hombre) que contagiaban de terror la almáciga fértil de mi imaginación solitaria. Desde pequeño tuve lo que mi tía Victorina llamaba las tres “T”: temeroso, tímido y tonto. No sé si el tiempo aminoró los tres defectos pero recuerdo perfectamente las consecuencias de la homilía catecumenal ilustrada; la imagen de la visión de la visión de Ezequiel me perturbó a tal punto que me vi obligado a variar mi oración nocturna. Ya no rogaba piadosamente por el bienestar de mi familia; hice un canje, dejé a mis parientes librados al azar a cambio de que a mi muerte no se me enviase al cielo porque mi terror a esa pesadilla superaba holgadamente las promesas de bienaventuranza que por otra parte nunca había experimentado. Llegó a tal extremo esa idea persecutoria (indudablemente de índole fóbica según deduzco hoy) que conjeturaba que de no ser asignado al cielo se me enviaría al infierno, pero me consolaba saber que esa topografía ya me era vagamente conocida porque las monjas la usaban como amenaza cada vez que debían reprimir delitos menores. Sabía que había llamas y el fuego no me disgustaba, sabía que era eterno y eso significaba que no me moriría, sabía que los demonios tenían, alas de murciélago y colas con arpones pero su anatomía me era indiferente. Sin embargo el mapa del cielo y el “Trono de Dios” no hacían tanta falta como estímulos morales y ahorraban esas descripciones del catálogo del más allá. Lo poco que pude descubrir aquella tarde inocente a través de la figura de la visión ezequeliana me producía escalofríos; no me era posible esperar nada bueno a juzgar por esa muestra. Mi concepto del cielo que ya era algo castrense se volvió terrorífico; esperaba una Ciudad de Dios poblada de monstruos llenos de ojos, cadáveres, ataúdes y helicópteros que eran las cosas que más me atemorizaban. Había visto accidentalmente un helicóptero (venido del cielo nuevamente) y mi familia no acertaba a explicar qué era aquella cruz que volaba haciendo tormenta con el cuerpo negro” que yo describía. En el campo donde pasé mi primera infancia no había cine, TV, ni revistas. Cuando me internaron en el colegio religioso donde cursé los primeros grados en la ciudad de Bella Vista ya me llevé el trauma del helicóptero que había visto en el campo.

lunes 19 de febrero de 2007

LA PAZ INDIVIDUAL Y LA PAZ SOCIAL


ACTITUDES DE PAZ EN MEDIO DE UNA GUERRA

Por Alejandro Maciel.

En un mundo convulso por tormentas de belicismo que soplan por aquí y por allá; que cuando se extingue en un rincón se incendia en dos más, no es fácil escribir sobre la paz. Sin embargo, trataremos de vincular este tema con el periodismo, la TV, la educación y la literatura.

¿Qué es la paz? La paz no es solamente la ausencia de guerras sino la presencia de justicia en el sentido profundo, filosófico y hasta ontológico (no temamos usar términos suntuosos cuando hablamos de paz) dentro de una sociedad que hoy es global. Pero esta paz se construye o se destruye gradualmente en el rebaño humano desde que nacemos, crecemos, aprendemos y actuamos. La educación es un punto clave, con una educación sistemática que oriente hacia la solución racional de los conflictos no podría haber guerras, ni violencia ni pandillas.
¿Y qué es educación? Educación es todo aprendizaje socialmente útil[1]. ¿Y qué es aprendizaje? Aprendizaje es todo cambio de conducta interna o externa que se debe a una experiencia y se refuerza con la práctica.

Cambio de conducta interna señala que después de un aprendizaje el sujeto o la mujer que aprendió no manifiesta externamente nada, no observamos ningún cambio físico pero su actitud ha sufrido una transformación si aprendió de verdad algo nuevo. Por ejemplo, alguien que acaba de aprender las normas de tránsito por medio de la experiencia, al terminar de aprender parece ser la misma persona pero una vez al frente de un volante tendrá otra conducta si verdaderamente aprendió, es decir si entre la entrada y la salida del aprendizaje hubo un cambio de actitud. ¿Y qué será esta cosa llamada actitud? La actitud es un complejo sistema tripartito que incluye:

a) Un componente cognitivo, intelectual que es la creencia (datos acerca de objetos, personas o hechos, opiniones personales que han sido aprendidas socialmente) por ejemplo “una cosa somos nosotros, otra los extranjeros”.

b) Un componente afectivo, esto es sentimientos frente a dicha creencia que me invoca simpatía o repulsión; puedo sentir a los extranjeros como personas por las que siento deseos de comprender, ayudar, solidarizarme con su situación pensando que si migraron, tendrán muchas necesidades y carencias por las que siento empatía, “me pongo en su lugar” y trato de facilitarles alguna ayuda. En la otra vereda, puedo sentir rechazo, temor, ideas acerca de la competencia que creo desleal por las fuentes de trabajo que los extranjeros vienen a ocupar sin derecho dejando a los naturales en desventaja. “Los extranjeros son peligrosos” será el sentimiento guía de dicha actitud paranoide que muchas veces, por esas trampas de la fe que tiene nuestra mente, son foco de proyección de otras frustraciones y fracasos personales que usan al extranjero como chivo expiatorio.

c) Un componente conductual, la actitud lleva en sí una tendencia a actuar de tal o cual forma acorde al marco de dicha actitud. De una persona con una actitud hostil hacia los extranjeros no podemos esperar algarabía y muestras de atención y mucho menos solidaridad cuando se encuentre frente a un grupo de forasteros en situación de desventaja. El repertorio de conductas se reduce a la forma pasiva hostil (no hacer nada, no facilitarle las cosas a los emigrados, es decir abstenerse de ayudar o mostrar aceptación) o actividad adversa (dificultarle las cosas, entorpecer su inserción social negándole un puesto de trabajo, por ejemplo) y en este caso ya entramos en el terreno de la discriminación que afortunadamente está prohibida por ley. Pero todos sabemos que, hecha la ley, hecha la trampa. De nada sirve normatizar el final de la cadena (prohibir discriminar) si no mejoramos la base en la que asienta la discriminación, esto es, la actitud.

¿Qué actitud hemos desarrollado como sociedad hacia la guerra y la violencia? Si es verdad que la TV es la vidriera social, desde los comics infantiles, a las llamadas “películas de acción” y hasta las tiras televisivas supuestamente humorísticas, la violencia está aceptada cuando no fomentada como forma de convivencia. La violencia es una forma de comunicación, un lenguaje según los códigos de los mass media. Está bien que la TV no lo es todo, que una buena provisión de lecturas puede volver a poner las cosas en su lugar pero ¿cuánto lee la gente habitualmente? ¿No hemos perdido paulatinamente el hábito de aprender leyendo?

Está demostrado taxativamente que la lectura es la forma del aprendizaje más completa por los mecanismos cognitivos que en ella intervienen, pero si comparamos las horas/televisor frente a las horas/lectura de un niño o niña o adolescentes promedio en la sociedad actual la televisión gana por goleadas. Es decir, prevalece el modelo de solución de conflictos utilizando alguna forma de furia, que puede ir desde la violencia verbal (insultos, gritos), psicológica (amenazas, denigración del otro) y físicas con un repertorio tan amplio que no alcanzaría este libro para describir; pero los invito a ver en la TV o el cine directamente y cerciorarse por ustedes mismos.

Ahora bien, la actitud hostil frente a personas o grupos que creo amenazantes o inferiores es la madre de los prejuicios. ¿Qué es un prejuicio? Es una actitud injusta, errónea e intolerante basada en temores profundos e inseguridades y recelos personales (y/o colectivos) que es devuelta hacia alguien de afuera quien desde ese momento se verá como peligroso, amenazador y alarmante y que trataré (o trataremos) de neutralizar lo más rápidamente posible. El prejuicio no es racional, al contrario es casi el sello típico del fanatismo que por definición, es irracional. Si fuese racional sería una convicción: “no hay que matar”, por ejemplo es una convicción basada en la reflexión acerca de las experiencias de crímenes que conocimos y no deseamos volver a repetir.

Allport fue el primer autor que postuló el fracaso personal o colectivo como la base que gestiona la agresión interna que sale a buscar un foco de conflicto a quien echar la culpa de nuestras propias incapacidades. El prejuicio siempre opera de arriba hacia abajo en la pirámide social; el que está o cree estar en situación más ventajosa oprime y reprime al que está más necesitado. Es por tanto de índole canalla y miserable y tiende a crear desequilibrios sociales.
T. Adorno (1950) propuso otra fuente de prejuicios en las personalidades autoritarias, rígidas, convencionales, sujetas a la letra de las normas más que a su finalidad; los autoritarios quieren imponer lo que consideran “la verdad” en forma coactiva e intolerante a cualquier alternativa. Como operan en base a simplificaciones y generalizaciones frecuentemente caen en razonamientos prejuiciosos y como no están abiertos al diálogo (¿cómo estarlo, si creen tener la verdad de su parte?) no pueden entender otras razones y se cierran en sus principios hasta el fin.

Hay una tercera alternativa (y una cuarta y una quinta pero como Occam está abriendo su navaja, mejor cortemos nosotros) que nos lleva a razonar de este modo: si la discriminación es hija del prejuicio y éste es hijo de las actitudes; debemos observar dónde se originan las actitudes. Y sabemos que nacen dentro de la personalidad que, según el psicoanálisis, está formada por el repertorio de mecanismos de defensas inconcientes que utilizamos en forma automática. Hay mecanismos maduros desde el punto de vista evolutivo y hay otros más primitivos y perjudiciales. La proyección es perjudicial porque tiende a descargar nuestras culpas o errores o miedos en un objeto o sujeto que nada tiene que ver con nuestros conflictos pero justamente, el mecanismo económico que persigue es librarse de tener la basura en casa regalándosela al vecino sin que éste lo advierta. Es muy barato pero muy perjudicial para la vinculación social. La identificación proyectiva es más sofisticada y por tanto más perjudicial. La negación que está en la base de ambos, es nociva: primero debo negar que el fracaso y el disgusto es mío antes de proyectarlo al prójimo. Hay elementos de índole narcisística que impiden reconocer errores en mí mismo, ya que el declararlos abiertamente implica una herida al Yo que es tan susceptible; entonces el Yo no encuentra mejor recurso que mentirse (negar que me equivoqué, negar que fracasé) pero como el error está presente, se lo endilgo a otro, preferentemente un grupo o persona vulnerable y que está en desventaja para evitar que su defensa sea efectiva. Este Yo interior se mentirá, será inconciente pero no es tonto.

Ahora la cuestión debe replantearse: convengamos que existe el fracaso personal en una sociedad tan competitiva en la que no todos pueden llegar a la primera meta, que esto acarrea el remordimiento, la idea de culpa o la frustración; aceptemos que existe la personalidad autoritaria que necesita imponer sus códigos que cree verdaderos y obligatorios (muchas veces de base religiosa dogmática) para sentirse en equilibrio y orden, admitiendo todo eso, ¿por qué la reacción primitiva ante el obstáculo es la violencia en el ámbito individual y la guerra en el ámbito colectivo? ¿No será que la base educativa está fallando? ¿No será que estamos aprendiendo algunas actitudes erróneas? En un mundo donde todo es competencia por ser el mejor, la más linda, la más delgada aunque anoréxica, los más inteligentes, los más fuertes, los más metedores de goles, los más aventajados gimnastas, ¿qué lugar le reservamos a los 9 restantes que no alcanzaron el primer puesto? ¿Es la competencia sistemática una forma de convivencia? ¿No está demostrando con el fútbol que esa competencia feroz fácilmente genera bandos enfrentados que llevan a formas de violencia incontrolables? Es que está en juego nuevamente el Ego narcisista ampliado al grupo de referencia que lo refuerza. “Soy del club A y todos los del club B son enemigos” me decía un hincha a quien entrevisté en radio. ¿Por qué enemigo? El fútbol es un deporte, no un campo de batalla; pero el Ego amenazado (si perdiera vería descender su estima frente a todos los demás camaradas que están de testigo de la derrota, por eso es inadmisible una derrota y los ánimos se encienden más cuando juegan seleccionados nacionales porque en la imaginación de ese grupo anómico, está jugando la patria, el escudo, la bandera (se canta el himno nacional antes del partido) y una serie de valores abstractos que se consideran sagrados y no deben ser mancillados con el triunfo del “enemigo” (ya no adversario) ¿No conspira esta depravación de la competencia contra la solidaridad? ¿No educamos competitivamente en los colegios y escuelas donde exhibimos cuadros de honor, notas, calificaciones? ¿No estaremos convirtiendo al proceso educativo en una motivación negativa? Lo que el conductismo (el premio, las notas) vio como estímulo puede convertirse fácilmente en obstáculo y desinterés para quienes no alcanzan los famosos “objetivos” de la enseñanza.

Sin embargo, aún en las más extremas situaciones de desaliento el espíritu humano da ejemplos maravillosos en la preservación de la paz como el bien supremo de la gente. Para ejemplificar necesito que me acompañen desde el campo de las generalizaciones a un caso en particular: la Guerra de la Triple Alianza organizada por Uruguay, Argentina y Brasil contra Paraguay en 1865. Una mala idea desde todo punto de vista. Lo que según las previsiones del presidente Mitre duraría 3 meses, tardó 5 años. La Guerra tuvo un observador en sir Richard F. Burton quien escribió un libro dedicado a Sarmiento: “Cartas desde los campos de batalla del Paraguay” donde menciona un hecho admirable en medio de esta campaña por mantener la paz a todo precio. En el prefacio del libro (novela) que escribimos sobre el tema cuatro autores sudamericanos traté de avisar esta noticia para el siglo XXI. Transcribo el Prefacio y luego un fragmento del capítulo argentino de la novela. El capítulo uruguayo lo escribió Omar Prego Gadea, el paraguayo don Augusto Roa Bastos y el brasilero, Eric Nepomuceno.

PREFACIO DE “LOS CONJURADOS DEL QUILOMBO DEL GRAN CHACO”

Desde el 11 de agosto de 1868 y hasta el 21 de abril de 1869 el cónsul itinerante de Su Majestad, el capitán sir Richard Francis Burton escribe veintisiete cartas desde los campos de batalla del Paraguay como observador, que es decir espía, mediador, cronista, explorador, frenólogo, estratega, historiador, geógrafo, sociólogo, urbanista. Toda la visión de la vieja Europa de los siglos XVIII y XIX se trasplanta en la convulsionada Sud América, donde las dictaduras suceden a las montoneras, las anarquías a las asonadas. Ya no hay revoluciones. La misma superstición malgastada de repúblicas sembradas en un desierto de ideas regado con sangre, se convierte en rehén de grupos, corporaciones, estancieros y sátrapas de baja monta, que se disputan un poder siempre tambaleante, donde todos desconfían de todos, sin llegar a conformar un gobierno; que es decir instituciones que sostengan el equilibrio del poder.

El 1º de mayo de 1865, a causa de que las tropas del presidente Solano López habían cruzado por unos potreros supuestamente argentinos, se firma el “Tratado de la Triple Alianza ofensiva y defensiva entre el Imperio del Brasil, la República Argentina y la Banda Oriental contra el gobierno del Paraguay”, iniciando oficialmente la Guerra del Paraguay, Guerra Grande o Guerra de la Triple Alianza, que se extendió hasta el 1º de marzo de 1870. En medio de la devastación y la locura, cuenta el capitán Burton en la carta XXIII que “del lado opuesto del Río Paraguay, el del Gran Chaco, se ha fundado un amplio quilombo o establecimiento de fugitivos, donde brasileños y argentinos, orientales y paraguayos viven juntos en mutua amistad y en enemistad con el resto del mundo y la guerra”.

Entrando en el siglo XXI, cuatro autores de las cuatro naciones que se vieron envueltas en ese conflicto volvemos a escribir –como lo hizo sir Richard Francis Burton– las crónicas de una guerra que se azuza con el asesinato de dos presidentes (Venancio Flores de la Banda Oriental en 1868, y Francisco Solano López del Paraguay en 1870) y en la que oscuros intereses sobrevuelan como buitres los cadáveres de nacionalismos convertidos en fanatismos suicidas. Sir Richard se perdió en el espacio, las pampas y los pantanos extraños a su Inglaterra reina de los mares. Nosotros estamos perdidos en el tiempo y esa errabundia de las escrituras es al mismo tiempo virtud y defecto. Más fácil que hacer la historia de los hechos (no somos historiadores) es historiar lo deshecho. La guerra exterminó casi una generación de paraguayos, arrasó pueblos, fortificaciones e hipotecó el futuro de la arruinada nación. Hasta hoy no hay un argumento racional para explicar cuál fue el casus belli. El Paraguay se convirtió en el pandemónium de Milton, tal vez por eso el brigadier general y comandante del Ejército Aliado, Bartolomé Mitre, empezó a traducir el “Infierno” de la Divina Commedia en su tienda de campaña.

Nunca nadie ha ganado nada en ninguna guerra. Los oficiales de las cuatro naciones que desertaron de la contienda para formar el Quilombo del Gran Chaco también estaban perdidos en el tiempo, pensando por adelantado lo que todavía no ha sucedido hasta este ocaso del segundo milenio; perdidos como seguimos nosotros, pensando en un porvenir donde el militarismo, los ejércitos, las fronteras y las armas hayan pasado a ser patrimonios del archivo de la Historia.

Alejandro Maciel, Asunción, diciembre 2000.

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Antes de transcribir un fragmento del capítulo argentino me gustaría detenerme en esta frase de Roa Bastos porque es muy significativa para comprender los propósitos de esta novela:
“La historia no tiene final. Desde el principio de los tiempos siempre hubo hogueras de violencia destructiva. Y también siempre hubo el fuego del espíritu para purificar el daño conjurándolo a través del arte, que es más fuerte que la muerte”.


Fragmento de “Fundación y apogeo del Quilombo del Gran Chaco”
”Viernes 9 de abril.

”La primera vez que se habló del pacto de paz y de guerra a la guerra fue la noche después que el capitán Page enfrentó al comandante en jefe de la Armada paraguaya en Laguna Pirí. El ataque fue inhumano, cruel; un odio desconocido se encarnó en hombres que se volvían fieras unos contra otros, sin saber hasta cuándo. Noté que el rostro de un guerrero y el de una bestia cebada de muerte se parecen mucho; los ojos entrecerrados y fulgurantes como quien mide sus pasos y acecha, la boca en una mueca siniestra que parece olfatear la sangre de cerca apretando los dientes hasta hacerlos chirriar. La piel sudada, rojiza, caliente, brillante.

”En el fragor de la batalla se encontraron frente a frente el comandante argentino Fredo Marín y el capitán de la caballería paraguaya Alonso Benítez; clavaron las bayonetas en la tierra ensangrentada y uno de ellos dijo ‘Esto se tiene que terminar; hay que forzar la tregua cuanto antes’. Después se alejaron, cada cual en dirección contraria. Humeaba el campo cuando sobrevino el silencio. El cura capellán se acercó para decirme que todos estábamos derrotados y que los superiores pensaban reunirse para acordar la pacificación aunque fuera contra las disposiciones de Buenos Aires y Río de Janeiro.
“Viendo el campo incendiado y escuchando la voz pausada del cura, las ideas me golpeaban en la cabeza. ´La naturaleza, que es la escritura de Dios, nos enseña a ser sanguinarios´, dijo, señalándome un halcón que atacaba a una paloma en pleno cielo azul.

”Recordaba una tarde en la que el mismo capellán, el padre Gesio, dejó su breviario y empuñó un fusil cuando los paraguayos nos atacaron en el Paso de la Patria. Me estaba desnudando para dormir cuando se escucharon los aprestos; ágiles como tigres, se movían en la sombría intemperie las tropas enemigas en un asalto de guerrillas. La carpa del coronel ardía. Vi cómo el padre Gesio mudaba de hombre bueno y apacible a la cólera del terror. Se calzó un fusil y masculló: Vengan, perros de mierda.
“Después, quizás con la intención de expulsar las palabras de odio, escupió el suelo.

”Así me vi reflejado ensuciando el agua límpida de un charco, cargando mi fusil, grotesco. Por primera vez sentí una infinita lástima de mí mismo. Me vi miserable, indigente, inane entre el esplendor de la naturaleza multiplicándose sin cansancio ni tregua. ‘Ella nos enseña a crear la vida’, decía el cura Aurelio Khünn cuando nos enseñaba el catecismo. Después aprendí que la naturaleza también destruye las criaturas con la misma pasión. O el mismo odio.

”Entre la nebulosa de mis recuerdos aparece un pintor, casi lugarteniente de Mitre. Quería retratar la calamidad, el horror, la matanza que no termina. Quería pintar la sangre y –confesó algo cansado– no encontraba el color exacto para reflejar la muerte. La lividez ya estaba impresa en el rostro alargado de aquel hombrecito menudo. En un lienzo alargado fueron apareciendo caballos, banderas, humo, fusiles, y hombres tan diminutos que la imagen parece un juego o un sueño.

”Las fuerzas contendieron una tarde y una noche eternas. La fiebre me hizo acurrucar contra el tronco de un pindó cuando ya no daba más del cansancio, el hambre, la sed y el sueño, adulando a los dioses de la muerte para que viniera una guarnición enemiga a darme fin; pero mis ruegos, como siempre, no fueron oídos. Me consuela pensar que Dios estará tan lejos de mí que jamás me concedió un buen deseo o un vicio. No me ha dado bendiciones pero tampoco me entregó a la maldición. El mal, en todo caso, siempre vino solo.

”Cuando amaneció pude ver los cadáveres mal envueltos en cueros de buey flotando en el río, dejando un reguero rojizo; con las heridas abiertas, como esas medallas que condecoran a los valientes. Enfilaban silenciosos en la sepultura líquida de color bermejo. No deja de ser una ironía que la guerra galardone por igual a vencedores y vencidos otorgándoles esos trofeos póstumos de cuajarones y postemas, cuyo livor recuerda el vigor del héroe perdido, por última vez. Dos enormes buitres enflaquecidos encaramados a un despojo escarbaban en el vientre y en las cuencas de los ojos, arrancando tiras de carne pálida.

”El brigadier Aranda estaba malherido a unos pasos de mí. Escuché un quejido vago y llegué hasta él arrastrándome. Tenía un pozo en el pecho, obra de un chumbazo de mosquete a quemarropa. Estaba pálido, con el pulso acelerado, seca la boca y los ojos hundidos. Quería hablarme; tuve que ayudarlo a sentarse para que recobrara fuerzas.

”Dijo que se moriría pronto. Lo dijo bajo, con un dejo de voz que se atoraba a cada paso. Que todo esto no tenía sentido. Mencionó algo así como un complot que armaban para defenderse de la intimación del poder. No supe si la fiebre le ganaba la partida, pero las palabras salían límpidas, como quien está desesperado por decir algo importante. Me explicó que el poder es tan perverso como invisible. Me preguntó por qué peleábamos en esta guerra. No sabía qué decir. Pensaba lo mismo de los paraguayos, pero en nuestras filas tampoco sabemos bien por qué decidimos dedicarnos colectivamente al crimen, comandados por los superiores, que sólo imparten órdenes que reciben de sus generales y éstos, del poder central ubicuo, inasible, ciego a los destinos de los que combaten en el frente.

”Señaló el cielo con un dedo tembloroso y recordó que de ahí procedían todos los errores. Que imitando la idea del poder de Dios, los hombres se arrogaron el mando de decidir por todos, lo que el más fuerte cree que es la verdad. Que es obligación de cada cual velar por su destino y rechazar el mandato de cualquier gobierno que atente contra el bien del común.

”Entre estertores me informó que del lado del Gran Chaco –llamado Gualamba– se estaba gestionando un armisticio entre los delegados del Imperio del Brasil, de la Banda Oriental, del Paraguay y que él tenía la misión de llevar la voz de Argentina, que delegaba en mí. Después dio un larguísimo suspiro y entregó su alma, dejándome documentos y un papel donde figuraban las indicaciones para llegar al sitio de la tregua. Miré la apacible corriente del río que me separaba de la promesa de pacificación. El manuscrito, visiblemente estropeado, describía los términos de un contrato de pacificación entre los pueblos en lucha, repudiando la Triple Alianza ofensiva y defensiva armada para destruir la libertad de los pueblos, sujetándola a los caprichos de las potencias europeas. No me sorprendió encontrar la firma del comandante Fredo Marín junto a la del capitán Alonso Benítez rubricando el pliego de la Declaración llamada simplemente ‘Pax’. Maldice a la guerra en sí, a la que juzga un juego peligroso entre dirigentes que apuestan vidas humanas en vez de gallos para probar su fortuna a costa de la sangre ajena.
“Escribo de noche, cuando nadie me ve. Llevo el cuaderno conmigo, vaya donde vaya.
__________________________________________________

Conclusión: la paz depende en gran medida de nuestras actitudes y éstas tienen parentesco con el aprendizaje. Pero no solamente el aprendizaje sistemático y formal de la educación; también el aprendizaje espontáneo y por observación de modelos. Si nuestros niños crecen en un ambiente de violencia doméstica (el 46% de los hogares en Paraguay sufre alguna forma de violencia doméstica según la última encuesta del Centro de Documentación y Estudios, Asunción, 2003) es de esperar que el día de mañana sus actitudes generales frente a los problemas no sean pacíficas. Si reforzamos este aprendizaje con la observación de modelos mediáticos violentos y transgresores, tampoco podemos esperar ciudadanos ejemplares en el futuro. Cabe preguntarnos a nosotros mismos lo que insinuó el fantasma del Cristo a Pedro al salir de Roma: ¿Adónde vamos? Quo vadis?

Al plantear correctamente las preguntas cualquiera puede pensar en las respuestas. Por otro lado, para vencer el desaliento, hemos visto que en las peores condiciones el espíritu humano es capaz de redimirse de la miseria. Que en medio de una guerra catastrófica, creció una comunidad pacifista comandada por militares al agonizar el siglo XIX.

Ergo: todo es posible.

Alejandro Maciel.

[1] Por eso, decimos que en las cárceles se puede aprender pero no educar desgraciadamente hasta hoy en nuestro medio ya que los reclusos se enseñan entre sí las mejores técnicas delictivas y no hay programas serios del Estado (salvo excepciones) de educación en oficios para reinsertar socialmente a los condenados una vez que cumpla su pena.

jueves 15 de febrero de 2007

OBRAS INFANTO-JUVENILES



________________OBRAS INFANTO JUVENILES__________________

1) Polisapo, cuento escrito en colaboración con Augusto Roa Bastos. Editorial Servilibro, 2002. Editorial Libresa, Ecuador, 2004. Editorial Laberinto, España, 2007.
2) Polisapo en el camino, versión teatral del cuento infantil, fue puesta en escena por Equipo Teatro en el Mall Excelsior de Asunción, Paraguay en 2005 bajo la dirección de Tito García.
3) La Bruja de Oro, novela breve editada por Servilibro, 2003 y Libresa, 2004.
4) Polisapito: versión en historieta del cuento, para iniciación escolar. Editorial Servilibro, 2004.
4) La Gallina y el Dragón, Editorial Servilibro, novela corta, 2005.
5) 2o poemas de humor y una canción disparatada, en co-autorí acon Pepa Kostianovsky, editorial Servilibro, Asunción, 2005.
6) Brujerías en Carayaó, versión teatral de La Bruja de Oro con un cuento y diez poemas inffantiles, Editorial Servilibro, 2007.

EDITORIAL SERVILIBRO: (595-21) 444770
PABELLON SERAFINA DÁVALOS, PLAZA URUGUAYA, ASUNCIÓN, PARAGUAY.
http://www.servilibro.com.py

Entrevista de estudiantes a Polisapo


ENTREVISTA AL ESCRITOR ALEJANDRO MACIEL
REALIZADA POR ALUMNAS Y ALUMNOS DE LA ESCUELA "FE Y ALEGRÍA"
MAYO DE 2004, ASUNCIÓN DEL PARAGUAY ACERCA DE LAS OBRAS
"POLISAPO" Y "LA GALLINA Y EL DRAGÓN"
________________________________________________

* * * *

Natalia: ¿Cómo tuvo la idea de escribir este cuento?
A.M. Una tarde iba en el auto con un amigo a casa de don Augusto y vimos en una esquina un policía bajito y gordito y mi amigo me dijo "qué raro", yo le pregunté qué era lo raro y, señalándome al agente de policía, me explicó que en la Escuela de Policía, donde él tenía un hermano estudiando, no admiten personas bajas y gordas. De inmediato pensé en la discriminación.
Víctor: ¿Qué es eso?
A.M. Supongamos que alguien dijese "desde ahora en más no pueden entrar en esta escuela los chicos o chicas que tengan un lunar en la frente", veo que Víctor tiene un lunar en la frente, ¿no es así? Bueno, entonces desde hoy no podrías volver a clases porque yo arbitrariamente prohibí por un capricho, la entrada de personas con lunar en la frente, ¿te parece bien?
Víctor: No, no está bien.
A.M. Eso es discriminar, cuando yo separo a la gente en base a características físicas (que sean rubias o morenas o delgadas o feas o lindas) o sociales (que sean extranjeras, indígenas, de otras religiones) y les prohíbo estudiar o trabajar o convivir conmigo porque "no me gusta" tal o cual cosa. La discriminación está prohibida por nuestra Constitución nacional y nuestras leyes. No puedo prohibir a nadie estudiar, vivir, trabajar en base a su aspecto o su raza o su religión. Y si en la Escuela de Policía no permiten el ingreso de personas bajas, gorditas, están ejerciendo discriminación. Cuando llegamos a la casa de don Augusto le comenté esto e inmediatamente me dijo "Ahí está el tema para el cuento que estábamos buscando".
Lorena: ¿Por qué eligieron el sapo?
A.M. Justamente, es un animal que discriminamos por su aspecto, ¿no es verdad? Los chicos y chicas también persiguen a los sapos porque "es feo"; pero si piensan bien tampoco deberían dejarme entrar a mí a la escuela ya que no soy nada lindo. El sapo ni es feo ni es lindo, ha nacido así por un proceso de adaptación natural y además es muy útil porque nos libra de las larvas de muchos insectos dañinos, el mosquito por ejemplo. Y sin embargo, la gente rechaza al sapo por su aspecto.
Juan José: ¿Y cómo se les ocurrió la historia?
A.M. Don Augusto me dijo que podríamos empezar la historia de este sapo que quiere ser policía en algún sitio lejano del Paraguay porque así los ayudaba a ustedes a ver un mapa, conocer un poco más otros sitios de nuestro país, ver qué rutas se conectan aquí y allá, los árboles, los distintos animales que son típicos de nuestra fauna; yo tenía un cuaderno e iba anotando todo loque Roa me decía, yo agregaba algunas cosas, él se entusiasmaba y me hablaba de los bichos, del Ñacurutú, del Caracol, del Aguará que es muy pícaro.
Elisa: ¿No es una fábula entonces?
A.M. No, Elisa. Fábula es un cuento en el que los animales se comportan con defectos; nosotros tratamos de presentar a los animales con sus modos habituales. En todas las fábulas dicen que las hormigas son trabajadoras y la chicharra es haragana, eso no es verdad. Las chicharras no necesitan acumular alimentos, no es que sean haraganas. Hay que evitar a toda costa distorsionar la vida animal adjudicándole a los animales los vicios humanos. Eso es un error. Por eso Polisapo no es una fábula porque en el cuento los animales tratan de ser animales con sus propios hábitos.
Rodrigo: ¡Pero el Aguará miente!
A.M. Bueno, está bien, el Aguará miente, es verda, para reírse de Polisapo como uan forma más de la discriminación. Le dice que no puede ser policía porque es verde. Y eso es falso.
Natalia: ¿por qué escribe usted?
A.M. Querida Lorena… yo no fumo, no tomo bebidas habitualmente, no sé bailar, no me gusta el amontonamiento de gente, nunca usé drogas de ningún tipo porque sé que todas perjudican el cerebro y yo vivo de mi trabajo intelectual. No me gustan los recitales, ni las salidas a trasnochar, no me atrae ningún deporte, me aburro a los 5 minutos de empezar un partido de lo que sea, naipes, fútbol, carreras de autos… todo me aburre, no entiendo qué tiene que ver conmigo que veinte jugadores se pasen 2 horas corriendo en una cancha, eso no tiene nada que ver conmigo, no me ayuda a mejorar, no me enseña nada, siento que estoy perdiendo un tiempo maravilloso y entonces prefiero leer o escribir. Cuando leo tengo la mente ocupada y feliz, y cuando escribo espero hacer feliz a otra gente, como sutedes que me dijeron que se divierten mucho leyendo este cuentito. Estar aquí con ustedes me hace mucho bien y prefiero esto a mil partidos de fútbol.
Ernesto: ¿Piensa seguir escribiendo?
A.M. Querido Ernesto, no creo que jamás deje de leer y escribir.
Ernesto: Pero usted también es psiquiatra.
A.M. Sí, es verdad y trabajo como médico psiquiatra y soy muy serio con mi trabajo porque se trata de cuidar la salud mental de la gente. Pero cuando salgo de trabajar vuelvo a la lectura y la escritura. También me gusta el cine, en lo posible cine europeo, el cine de Hollywood me parece estúpido, cada vez más tonto. Y la TV es una gran fábrica de tonterías. Yo les recomendaría que tengan cuidado con la T.V. traten de ver lo menos que puedan porque atrofia el cerebro de la gente. En las propagandas, por ejemplo, les enseñan que para ser exitoso deben feumar y tomar cerveza. Pero no les cuentan los graves problemas de salud que trae el cigarillo y el alcohol tomado en exceso. Eso es muy peligroso. También soy periodista en Radio Ñandutí.
Marisa: ¿qué le recomienda a un alumno que quiera escribir como usted?
A.M. Que lea, que lean mucho, todo lo que caiga en sus manos, lean aunque al principio no entiendan del todo, sigan leyendo. Un autor inglés decía que para escribir una página un autor debe haber leído antes 100 libros. Acá en Paraguay se lee muy poco y esa es una de las causas de nuestros problemas. Hay que leer más, mucho más.
Gastón: ¿Quién es Miguel Pencieri?
A.M. Mi primo, él es un excelente dibujante, estudió en la escuela "Ernesto De la Cárcova" de Buenos Aires, él hizo todos los dibujos de todos los libros que publiqué con Servilibro y otras editoriales.

miércoles 14 de febrero de 2007

Entrevista al autor de LA GALLINA Y EL DRAGÓN

Las tres Parcas dibujo de Miguel Pencieri.

 
 
 
 
 
 
 

Acerca de eroxacourthes

French traveller, writer and translator, foolish of Latin Amarica!!!
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